Agosto 2022

AGOSTO 2022

(ingresos)

EL CLUB DE LOS NARRADORES

Las llamadas adicionales

Der tod un das Mädchen

VISITANTES

Ramiro Sanchiz

“Árboles en la noche”

“Creo que ustedes saben de qué estoy hablando: la noche de Federico Sthal es la 666 de las mil y una noches de Sherezade, la noche love/hate del cazador, de la iguana y la notte de Antonioni, noche oscura del alma y Los Estómagos cuando el eclipse informático, la noche de Carlos Wieder y las hermanas Garmendia, la noche Solaris que pudo inspirar a Ferdinand el largo viaje hacia su final, la del día menos pensado y The night before del 65. Los árboles de Ramiro Sanchiz alucinan Pinamar en el verano de 1988 y exorcizan The blair witch project, son el árbol Bohdi de la iluminación Shiddarta, los árboles de Valinor y el bosque reptante de Birnam, el árbol de Sleepy Hollow, de Kaulder el ultimo cazador de brujas, los doce sicomoros de Twin Peaks cantados por Jimmy Scott, el ombú clonador de niños muertos en Punta de Piedra y el ombú portal hacia la oscura ciudad de Cacodelphia en Adán Buenosayres.”

Philip K. Dick

Salirse de uno mismo: el proyecto literario de Ramiro Sanchiz.

Las imitaciones, título de una de las novelas de lo que se puede llamar el período de madurez de Ramiro Sanchiz (que comienza, probablemente, con la publicación de El orden del mundo y se extiende hasta el presente), podría bien ser el nombre de todo su proyecto literario. Reiteraciones de esa misma idea están en otros libros, como El gato y la entropía #12 & 35, en el que los números finales —tomados de la canción de Bob Dylan— suponen la existencia (aunque sea potencial) de otras posibilidades, versiones, traducciones, o en el cuento aquí publicado, “Árboles en la noche”, que conoce ya varias iteraciones. En efecto, el nombre del texto designa una serie de variaciones que han sido publicadas, según una modalidad característica del autor, en diversas publicaciones a lo largo y ancho del mundo hispanófono y que ofrecen, en distintas tonalidades, un mismo tema.

Federico Stahl funciona de este modo como máquina narrativa, como entidad jamás idéntica a sí misma, como sujeto infinitamente maleable (y por eso, en algún sentido, anti-sujeto) en un multiverso siempre en expansión. Cada una de sus aventuras (y la palabra no es azarosa) se presenta así como un instante de un movimiento no continuo, fluctuante, como copia de copia que eleva la escritura a un arte del vaciamiento, estocada final contra la psicologización agonizante. En uno de los mundos posibles, de este modo, Stahl se apaga pero solo para eclipsar al resto en otro o para irradiar sobre alguna ficción pasada, que se retoma con cambios ligeros que la muestran, para seguir con la metáfora, bajo otra luz. Esto es puesto en práctica de forma condensada, por citar un cuento, en “All Tomorrow’s Parties”, en el que el fin del mundo superpone los muchos avatares de Stahl, que se abisma ante la monstruosa percepción de sí mismo, esa vista al espejo reveladora del hueco de una cara.

Eterno protagonista, Stahl está vinculado con insistencia a algún área de la creación (es alternativa o simultáneamente músico, periodista, escritor, etc.) que Sanchiz ha recorrido, lo que posibilita, entre otras cosas, que pueda ser leído además como un alter ego del autor, o como otra variante del escritor que deambula, a su vez, en ficciones como Guitarra negra con su nombre legal y otras máscaras. Esto, sumado a las múltiples menciones a personas de existencia histórica comprobable, hace que las interconexiones entre el mundo ficticio y el otro (el nuestro, por decirle de algún modo), sean a la vez evidentes y, por su carácter ligeramente interferido, ominosas. Así, la ciudad de Ventomedio, el balneario Punta de Piedra, o personajes como Emilio Scarone, escritor sin obra, apenas ocultan sus “referentes” y provocan el deseo en el lector curioso de intentar decodificarlos, llevándolo, en este intento, a ver las oscuras lagunas que los separan de la realidad que construye el realismo y las convenciones de lo verosímil.

Es que Sanchiz se mueve empecinadamente en los márgenes (ciencia ficción, weird, horror) y lo hace a la vez como crítico (en la prensa o en su vertiente ensayística), como traductor y como narrador, estableciendo en sus libros cada vez más dichosamente híbridos un linaje de pensamiento en el que participa de modo siempre conflictivo. En ese sentido, su trabajo está cuidadosamente articulado y siempre incluye (por momentos, en gestos de deliberado homenaje o de esa forma suprema del homenaje que es la parodia) citas y comentarios sobre la tradición en la que se quiere ubicar, una tradición que devora a los clásicos modernos —Melville, Mallarmé, Proust, Joyce— y los alea con los desperdicios más deslumbrantes de la sociedad de consumo. No son extrañas, por eso, las referencias culturales, en un sentido muy general, que incluye música pop, programas de TV, videojuegos, personajes literarios, películas.

En esa fascinación por la figura del ícono, en la producción incansable y en el espíritu reiterativo y secuencial, que rehúye del ideal romántico del “artista” inspirado, Sanchiz se puede ubicar en una constelación de artistas que, desde comienzos de la modernidad, han buscado destruir los cimientos que la sostienen sirviéndose de sus propios relatos y mitos de origen. Pero es, al mismo tiempo, esta obstinada preocupación por la construcción de la memoria y sus relaciones con la ficción (evidente en novelas como Verde, por ejemplo), su búsqueda constante de una problematización del binomio de oposición relativa “cultura/naturaleza” (discutido con maestría en la por el momento inédita Un pianista de provincias), su combate contra las definiciones corrientes de lo que nos define de manera siempre provisoria como humanos y la visión y ejecución de su ambicioso proyecto literario lo que lo convierten, más allá de las taxonomías, en un autor proteico y originalísimo.*

Francisco Álvez Francese

* Una versión de este texto fue publicada en el libro Narrativa Nativa, de Agustín Acevedo Kanopa, Lucía Germano y Mauro Martella (Montevideo: Estuario, 2018).

LOS RÍOS FICTICIOS

HAGAN DE CUENTA QUE ESTOY MUERTO

“Osvaldo Molinari & Asociados” Capítulo XII a Capítulo XVI

ENSAYOS CRÍTICOS

La novela de Carlos Tomatis

NOTAS, APOSTILLAS Y ANEXOS

Comentarios actualizados a los contenidos

ARCHIVOS

El cazador Gracchus amarra en Montevideo y Mi primer Felisberto (diario de la obras) / La primera Cartografía original / Biblioteca musical / Índice general del año Uno de La Coquette / Fichero de Programaciones mensuales desde Abril 2020.

NOVENA BANDA DE AUDIO DE LA COQUETTE

Chico Buarque / “Vai passar” de Chico Buarque y Francis Hime.

Cecilia Bartoli / “Agitada de due venti” de la ópera “Griselda” de Antonio Vivaldi.

Ava Gardner, Ellen Wilson, Dich Hayme / “Speak low” de Kurt Weill y Odgen Nash.

Julián Centeya / “Eduardo Arolas” de Julián Centeya.

Heart / “Stairway to heaven” de Jimmy Page y Robert Plant.

Ramona Galarza / “Trasnochados espineles” de Alberto “Cholo” Aguirre.

Stephan Grappelli / “Nuages” de Django Reinhardt

Juliette Gréco / “La javanaise” de Serge Gainsbourg.

Electric Light Orchestra / “Last train to London” de Jeff Lynne.

Carlos Benavides / “Como un jazmín del país” de Washington y Carlos Benavides.

Rita Pavone / “Che m’ importa del mondo” de Franco Magliacci y Luiz Bacalov.

Julio 2022

JULIO 2022

(ingresos)

EL CLUB DE LOS NARRADORES

La tele de Babel

Lola de Lodz

VISITANTES

Guillermo Álvarez Castro

Tres cuentos de “Pequeña música nocturna” y el prólogo de Mercedes Estramil

Ocho años antes hubo un libro en edición mimeógrafo, pero fue a los 35 años que el nombre y la prosa de Guillermo Álvarez Castro se hicieron conocer. Con la novela “Canción de Severino”, ganó en 1985 el concurso de la 26 Feria Nacional de Libros y Grabados. La esquina de Rivera y Bulevar -antigua casona de Baldomir- era una fiesta aquel mes de diciembre y estábamos todos en la primera Feria después de los años verdes; euforia manifiesta por la salida negociada de una pesadilla colectiva, había avidez por leer las novedades y negociar artesanías, se veían rostros marcados de todos los horizontes, en tanto circulaba cierta inquietante extrañeza. Los dedos sonaban como nuevos dentro del cubilete, había que hacer cola en el despacho de bebidas, se hacían planes para el verano del 86 y maliciábamos que otras aguas bajaban turbias: nada sería como antes.

Después de esa salida ganadora, Guillermo siguió escribiendo cuando sentía que tenía algo para decir y como buen escritor uruguayo fue publicando salteado; igual tiene algunos logros codiciados a destacar. Emulando a los admirados Spencer Tracy, Gary Cooper y Marlon Brando que recibieron dos veces la estatuilla Oscar, él ganó dos veces el premio de lectores de Banda Oriental. Primero en 2008 y más cerca de nosotros en el año 2021 con “Pequeña música nocturna”, de dónde provienen los relatos presentados en La Coquette; de paso, agradecemos a la gente de la calle Gaboto la autorización a reproducir los textos. Ese concurso siempre renovado, sigue siendo la mejor oportunidad para darse a conocer que tenemos los escritores uruguayos, desde el año 1969 cuando Omar Prego Gadea ganó el primer llamado con “Los dientes del viento”

Del libro casi todo está dicho en el estupendo prólogo de Mercedes Estramil, cuya empatía de tertuliana de los lunes se asocia a una mirada crítica certera -dueña versada en ardides narrativos- sobre la tribu familiar desmembrada y la perpleja vanidad masculina cuando acechan los cuarteles de invierno: “Quedarse en la puerta, por ejemplo, que el libro retrata el mundo de los afectos, dividido acaso en tres o cuatro categorías: las relaciones de pareja, la relación abuelo – nieto, padres – hijos, y quizá (allá al fondo) un bestiario que reclama simbólicamente su lugar en el corazón de los protagonistas, animales también, cargados de instinto.” Es así en los tres cuentos seleccionados, donde vemos obrando la dialéctica de la Historia pasando por encima de seres malogrados, criaturas indefensas a la intemperie en medio del temporal. Hoy un juramento y mañana una traición ya no sólo entre estudiantes, mujeres que se buscan a tientas y rescoldos varoniles en peones rurales, el picado entre un clone mancado de Lev Yashin y el abuelo del Nico que nunca pudo ser Pedro Virgilio Rocha, una excursión al norte de Comala para abrir los portales acuáticos al más allá.

Hay algo en el conjunto del tango “Desencuentro” cantado por Elba Berón, como también puede leerse en la novela “Amparo y el galope de los caballos muertos” (2020): “Cuando Sánchez fue detenido por primera vez, los tatuajes eran propios de marinos -anclas, nombres de mujer- o la gente del bajo o de la cárcel, no de mujeres como aquella.” Quienes tuvimos la felicidad de leer su novela “Celebración”, podemos agregar algunas pistas explotables sin confirmación oficial. Se dice o comenta sin levantar la voz, que tiene Guillermo algo de bohemio por el lado Montevideo Wanderers, lecturas fundadoras de “El hijo” de Horacio Quiroga, una poética del árbol traslúcido in progress, desembarcó en la capital el año 55 por el lado de Punta de las Carretas, pasó la educación sentimental entre parientas, vecinas y comadres, como Carlos Lyra tiene influencia del jazz sublimando el cometa Cab Calloway en los carnavales de 1951. La infancia era el paraíso perdido pues nadie estaba muerto, con los libros de otros aventureros escritores uno puede armar su propia memoria viva escuchando baladas de Frankie Laine y toda familia tiene su buhardilla de secretos que huelen como Dinamarca. Fue así, porque los porrazos del aprendizaje sucedieron entre Maracaná y la revolución cubana, la caída de Perón en la plaza de Mayo y el Partido Nacional llegando al poder, el estreno de “A la hora señalada” de 1954 y las inundaciones del río Uruguay. Fueron años de cercos y glicinas, de Grimoldi la marca del medio punto, del gallego Walter Taibo bajo los tres palos, La Mañana y El Diario voceados en veredas de la calle Ellauri y Dogomar con 24 abriles, subiendo al ring del Luna Park a fajarse con el moreno Archie Moore. ¿Fue en 1949 que se fundó El Galpón?

LOS RÍOS FICTICIOS

HAGAN DE CUENTA QUE ESTOY MUERTO

“Osvaldo Molinari & Asociados” Capítulo VII a Capítulo XI

LIBRERÍA LAS NUBES

Pablo Silva Olazábal
Discurso ante la Academia
Ficha 7
“La vida amorosa de Telonius Monk”

El pasado 15 de junio la Academia Nacional de Letras otorgó al programa radial La Máquina de Pensar (Radio Cultura 1290AM) el Premio Día Nacional del Libro, una distinción que se brinda desde 2007 a los defensores del libro y que ha premiado a personalidades como Nancy Bacelo, Heber Raviolo o Eduardo Galeano. El siguiente es el discurso de aceptación que leyó Pablo Silva Olazábal.

Una conversación colectiva y secreta

Sr. Presidente de la Academia Nacional de Letras, Señores Académicos, Señoras y Señores, amigos y familiares

Es para mí un honor estar hoy en esta casa, que me gusta pensar es del pensamiento, y mucho más por este motivo. No sé si La Máquina de Pensar se merece este premio, pero sí sé que, en nombre del equipo que hacemos el programa, que me pone muy contento recibirlo. En estos días no han parado de llegar saludos y cariños de mucha gente, incluso desde fuera del país, y no todos uruguayos. Es una señal, pienso yo, de la importancia que tiene la Academia Nacional de Letras.

Hace unas semanas, en España, en una terraza de Parque del Oeste, bajo el calor de la primavera de Madrid, el poeta Jordi Doce me decía algo que comparto: la literatura es una conversación; una conversación que el libro mantiene no solo con el lector sino con todo el sistema literario: críticos, comentaristas, editores, académicos, periodistas, libreros, docentes, estudiantes y un largo etcétera. Hace unos días Roberto Appratto agregaba que antes de esa conversación hay un diálogo previo, y es el que el autor mantiene consigo mismo, o con la obra, mientras la escribe o intenta escribirla. La circulación de los libros es entonces eso: una conversación colectiva y secreta que se produce la mayor parte de las veces en silencio, o en círculos restringidos, pero que es necesaria no solo para la buena salud de literatura, sino también para toda la sociedad en su conjunto. Si perdemos de vista que los graves problemas de seguridad ciudadana que hoy atraviesa nuestro país tienen bases culturales y por tanto son (también) un problema cultural que debe ser encarado culturalmente, es difícil que logremos avanzar en soluciones significativas. Los libros, más allá de su calidad, representan la complejidad y la violencia siempre es lo contrario, el atajo y la simplificación brutal. El libro brinda esa complejidad porque es un soporte y una tecnología que exige un esfuerzo cognitivo especial del lector. Frente a él hay que tener un papel más activo que, por ejemplo, cuando estamos frente a una pantalla. No es lo mismo recibir una bella imagen con una exquisita banda sonora que crearla en el silencio mental más absoluto y con los únicos recursos que tenemos dentro del teatro de nuestra mente, todo esto partiendo solo de signos, de letras, de palabras. Se requiere un esfuerzo, claro, y es necesaria una disposición, incluso una actitud corporal. Cuesta más, pero por eso mismo la recompensa puede ser mayor: la imagen que logramos es única y nuestra porque es personal.

Estamos en momentos de profundos cambios civilizatorios donde, siguiendo la frase célebre del siglo XIX, todo lo sólido parece desvanecerse en el aire. Todo está en cuestión. En un libro reciente que el pensador español Jesús García Cívico me obsequió en Valencia, se cita al gran crítico George Steiner, quien en el año 2001 sostuvo, en un curso de Harvard, lo siguiente: “yo describiría nuestra época como la era de la irreverencia. (…) La admiración, y mucho más la veneración, se ha quedado anticuada. Somos adictos a la envidia, a la denigración, a la nivelación por abajo”. No sé si suscribo estas palabras tan duras de Steiner, pero el panorama que describe el libro de García Cívico parece claro: hay relativismo extremo, crisis de autoridad y declive de las jerarquías tradicionales que están dando paso a una nueva horizontalidad, donde (sic) “los sentimientos se exacerban y no solo preceden a las razones sino que también las sustituyen”.

Por cierto, el libro se llama Ficciones, las justas (Ed. Contrabando) y aborda distintos aspectos de la cultura de la cancelación; en él se cita el caso de Edison Cavani y se hace especial mención a la intervención que realizó en su momento la Academia Nacional de Letras sobre este tema, aclarando que “negrito” no es, en el contexto uruguayo, una palabra racista (el amigo aludido por Cavani ni siquiera era negro). Jordi Doce me comentaba en esa charla que otra clase de atajos ha empezado a aparecer en el mundo del libro, increíblemente en el ámbito de la poesía, y que proviene de las cada vez más poderosas redes sociales (que son, hay que tenerlo presente, un instrumento, un medio, y no el eje del mal). Mencionó varios ejemplos de España donde poetas han ganado concursos gracias a que cuentan con centenares de miles de seguidores en las redes. (El premio Espasa de poesía 2020 fue para un poeta venezolano que tiene casi 800.000 seguidores en Twitter). 

Pienso que esto de por sí no es malo, son otros sitios desde donde crear y difundir poesía, pero siempre y cuando se continúe, aunque sea desde otro lado, la conversación que el libro mantiene con el sistema literario para su circulación y asimilación social. El peligro puede aparecer si el autor cree que puede sustituir esa charla hablando directamente con los lectores. Es algo parecido a lo que afirman los líderes populistas, cuando sostienen que ellos hablan directamente con la gente, y no necesitan la intermediación de ningún sistema representativo. Cuando se habla directamente con la gente no hay diálogo sino algo muy parecido al monólogo. Y otra vez, el peligro está en que la larga conversación que genera la literatura comience a debilitarse.

Vivimos tiempos de aceleración y de dispersión, que atentan no sé si contra el libro, pero sí contra un modo de leer. El poeta uruguayo Eduardo Espina sostiene en su último libro de ensayo, que se llama Libro albedrío, que a los estudiantes universitarios de EE. UU y de China les cuesta cada vez más concentrarse en una sola novela. Se trata de estudiantes de letras, especializados, que no recuerdan los nombres de todos los personajes, por la dispersión mental a la que están habituados. Vivimos tiempos de personas que leen todo el día, pero nunca libros. Este modo de leer, dice Espina, deslizante, sincopado y saltarín, puede ser bueno para la poesía, pero es mortal para la narrativa. Frente a estas incertidumbres y otras más, que no hay otra postura que la de sostener porfiadamente la necesidad de llevar a cabo la conversación literaria, abriendo espacios para que continúe y se practique constantemente.

Los medios de comunicación, en particular la radio, han tenido desde siempre un papel relevante en esta charla. En la actualidad, salvo honrosas y por suerte conocidas excepciones, parece predominar en las radios privadas la apertura hacia el entretenimiento y el espectáculo como si fueran los únicos sectores de la cultura, cuando no lo son. En este sentido las radios de los Medios Públicos cumplen una labor indispensable para alimentar esa larga conversación que necesita el libro. Los posibles méritos que pueda tener La Máquina de Pensar durante estos doce años de permanencia en el aire, no se pueden explicar si no fueran porque está incluida y albergada en otro proyecto mayor, los Medios Públicos, que antes llamábamos las antiguas radios del Sodre, un proyecto que se modernizó cuando pasó a llamarse Radio Uruguay junto a las demás emisoras, y que continúa hasta hoy. Desde setiembre del año pasado La Máquina de Pensar está en Radio Cultura, un nuevo proyecto coordinado por Gustavo Rey, un hombre de larga trayectoria en los medios y con sensibilidad artística; este proyecto intenta ser una fuerte apuesta que contraviene la tendencia predominante en el espectro radial. Programas como El Tungue LéEfecto Mariposa o nuevas propuestas (dentro de los Medios Públicos) como La canoa o Serendipia, por mencionar solo algunos programas, apuntan y apuntalan una tradición que debería fortalecerse y renovarse llegando a todos los rincones del país y no solo a Montevideo. Pienso que este premio los incluye a todos, igual que incluye a los trabajadores de los Medios Públicos que hacen posible el viejo milagro de la comunicación. En especial tengo que mencionar a Carolina de Cuadro, la productora con la que planificamos día a día la programación, y también a los 41 columnistas, casi todos escritores, que a lo largo de estos doce años han colaborado para La Máquina de Pensar sea lo que es: un agradable espacio de conversación.

Antes de terminar quiero compartir un recuerdo personal, evocar a un oyente muy especial, el periodista y escritor Andrés Capelán, un amigo que se puso al hombro la tarea de crear primero el blog de La Máquina de Pensar, que hoy tiene más de medio millón de visitas y más tarde el canal de Youtube de La Máquina, con casi 1.600 suscriptores. De manera honoraria y exclusivamente por amor a la cultura, Andrés dedicó los últimos años de su vida a trabajar en este objetivo. Llegó a subir él solo a Youtube todos los programas que van desde 2010 al 2018, hasta que murió en 2019. Estoy seguro que le hubiera encantado estar acá y ver este premio, del que quiero pensar que no es más que otro momento, y perdonen que sea tan repetitivo, un momento feliz, en una conversación que nos ha precedido y que seguirá y continuará mucho tiempo después de que todos nos hayamos ido. Muchas gracias 

Pablo Silva Olazábal / 15 de junio de 2022.

ASTILLERO

El arte de comparar
(bello como las rodillas de Isidore Ducasse)

III) Las torres de Babel

NOTAS, APOSTILLAS Y ANEXOS

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NOVENA BANDA DE AUDIO DE LA COQUETTE

Chico Buarque / “Vai passar” de Chico Buarque y Francis Hime.

Cecilia Bartoli / “Agitada de due venti” de la ópera “Griselda” de Antonio Vivaldi.

Ava Gardner, Ellen Wilson, Dich Hayme / “Speak low” de Kurt Weill y Odgen Nash.

Julián Centeya / “Eduardo Arolas” de Julián Centeya.

Heart / “Stairway to heaven” de Jimmy Page y Robert Plant.

Ramona Galarza / “Trasnochados espineles” de Alberto “Cholo” Aguirre.

Stephan Grappelli / “Nuages” de Django Reinhardt

Juliette Gréco / “La javanaise” de Serge Gainsbourg.

Electric Light Orchestra / “Last train to London” de Jeff Lynne.

Carlos Benavides / “Como un jazmín del país” de Washington y Carlos Benavides.

Rita Pavone / “Che m’ importa del mondo” de Franco Magliacci y Luiz Bacalov.

Junio 2022

JUNIO 2022

(ingresos)

EL CLUB DE LOS NARRADORES

Flash-Back

Post Scriptum

VISITANTES

Juan Introini

“El jarrón” / “Descartes” /

2 fragmentos de “La tumba”

En algunos casos, la conocida figura del iceberg relativa a los cuentos puede aplicarse a determinados escritores, lo mismo que la distinción borgeana entre obra visible e invisible. Juan Introini nació en Montevideo en 1948, creció en el barrio Reducto y vivió gran de su vida en la Roma Antigua; fue alumno de Vicente O. Cicalese en las declinaciones dominus, domini, domine, dominum… hermano de adopción del querido Jorge Cuinat y del poeta Alfredo Fressia. Falleció hace casi diez años en el año 2013 y la nostalgia con ediciones Les Belles Lettres del Uruguay literario lo echa de menos.

Juan tenía una secreta aspiración a la belleza clásica y fascinación recurrente por personajes desclasados, dudas porfiadas entre el mandato con águila del Imperium Romanum y la proximidad de la masa en mercados o ferias, que interrogaba Publio Virgilio Marón -nacido en Andes, y calle cerca del mare nostrum donde Introini supo levantar campamento con sus legiones- al comienzo de la novela de Hermann Broch. Tenía una agradable conversación de ágora y siendo latinista dominaba los orígenes de nuestra lengua que suponemos sin historia, sabía que la construcción del hombre nuevo es una aspiración tan vieja como las tribus del Latium; sobre las tesis relativas a la decadencia de la modernidad, marcaba la distancia sarcástica de quien leyó a Edward Gibbon y Theodor Mommsen. Durante su sesenta y cinco años de existencia Introini fue licenciado de la Facultad de Humanidades, Filólogo, Egresado del Ipa en literatura, latinista, dirigió el departamento de Filología Clásica, traductor de Séneca entre otros, académico. Se lo veía seguido en la confitería Carrera a la hora del almuerzo y en el Sorocabana a cualquier hora; supo amar cives y plebeyas, patricias y libertas, poetisas con quienes conversar en el triclinio sobre su pasión predominante que fue la escritura.

El escritor Introini publicó tres libros de cuentos, “El intruso” (1989), “La llave de plata” (1995) y “Enmascarado” (2007) y dos novelas: “La tumba” (2002) y “El canto de los alacranes” (2013). De todo ese mundo trata la exégesis de Oscar Brando, que glosa la selección de textos de Introni presentes en La Coquette en junio MMXXII.  Su obra narrativa es portadora de conspiraciones apropiadas a los idus de marzo, le reveló el genius loci a boliches de atardeceres montevideanos, supo que no hay Roma eterna sin inframundos entre los ríos Aqueronte y Estigio, mientras algunas almas insumisas -durante la travesía sin retorno- escandalizan la barca de Caronte; para entender la rareza de sus personajes, más que los estudios de género habría que leer a Petronio, rebobinar el Satyricon de Federico Fellini con sus distorsiones anatómicas del hombre de Vitruvio. Dejó las cosas claras en su discurso de ingreso a la Academia Nacional del 1° de octubre del 2012: “La inmersión en una cultura tan antigua, como la grecolatina, supone un viaje no meramente erudito, no meramente hedonista de un modo “light” (tal como estamos acostumbrados en muchas formas de la cultura actual), sino un viaje hacia una belleza profunda y también hacia el horror que late en el fondo de la condición humana.”

Oscar Brando

“Genio y figura: la narrativa de Juan Introini”

Oscar Brando retorna al karaoke de La Coquette, lo que puede parecer casualidad y no tanto. La obra literaria escrita siendo medular es breve de no haber un aparato crítico social que la sustente; a veces, ese salto lo dan los docentes de literatura mediante la investigación, como ocurrió aquí mismo en abril 22 cuando se juntaron Cristina Peri Rossi y Néstor Sanguinetti. Para las nuevas generaciones de escritores, Brando cumple la tarea de nexo y legitimación que antes se llamaba Ángel Rama, Raviolo reinando en la calle Gaboto, Rodríguez Monegal, Graciela Mántaras, Hugo García Robles. La literatura uruguaya es mejor cuando se escuchan las voces de Augusto Bonardo en “La gente”, las presentaciones de Hugo Castillo, “Café negro” de Mario Delgado Aparaín, “La habitación china” de Carlos Reherman y ahora “La máquina de pensar” de Pablo Silva Olazábal. La labor de Brando se inscribe en la tradición plural de la crítica uruguaya; estuvo cerca de las grandes editoriales del auge del siglo pasado y se lo veía en Arca -allá abajo en la calle Andes, a una cuadra de donde vivió Introni- preparando galeras de diccionarios y poemas de Benedetti. Siempre estuvo presente en mesas redondas como escucha y en presentaciones de libros tomando la palabra; a la labor docente le sumó la tarea crítica en sus dos vertientes: de salida en caliente, dando cuenta del presente de la ciudad letrada y la de ensayista de largo aliento, como bien lo saben los lectores de Saer y Morosoli. Fue editor él mismo con el sello “El caballo perdido” donde Introni sumó dos títulos al catálogo.

A Juan lo conoció de la vuelta urbana y por amigos comunes, lo editó porque sus libros salidos de Tradinco son pruebas de amistad; conversaron aquel viernes 2 de agosto del año 2002 de helicópteros sobre Montevideo e inolvidable para todos los que estábamos esa noche en la casa de Carina y Oscar. Escribió sobre Juan un largo ensayo -aquí reproducido- y quizá la mejor entrada a su obra de ficción, comunicación leída en el congreso de APLU -asociación de profesores de literatura del Uruguay- del 2014 dedicado a “Literaturas infernales”. Ante una obra no tan breve como aparente y minada de incitación a lecturas paralelas, Brando se aplicó a la tarea de organizar su red intertextual, el catálogo temático freudiano, arsenal de estrategias narrativas, apuntes de mundos paralelos, diagnóstico de obsesiones, transgresiones del orden espacio temporal tan presentes en la obra de Juan e intentos prudentes pero audaces de explicación de texto. Resalta el arrabal de mundos cerrados autosuficientes y patologías amenazantes, que tienen por misión de vida forzar la realidad escenificando las peores pesadillas. Los inframundos uruguayos están a la vuelta de la esquina nos advierten el escritor y su exégeta; alcanza con despertar torcido en el medio del camino de la vida en una selva oscura -la calle Yaguarón, la cartografía Sandy Mac de mostradores, el ars amandi de muchachas perturbadas o la confusión axiológica pueden ser las tales selvas- y hallar un guía sin bautizo que indique el itinerario del viernes santo. En la comedia de Introini, el Purgatorio es un tercer reino incontestable, ante el Paraíso son mucho los llamados y pocos los elegidos; para acceder al Infierno con los ojos abiertos, en cambio, es suficiente con haber vivido, explorado la noche, frecuentado tertulias cargadas y haber traducido un verso invisible, flotando en la puerta del Mincho Bar, cuando aún existía en la calle Yi 1390: Lasciate ogne speranza, voi ch’entrate.

LOS RÍOS FICTICIOS

HAGAN DE CUENTA QUE ESTOY MUERTO

“Osvaldo Molinari & Asociados” Capítulo I a Capítulo VI

LIBRERÍA LAS NUBES

Ingrid Tempel

“Escribir lejos”

Ingrid Tempel nació en Montevideo y reside en París; fue de las primeras visitantes de La Coquette en su condición de poeta y hoy se instala en la librería Las Nubes con un libro de relatos en su más reciente configuración. La suya es una historia frecuente de mujer uruguaya hasta los veintiséis años, cuando comenzó la experiencia del exilio; por entonces estaba casada con Pancho Graells, artista y caricaturista de medios de izquierda. Marcha, De Frente, otras publicaciones del humor opinando como La Balota y que adquirió notoriedad -si nuestra memoria está en lo cierto- con una adaptación de El Reyecito a la figura de Jorge “el bocha” Pacheco Areco: ya por entonces el trazo caricatural sobre papel tenía consecuencias. Primero fueron dos años en Buenos aires, el viaje al exilio siguió con una estadía de ocho años en Caracas (donde Pancho había nacido en 1944 y tenía familia) y luego desde 1983 la decisión París. A la historia de la escritora periodista la precede la crónica de la familia. Ingrid es hija de Iry Tempel, judío polaco y únicos sobrevivientes junto con su hermano Herman, de una familia devastada durante el Holocausto; luego fue la bifurcación obligada de los hermanos. Herman viajó a París: “Durante la segunda guerra mundial mi tío Herman Tempel viajó a Londres y se enroló con las Fuerzas Francesas Libres de De Gaulle, a las cuales acompañó como médico”. Iry emigró a Montevideo donde formó familia. “Mi madre, Anita Kaufman, era judía alemana. No pudo hacer estudios debido al antisemitismo. Trabajaba en la casa del embajador de Paraguay en Berlín, el general Schenoni. El embajador adoptó a mi madre y le dio pasaportes paraguayos para que pudiera escapar con su hermana (mi tía Mary) y sus padres, creo que en 1942.” Los viajes como presagio y fatalidad, el mandato de hablar de la familia y contar lo visto comenzó para Tempel antes del golpe de estado; siguió luego en las horas hurtadas al periodismo en el servicio para América Latina y España de la agencia France-Presse, donde trabajó hasta hace pocos años. “Los poemas, los cuentos y las novelas se convierten entonces en el instrumento de mi supervivencia; la escritora deja de ser una turista para analizar, a la luz de la Historia, los acontecimientos del país donde vive o las ciudades que visita.”

En prosa Ingrid publicó las novelas “Mueca ante un espejo oscuro” (2010) y “Maia en la ausencia” (2016), además de estar presentes en varias antologías. Los relatos de “Escribir lejos” dan cuenta de las travesías referidas; asumiendo itinerarios dispares conectados como los vuelos en la narrativa. Uno orientado a otros ámbitos y contextos de los del lugar de origen; otro al laberinto de la familia, dudando sobre qué camino emprender, buscando en cada texto la salida si ello fuera posible, con el hilo narrativo en una mano para evitar perderse como los ancestros, topando despojos de los sacrificados en el avance y el temor presentido de comprobar si la criatura del centro tendrá apariencia similar al monstruo rondando las pesadillas. “Los cuentos fueron escritos en el exilio mientras, como muchos escritores, daba la prioridad a mi familia, a la necesidad de tener un trabajo remunerado y estable. Pero esas migraciones y lecturas, así como los viajes, enriquecen también el contenido de mi obra.”

ASTILLERO

El arte de comparar
(bello como las rodillas de Isidore Ducasse)

I) A manera de prólogo
II) Señores, hagan juego

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NOVENA BANDA DE AUDIO DE LA COQUETTE

Chico Buarque / “Vai passar” de Chico Buarque y Francis Hime.

Cecilia Bartoli / “Agitada de due venti” de la ópera “Griselda” de Antonio Vivaldi.

Ava Gardner, Ellen Wilson, Dich Hayme / “Speak low” de Kurt Weill y Odgen Nash.

Julián Centeya / “Eduardo Arolas” de Julián Centeya.

Heart / “Stairway to heaven” de Jimmy Page y Robert Plant.

Ramona Galarza / “Trasnochados espineles” de Alberto “Cholo” Aguirre.

Stephan Grappelli / “Nuages” de Django Reinhardt

Juliette Gréco / “La javanaise” de Serge Gainsbourg.

Electric Light Orchestra / “Last train to London” de Jeff Lynne.

Carlos Benavides / “Como un jazmín del país” de Washington y Carlos Benavides.

Rita Pavone / “Che m’ importa del mondo” de Franco Magliacci y Luiz Bacalov.

Mayo 2022

MAYO 2022

(ingresos)

EL CLUB DE LOS NARRADORES

ASA / Saint-Nazaire

VISITANTES

Salvador Bécquer Puig

Tendríamos que redimir otra manera de considerar los cursores del tiempo colectivo reordenando efemérides; como ello parece al presente improbable, debemos plegarnos con porfía a la convivencia de calendarios paralelos, parciales y que afectan a pocos. Para quienes aún se interesan por la escritura y pertenecen al círculo de poetas desaparecidos, el 3 de marzo de 2009 fue un día desconcertante: murió el poeta Salvador Puig y sucedía la transmigración del cuerpo a los textos. Su viaje lo emprendió setenta años antes, con augurios en los astros que marcaban un destino a la usanza de trovadores provenzales. Salvador Bécquer -el segundo nombre es parte de los indicios- nació en 1939, uno de los años más uruguayos del calendario gregoriano: publicación de “El pozo” de Onetti, primera vuelta ciclista del Uruguay y episodio cósmico del acorazado de bolsillo Graf Spee.  Luego de años de infancia y peregrinación adolescente se diseña su biografía específica; varón de camisa blanca y corbata, buena facha, sonrisa robadora y aquerenciado en el país porque así debía ser. Una vida con anécdotas salteadas sobreviviendo en el periodismo, la locución y la estremecedora intuición de que todo debía aventurarse al servicio sacrificial de la poesía. Nunca sabremos si alcanzó el sueño de la infancia, que siempre se aleja del presente como el endecasílabo del horizonte; de ahí debe derivar la obstinación de la herida absurda discepoliana en sus estaciones. En el intento discreto por durar -como diría su amigo Juan Carlos Macedo- está la poesía, que dice del amor, la amistad, la historia y quizá más de la poesía misma.

Puig dio cuenta de su pasaje por la vida y ello tiene algo de admirable; era una voz doble oral y escrita, se lo podía ver cada día recorriendo las calles céntricas de Montevideo como pez en el agua, en algunos cafés silencioso pensando la variante montevideana del “Howl” de Allen Ginsberg, en los estudios de grabación -entresuelo del Palacio Salvo- como locutor soñando acaso con Apollinaire y Paul Celan leyendo ante un micrófono, ambos enajenados por el puente Mirabeau que lleva al tercer reino. Le escribió a Hernán Puig, pues un poeta debe decir sus coplas a la muerte del padre; se advierte en sus versos la nostalgia clásica a lo Eliot y Pound, un saberse montevideano en tránsito como Laforgue, cierto evocar la bohemia novecentista del divino Julito, sentir a lo alemán la espina romántica, entonar himnos a la noche, buscar la playa que nos recuerde a Duino, tomarse una con Bob Dylan y Dylan Thomas. Demasiada responsabilidad eso de leer a tantos desesperados siendo al tiempo uno irrepetible sabiendo que la lucha es cruel y es mucha. Isidore Ducasse ya había pagado el precio fuerte de nacer uruguayo, su proyecto obsesivo y discreto Puig lo cargó hasta el tramo final por aquello de hacer camino al andar. Tampoco era sencillo ser el Paris varonil en La Coquette y elegir con la manzana de la discordia entre diosas amazónicas de la poesía uruguaya:

SI TUVIERA QUE APOSTAR
lo haría
por la poesía

dejó dicho o ser la voz órfica para ir a buscarla a Erato siempre tan huidiza, aunque haya que abrir las puertas del Infierno si fuera necesario. Desde sus primeros principios Salvador fue amigo de Alfredo Zitarrosa, que entonó “es que la gola se va… y la fama es puro cuento…” -con las cuerdas de Labrín, Amaya, Porcel y del Prado-; presentó en Montevideo a Nat King Cole cuando cantó “Stardust” y el polvo estrellas de Alabama cayó sobre nosotros.

Rosario Peyrú seleccionó los poemas subidos al sitio y Alicia Migdal autorizó retomar su cronología.

Alicia Migdal

Alicia Midgal entre otras muchas cosas, es egresada del IPA en literatura; antes cruzó el charco: “Sola por Buenos Aires, a los catorce años, en una confitería de Corrientes y San Martín, por los mismos meses que Eichmann era juzgado y estaba a punto de ser ahorcado en Jerusalén después de su existencia clandestina en el sur de Borges y Perón.” Luego fue crítica de cine en aquellos años apagados, responsable de culturales en La Semana, el suplemento tan esperado que salía los sábados con El Dia. Desde 1981 – “Mascarones”, editado por Arca- escribió varios libros, conoce a fondo la biografía de Kafka de Reiner Stach y la iconografía praguense de Klaus Wagenbach, tiene su propia versión del Odradek y le gusta escuchar Speak Low de Kurt Weill; puede si lo decide recitar a Baudelaire:

Comme un vaisseau qui prend le large,
Et dans mon cœur qu’ils soûleront
Tes chers sanglants retentiront
Comme un tambour qui bat la charge !

Una temporada hace unos quince años, ella hizo un alto en sus historias de cuartos y cuerpos para hacer hablar y escuchar al poeta Salvador Puig sobre sus cosas. Rearmó paciente, mediante entrevistas y notas una cronología íntima, sentimental y literaria del autor de “Lugar a dudas”. En tanto aguardamos nuestros Stach orientales y refutando la amnesia definitiva, su trabajo reeditado en este mayo 2022 es gesto de amistad entre poetas, calendario de recordación colectiva, por si la ciudad sin nombre olvida dialogar con las voces idas.

LOS RÍOS FICTICIOS

HAGAN DE CUENTA QUE ESTOY MUERTO

“Brignogan-Plages”

LIBRERÍA LAS NUBES

Hugo Burel

“Variaciones sobre Hemingway”

Hugo Burel nació en marzo de 1951 del lado de Aries, publicó por el momento algo así como cuatro libros de relatos y diecinueve novelas, ganó varios premios entre ellos el Lengua de Trapo con “El guerrero del crepúsculo” y “El corredor nocturno” fue llevada al cine en 2009 con la dirección de Gerardo Herrero. Con el autor festejamos la salida de su primer libro de relatos “Esperando a la pianista” -allá por el 1983- con un almuerzo en el bar Jauja de la calle Bartolomé Mitre de la Ciudad Vieja. Cuarenta años más tarde, celebramos la salida de “Variaciones sobre Hemingway” en La Coquette que atesora el gusto infinito del Gin Fizz del Jauja y para la ocasión Hugo escribió lo que sigue:

Entre mis autores de referencia permanente hay tres muy importantes que admiro por distintas razones: Franz Kafka, Jorge Luis Borges y Ernest Hemingway. Los dos primeros se parecen en varios aspectos: la excelsa calidad de su escritura, la imaginación al servicio de ella y una vida exenta de ribetes sensacionales o épicos. Además, son para mí los dos más grandes escritores del siglo XX.

En otro registro, Hemingway representa otro tipo de autor, si se quiere más “realista” que los otros y dotado de una prosa poderosa, directa y seca, acorde con los postulados de la famosa teoría del iceberg que el escritor ha enunciado: una obra debe mostrar un décimo de lo que contiene, los otros nueve están sumergidos y deben ser percibidos sin ser enunciados. Hemingway creía que el significado más profundo de una historia no debería ser evidente en la superficie, sino que debería brillar implícitamente. A eso se suma que la vida de Hemingway es en sí misma una trama paralela a lo que escribió, la cual alimentó bastante su obra de ficción.

Hemingway es el paradigma del escritor famoso no solo por su obra sino por el personaje que hizo de sí mismo y que muchas veces lo antecedió o sustituyó en exceso. El autor nacido en Oak Park Illinois en 1899, puso fin a su vida de un escopetazo en Ketchum, Idaho, el 2 de julio de 1961. Un final acorde a su costado violento y aventurero, al cazador en África, al chofer de ambulancia o corresponsal en dos guerras mundiales y al depresivo que fue al final de su agitada existencia. Si bien siempre disfruté del escritor, reconozco que el personaje me atrajo y lo he visto como una especie de héroe de la literatura. También he aborrecido esa sobreexposición que en una época sin la cobertura mediática que hoy existe, a veces fue excesiva. A partir de esos sentimientos encontrados fue que me propuse escribir sobre Hemingway un tríptico que expresara mi admiración sin caer en los estereotipos ni en la sobada actitud del fan incondicional.

El proyecto se me presentó e inició cuando en un seminario organizado por un colectivo publicitario a propósito de escritura y redacción, seleccioné un cuento de Hemingway para que lo analizáramos con el grupo de jóvenes inscripto. Esa experiencia la recojo en el primero de los cuentos, Gato bajo la lluvia, precisamente el cuento de Hemingway elegido. Con ciertas licencias, lo que allí cuento es real y expresa el rescate de un Hemingway desconocido e ignorado por esos jóvenes.

Cuando ya había terminado ese cuento, en una búsqueda de internet vi una foto que parecía producto de una pesadilla: cerca de 60 individuos que imitaban a Hemingway en el parecido y vestimenta posaban juntos y arracimados en la imagen. La misma pertenecía a uno de los varios concursos que se realizan en el mundo para encontrar sosías de Hem. En el centro de ese grupo estaba el ganador, es decir, el más parecido, sosteniendo una copa. Ese absurdo muestrario de imitadores me dio la idea para el siguiente cuento, El doble, con el cual quise indagar en la búsqueda absurda del parecido con el escritor, sin importar si cada imitador lo ha leído o está interesado por la obra de quien imita. Obviamente, es el único autor que conozco que es imitado en lo exterior a esos límites con certámenes en Florida, La Habana o Pamplona. Creo que la peripecia del protagonista Merryl es el anti homenaje contra el personaje Hemingway sin rozar en absoluto al autor.

Después de escribir sobre la ignorancia y el olvido y transitar el surrealista mundo de la imitación, sentí que necesitaba un tercer relato que de alguna manera pusiera las cosas en su sitio y expresara mi homenaje personal, de escritor a escritor. Es así que concebí La última noche del cazador como la postrer cacería de Hem, perdido en el delirio y la depresión, buscando afanoso la llave del armario de las escopetas de su casa de Idaho y encarando esa búsqueda como la cacería final en la cual la muerte se le acerca como un león en la jungla y él debe cazarlo. Creo que el resultado es uno de mis mejores cuentos y con él siento haber esquivado el lugar común y haberle dado la dignidad que merecía el gesto extremo de Hemingway, por lo general indagado y valorado como una derrota. Eso olvida lo que Hem dijo en el acápite de El viejo y el mar, el último cuento que escribió: “Un hombre pude ser destruido pero no derrotado”. Y eso fue lo que quise reivindicar en Variaciones sobre Hemingway.”

NOTAS, APOSTILLAS Y ANEXOS

Comentarios actualizados a los contenidos

ARCHIVOS

El cazador Gracchus amarra en Montevideo y Mi primer Felisberto (diario de la obras) / La primera Cartografía original / Biblioteca musical/ Índice general del año Uno de La Coquette / Fichero de Programaciones mensuales desde Abril 2020.

NOVENA BANDA DE AUDIO DE LA COQUETTE

The BBC Concert Orchestra / “Laurence de Arabia” de Maurice Jarre.

Jennifer López / “El anillo” de E. Barrera, A. Castro, O. Hernández, J. Herrera.

George Gershwin / “I got rhytim” George Gershwin.

Ney Matogrosso / “Rosa de Hiroshima” de Vinicius de Moraes y Gerson Conrad.

Antonio Núñez Montoya “Chocolate” / “Fandangos”, guitarra de Manuel de Palma.

Barbra Streisand / “What are you doing for the rest of your life ?” de Miche Legrand y A. y M. Bergman.

Django Reinhardt / “Nuages” de Django Reinhardt

Richard Galliano Sextet / “Oblivion” de Astor Piazzolla.

Julien Clerc / “Ma préférence” de Jean-Loup Dabadie y Julien Clerc.

Rubén Rada / “Candombe para Gardel” de Rubén Rada.

Osvaldo Pugliese / “Recuerdo” de Osvaldo Pugliese.

Abril 2022

SEGUNDA CARTOGRAFÍA
X

EL CLUB DE LOS NARRADORES

Minotauromaquia al claro de luna

-…llamada para míster Prufrock… llamada para míster Prufrock!

VISITANTES

Cristina Peri Rossi

Doce poemas para leer el 22 de abril del año 2022

La visita se comenzó a preparar antes de conocer la atribución del premio Cervantes; este viernes todo lo que siempre se quiso saber sobre Cristina Peri Rossi, estará en la prensa escrita, internet y los medios audiovisuales del área cultural hispánica. Para iniciarse a la aventura de esta uruguaya en la entrega de Abril, los asiduos de La Coquette pueden contar con el valioso ensayo de Néstor Sanguinetti y doce poemas destilados marcando las horas: en la plateada esfera del reloj, las horas que agonizan se niegan a pasar, hay un desfile de extrañas figuras, que me contempla con burlón mirar… solía cantar el entenado de Tacuarembó. El dominio de CPR es de inspiración clásica mediterránea con su propia rosa de los vientos: exilio, navegaciones, lesbianismo, Poiesis. Una de las escenas fundadoras sucede cuando en la biblioteca del tío comunista diferenció libros de mujeres escritores y suicidas: Safo, Alfonsina Storni, Virginia Woolf y decidió romper desde niña el círculo casuístico de esa fatalidad. CPR cursaba el IPA allá por el 63 cuando salió su primer libro “Viviendo”: “Nunca olvidaré a Anglés y Bovet, viejo profesor de Lengua española que fumaba en chala, leía con luz de vela y renegaba del cine sonoro.” Vivió en 19 casas, la travesía del exilio fue su primera salida de la Banda Oriental y había nacido un noviembre noviembre bajo el signo de Escorpio, el octavo pasajero del Zodíaco. De chica la llevaban a ver zarpar los barcos de los muelles de La Coquette, compró durante años maquetas de barcos souvenir y adoptó un entusiasmo filatélico por estampillas de embarcaciones: Navegare necesse, Vivere non necesse era el lema del semanario uruguayo donde colaboró a instancias de Ángel Rama. En algún selfie escrito dijo “soy simbólica y ritualista”, “soy intensa y veloz”, “el exilio es desprenderse de la primera biblioteca” y “escribo porque el tiempo todo lo cambia.” De joven -los primeros veinte años de vida sentimental- hacía el amor escuchado el preludio y muerte de amor de Tristán e Isolda; luego se pasó al “Magnificat” de Marco Frisina en la versión de Mina, la misma de “E se domani” y el dúo con Lucio Battisti. La escritura fue un largo camino “Dice Sigmund Freud que toda felicidad de adulto es la realización de un sueño infantil. Bien, yo de chica, quería ser escritora. No es lo único que quería, también quería ser santa, pianista, pintura, bióloga especializada en conducta animal y jugadora de fútbol.” El 4 de octubre de 1972 CPR se embarcó en el puerto de Montevideo -la bahía wagneriana del Graf Spee- y su Citera sería Colonia Barcino Barcelona; hace medio siglo y se dice fácil. El exilio fue muerte y resurrección, el viaje incierto a lo desconocido de las fuentes evoca óleos de Joaquín Torres-García en Mon Repos de Tarrasa, donde saliendo de la infancia leemos MONTEVIDEO. Después del regreso a Ítaca -misterios de la anagnórisis- Ulises decide seguir el viaje para darle movimiento a lo poco de vida que nos queda.

Este 22 de abril del año 2022 es día de celebración para la literatura uruguaya y habría que escuchar a Chico Buarque en su “Pequeña serenata diurna”. Leemos en Peri Rossi la fusión de desgarro y una suerte de catarsis sensual que con torpeza llamaríamos sentido del humor, coqueteando siempre con el sentido del amor: “En realidad, mis relaciones amorosas han sido casi siempre triangulares; la mujer amada, yo, y la biblioteca. (Los psicoanalistas, más finos, embelesados -como yo- por los juegos de palabras dirían: ella, la literatura y tu)”. En una charla reciente de Luis Bravo el poeta se refirió a CPR como la Safo uruguaya, una Safo octogenaria sin edad que al compromiso feminista le agregaba un credo asumido de monoteísmo y monogamia. Es innegable; pero a veces, algunos días, ciertas temporadas, a ratos o por culpa de ella, esa ceguera pasional impone su exclusividad celosa mientras talla la escritura. “La literatura es una amante histérica: pide mucho y da poco, pero es sabido el encanto que ejercen las grandes seductoras sobre las mentes obsesivas, como la mía. Obsesivita, digamos (es más tierno y más real)”. En la literatura suelen complicarse los avatares de género -pulsión humana lindando el erotismo- pues entran en escena imaginación y fantasía; como afirmó sonriendo la interesada en una mesa redonda de “El faro de Alejandría”: sin perversiones no hay erotismo y el gran órgano sexual es el cerebro. Cosa mentale…

Néstor Sanguinetti

Peri Rossi, Cristina: biografía para armar

Néstor Sanguinetti nació en Tacuarembó en 1984 y es egresado del IPA en Idioma Español y Literatura. Integra el comisé asesor de la Revista de la Academia Nacional de Letras, forma parte del Departamento de Investigaciones y Archivo Literario de la Biblioteca Nacional. Activo partícipe de APLU (Asociación de Profesores de Literatura del Uruguay) formó parte del Directorio y los consejos editoriales del “Boletín” y la revista “Sic”. Especialista en Humanidades Digitales escribió sobre Circe Maia, Ida Vitale, Delmira Agustini, María Eugenia Vaz Ferreira y Cristina Peri Rossi entre otros. Enseña la literatura uruguaya en el IPA y en la Universidad Católica; para la entrega Abril 2022 de La Coquette, Néstor asumió la coordinación, el acuerdo con la autora, seleccionó los poemas y escribió un ensayo original. El corolario de tamaña generosidad es una exposición luminosa sobre Peri Rossi y su obra, la crónica sentimental murmurada del encuentro con los libros de Cristina y su viaje a Barcelona; por tales razones y otras igual de principales, él estará presente en la ceremonia este viernes de Abril en Alcalá de Henares.

LIBRERÍA LAS NUBES

Álvaro Ojeda

Ficha 4

“El último desnudo de Olga Zubarry”

El libro de Álvaro Ojeda que ficha en Las Nubes dice de un anfiteatro barrial sobre la pista de patinaje del “Londres” con participación de elenco heterodoxo activando la dramaturgia fisurada: cuentos, comedias, tragedias sin dioses, utopías y berretines, chismes, sainetes y esperpentos. Evoca la iniciación picaresca a la educación sentimental literaria en la calle Fermín Ferreira, con la pureza del cristalino infantil y la focal opaca de ilusiones perdidas. Álvaro viene de cumplir la pista 9 de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, es poeta desde 1987, autor de varias novelas e hincha de Wanderers (tercero en la tabla del campeonato al día de hoy). Integró el mítico taller literario de Silvia Lago y Jorge Arbeleche en tiempos duros, fue alumno de Jorge Medida Vidal. Gran lector de R. F. y Philip Larkin, al comienzo de los intercambios de mails perfilando su visita, le preguntamos de qué iban las bobinas londinenses. Respondió lo que sigue:

“Richard Ford escribe en su novela El periodista deportivo una especie de máxima que resume la tarea de la literatura. Podría citarla textualmente, la frecuento todo el tiempo mientras escribo y cada vez que reflexiono sobre la escritura, pero como me la he apropiado de manera benévola, prefiero parafrasearla. En los hechos supongo que esta clase de saqueo advertido esconde un homenaje y una identidad estética, si no lograda, al menos intentada.

La máxima de Ford sentencia que la vida y la supervivencia son como los pianos durante las mudanzas: grandes asuntos que se olvidan al terminar el día. Yo no dejo de imaginar a los braceros de las empresas de mudanzas tomándose alguna copita después de trajinar todo el día entre roperos, calefones, lavadoras de ropa y bargueños. Los oigo comentando las peripecias de la ventana removida y vuelta a colocar en algún apartamento suntuoso de Pocitos, seguido del posterior izamiento del piano en cuestión, en un nuevo apartamento -también en Pocitos, pero en un octavo piso- entre oscilaciones y terrores contenidos. He visto esa maniobra, he imaginado esa conversación, Ford escribió para mí y para los braceros.

A poco que se analice la sentencia se verá que posee dos enclaves: por un lado, la necesidad de discurrir por la vida y su veleidosa inmanencia, y por otro, recordar esa deriva, ese derrotero con cierto donaire, con cierto tono coloquial. Cumplimos la tarea, fue dificultosa, pero -el pero siempre es brutal- seguimos en el trillo. Por ahora y hasta nuevo aviso, estamos

Cuando me empeñé en recordar mi propia mudanza, con mi piano oscilante incluido, traté de recrear el aire barrial del Brazo Oriental montevideano a fines de los sesenta y comienzos de los setenta, en el segmento previo a mi adultez, esa frontera difusa entre pubertad y adolescencia, proyectada hacia un porvenir personal y colectivo. Ambos mezclados y ordenados en sucesión vertiginosa.

El recuerdo me ubicó en esa conversación finalizada la mudanza, y la conversación generó los cuentos ambientados en el Club Londres -de extinta memoria, fugaz prosapia y existencia comprobada- vistos, recreados, testificados, por un púber adolescente en un país con destino ominoso y rumbo inquietante. Hacer hablar a un narrador inmaduro, casi ingenuo, sobre cuestiones centrales de la vida, es un tópico propicio para los que escribimos sin saber muy bien si el piano se caerá sobre nuestras cabezas, o sobre la vereda, o no lo hará, para satisfacción de los dueños del instrumento y de las compañías aseguradoras. Va de suyo que la caída del piano será ruinosa pero jamás inútil, narrativamente hablando. Cada tecla, cada maderita expuesta al paso de la gente en la vereda, cada comentario posterior entre vecinos, testigos, público en general, forjará la nueva reconstrucción de lo perdido y lo recuperado.

Entonces la narración viene de desfiles variopintos, de personajes que lo son por el ambiente que naturalmente habitan y ambientes creados por esos personajes específicos, únicos. Un ventrílocuo, la viuda de un militar, un corredor aficionado a las largas distancias, un técnico que repara radios, la calle Consulado, la calle Fermín Ferreira, la placita, las divas argentinas retratadas a todo color en las tapas de la revista Radiolandia, los futuros desempleados de siempre. La maravilla sucede en los ojos del que ve, cuenta y vence al tiempo, mientras se toma otra con los amigos, se ríe, apuesta a seguir vivo.”

Álvaro Ojeda

Parque de los Aliados, abril 2022

NOTAS, APOSTILLAS Y ANEXOS

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El cazador Gracchus amarra en Montevideo y Mi primer Felisberto (diario de la obras) / La primera Cartografía original / Biblioteca musical/ Índice general del año Uno de La Coquette / Fichero de Programaciones mensuales desde Abril 2020.

NOVENA BANDA DE AUDIO DE LA COQUETTE

The BBC Concert Orchestra / “Laurence de Arabia” de Maurice Jarre.

Jennifer López / “El anillo” de E. Barrera, A. Castro, O. Hernández, J. Herrera.

George Gershwin / “I got rhytim” George Gershwin.

Ney Matogrosso / “Rosa de Hiroshima” de Vinicius de Moraes y Gerson Conrad.

Antonio Núñez Montoya “Chocolate” / “Fandangos”, guitarra de Manuel de Palma.

Barbra Streisand / “What are you doing for the rest of your life ?” de Miche Legrand y A. y M. Bergman.

Django Reinhardt / “Nuages” de Django Reinhardt

Richard Galliano Sextet / “Oblivion” de Astor Piazzolla.

Julien Clerc / “Ma préférence” de Jean-Loup Dabadie y Julien Clerc.

Rubén Rada / “Candombe para Gardel” de Rubén Rada.

Osvaldo Pugliese / “Recuerdo” de Osvaldo Pugliese.

Enero 2022

EL CLUB DE LOS NARRADORES

La semana del búho (1998)

VISITANTES

Horacio Cavallo

Horacio Cavallo nació el último día de 1977 en Montevideo y es un escritor que juega en todos los puestos del equipo literario. Cuentos para esos locos bajitos, poemas de amor de locura y de muerte, relatos desafiando lo fantástico como “La idea del agua” y es autor además de cuatro novelas. Una de ellas “Oso de trapo” (2008) conoció merecidamente varias tiradas y traducciones; es una astuta maquinaria narrativa, con un personaje femenino magnético, que mezcla como vinilos de DJ márgenes tipo “Sombras sobre la tierra” y huellas no futur de Nancy Spungen.

En La Coquette a Horacio lo presenta el gran Alfredo Fressia, con el prólogo escrito para la primera edición del poemario “Descendencia” del año 2012.

*

Horacio Cavallo sabe que el tema de toda descendencia es el tiempo, el que se encarna en cada eslabón de esa larga cadena, el dibujo feroz de la genética. Como las hojas, había dicho Homero, o simplemente como los miembros de una familia, cada individuo va dirigiendo su paso —“hacia la nada”, dice Cavallo— porque su función misma es dejar el espacio a la continuidad, a su propia perpetuación. El poeta también sabe que ese paso de la especie, como el de las estaciones, ocurre en un espacio, histórico además, que aquí es un ámbito de calles, de Montevideo o de Nueva Palmira. La casa, el trabajo, la procreación silenciosa surgen en estos poemas como testimonio de esa marcha de la especie, que nunca es abstracta. El poeta reflexiona, reconoce que andar descalzo / paseando ensimismado / tiene sentido. Y si el sentido es ético cabe a los poetas decirlo, aunque les cueste la vida, y de ahí ese homenaje que se presta en este poemario a algunos de ellos, como Haroldo Conti o a Ibero Gutiérrez.

Y sin embargo, estos poemas del movimiento, del paso, del ambular dejan en el lector el paradójico aprendizaje de la inmovilidad. El ser en movimiento está metido en un hombre (volviendo al hombre en el que estoy metido) y tal vez sea eterno, como la especie, como las estaciones, como los ciclos, o como la misma escalera de Jacob. Por eso, si hubiera que elegir el centro de este libro, quizás lo halláramos en este dístico: Hay un verano que no vuelve nunca / aunque siempre regrese otro verano. Y la forma que el poeta da a sus versos, mayormente esos endecasílabos en los que brilla el artífice, no constituyen en absoluto un ejercicio caprichoso, ni un engañoso juego de “sombras chinas”, sino una forma de la memoria, una pertenencia a la tradición del luminoso misterio poético. Finalmente, y como en el resto de su obra, Cavallo nos recuerda que la poesía estará siempre del lado de las preguntas y no de las respuestas: Acaso sobresalga, monocorde, / un nombre, una y cien veces repetido.

Alfredo Fressia

***

Leonor Courtoisie

Leonor Courtoisie nació el mismo año en que Rubén Sosa erró el penal celeste ante el vasco Antoni Zuibizarreta. Ella es actriz egresada de la EMAD, directora de teatro, escritora preparando la beca del premio Molière y autora del proyecto narrativo escénico “Corte de obsidiana” (2017), los poemas de “Todas esas cosas siguen vivas” (2017) y la novela “Irse yendo” (Criatura Editora, 2020). Los textos de Leonor propuestos a la lectura, provienen de la novela recién salida y La Coquette le agradece a la editora Julia Ortiz que lo hiciera posible. Una vez más la novela es espejo: entre visiones fragmentadas y bizarras, allí se descubre la narradora sin maquillaje, se refleja la bien llamada casa familiar y en telón de fondo, una juventud uruguaya buscando su personaje asignado en el tablado del mundo. Lo demás es literatura y lo dijo Alicia Migdal el invierno pasado en la Sala Verdi.

*

Presentación de “Irse Yendo” de Leonor Courtoisie. Sala Verdi, martes 17 de agosto del 2021.

Anotaciones en degradé

Hay dos fotos significativas para mí y a los efectos de este diálogo con Leonor. En su wp hay una niña soñadora, bracitos para arriba y ojos entrecerrados en una sonrisa musitada. La foto de la invitación a este libro la muestra en la actualidad, erguida y amablemente desafiante, con el pelo tipo penacho cual amazona. Ambas mujeres escribieron esta novela. A veces más una que la otra. A lo mejor se turnaban la niña y la amazona en estos fragmentos de recuperación y saldo de cuentas con el entorno formativo de los afectos, las penas y los logros.  Ambas transitaron el escenario teatral, porque necesariamente hay una niña guardada en el yo de cada actriz, así como hay una muchacha desafiante y frágil en la exposición escrita. Cuando leí Corte de obsidiana -presentada en libro como obra teatral- le dije esto es un relato, lo leo así, como relato entrecortado, más allá de las didascalias, tiene la fluidez y los espasmos de un relato escrito para ser leído, releído, retomado, inscripto en la memoria en tanto lenguaje verbal.

Tema de la elegancia que tanto preocupa a Leonor y que según ella no tiene; el vómito puntilloso según Julia Ortiz. El romanticismo del doler extremo, del añorar sin pausa, de llorar de impotencia ante la injusticia de una acusación equivocada, de querer conservar el pasado no solo material de la casa donde se gestó lo que ella es, sino los nudos buenos de las familias. El desparpajo para nombrar y definir, la ofensa de escribir, la alta exposición: hay o no dilema entre escritura y vida. No quiero hablar de autoficción, nuevo nombre de la academia para eternas formas de hacerse presente en la escritura. Cuando se escribe ya se está en otro lugar; es de libertad ese lugar, a veces de expiación y siempre tiene una distancia extraña con lo representado o inventado. La forma de la realidad arma un escenario a la manera del soneto de Góngora A un sueño:

El sueño (autor de representaciones),

En su teatro, sobre el viento armado,

Sombras suele vestir de bulto bello.

Hay un grupo familiar desarmado, tal vez nunca articulado, que solo se puede nombrar como grupo por la acción de la escritura de Leonor. Sin ella son personas sueltas e invisibles para nosotros, vivan la casa y la casa existirá decía Tarkovski. Que esa existencia traiga alivio o una expresividad comunicante ya es otra cosa. La dicha iguala y la infelicidad es singular de cada grupo, la precariedad que no se puede romantizar. La tonalidad directa, como una niña que registra su sorpresa ante la objetividad del mundo y por eso puede contar con levedad. Levedad era una de las propuestas de Ítalo Calvino y acá hay un ejemplo. Contra o a pesar de la pesadez del mundo, de su carácter incomprensible, esta levedad que no es ligereza cínica sino un compromiso expresivo: así son las cosas, así las veo, no sé por qué todo es así y yo estoy metida en esto pero no puedo escapar de las palabras que lo registran y no lo explican. Final con gozo. “Algún pedazo de hormigón cayó y no nos importó nada porque habíamos hecho algo juntos y estábamos ingrávidos de canto y de hacer honores”.

Casa y teatro-casa que se hacen y se deshacen con grupos que se malentienden. El grupo desarmado se constituye como tal por la escritura, es ahí donde existen y se juntan aún sin quererlo. Efecto sobre los espectadores o resultado de la obra sin pedir permiso. Alguien se va volando a escribir sus cuentos, otra se compra una lámpara. Creatividad. Hacerse adulta, adiós a la infancia.

Zona de los crímenes del corazón del proceso de crecer y morir, el barrio dibujado, la ciudad y sus perímetros…

Alicia Midgal

LOS RIOS FICTICIOS

“Bruxelles piano-bar” (2010)

Capítulo VII: EL REY DE LOS URUGUAYOS

Escena 49: El Delta del Ganges y final

LIBRERÍA LAS NUBES

Sally Sullivan

“En busca del Maestro”

Atraída por la postrera y terrible imagen fotográfica de un personaje eminente de la cultura uruguaya de la segunda mitad del siglo XX, la autora se propone indagar aspectos de su pasado y de su obra. Interlocutores reticentes o locuaces, testimonios parciales o contradictorios, discípulos, críticos teatrales, confidentes, una antigua amante, páginas inéditas de un «Diario» íntimo, son pautas de la investigación que, entre otras, van revelando la probable existencia de una ignorada zona de la historia personal del Maestro, subyacente a la notoriedad pública y su magisterio artístico. De la misma surgen además aspectos poco conocidos –en todo caso ambiguos– del contexto montevideano en el cual se expresarán obra y magisterio.

Si como dice uno de los personajes implicados, todo eventual cuestionamiento de un mito incomoda a guardianes del templo y a celosos de la textualidad, esta intolerancia fue padecida también en algunos momentos de su trabajo por la propia autora. Que para colmo no es oriunda de Durazno y Convención. De eso y otras inconveniencias trata el relato de Sally Sullivan.

Jorge Musto

NOTAS, APOSTILLAS Y ANEXOS

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OCTAVA BANDA DE AUDIO DE LA COQUETTE

Gonzaguinha / “O que è, o que è?” de Gonzaguinha.

Paul Lewis / “Momento musical N°4” de Franz Schubert.

AC/DC / “Highway to Hell” de Angus Young, Malcolm Young y Bon Scott.

Camarón de la Isla / “Soy gitano” de José Fernández Torres, José Monge Cruz y Vicente Amigo.

Johnny Cash / “Hurt” de Trent Rezner – Nine Inch Nails.

Jaime Ross / “Durazno y Convención” de Jaime Ross.

Django Reinhardt / “Nuages” de Django Reinhardt

Rodolfo Mederos / “El caburé” de Arturo de Bassi.

Eros Ramazzotti / “Cose della vita” de Eros Ramazzotti, Piero Cassano y Adelio Cogliati.

Carlos Cuevas / “Contigo en la distancia” de César Portillo de la Luz.

Lena Horne / “Stormy Weather” de Harold Arlen y Ted Koehler.

Diciembre 2021

EL CLUB DE LOS NARRADORES

Últimos globos de historieta (1985)

Alas negras de Serafín abatido (1998)

VISITANTES

Amanda Berenguer

soy Amanda -montevideana-

hija de Amanda la de ojos de vaca

                        diosa contemporánea

                        corazón de mirlos con relámpagos

donde anida el rayo que quiebra la noche

          aletea la alegría la vida conmovida

y de Rimmel padre

                   gallo de riña

                   violento cancerbero

                   o tierno migajón bajo las plumas

                   casi brújulas casi flechas

hermana de Rimmel el sacrificado y querido

                              muerto porque los muertos

                              del reino de los muertos

                              lo rodearon

soy Amanda mujer de José Pedro

seguro como un cedro encrestado

                                                poderoso

como la montaña

necesario y distante como el río

                              que nos da de beber

no lo habitan las palabras

el viento vela su inaccesible escarpado amor

soy Amanda madre de Álvaro

                                  ansioso

                                  velero “ardiente”

fruto de la unión de ese árbol encendido

con mi escuadra de navíos derivantes

anunciado por un pichón de golondrina

que cayó sobre mis piernas una tarde de febrero

y vivió en mi casa

                          revoloteó junto a mi cama

                          comió insectos

y a los nueves días desapareció

soy Amanda

                  y voy hacia Amanda sin destino

                                                apátrida

perseguida por un tábano dorado

en medio de la púrpura

              de un empecinado y continuo

              asesinato de Amanda

(de La dama de Elche)

Ignacio Bajter

Ignacio Bajter es uruguayo y nació en 1983, es licenciado en comunicación, ejerció durante años la crítica literaria en Brecha y trabajó como investigador en la Biblioteca Nacional, frente al bar Gran Sportman. La enumeración de los trabajos realizados es cursor en movimiento perseverante e infatigable: metainvestigación de la crítica de Roberto Ibáñez / correspondencia de Felisberto Hernández / despliegue del archivo Amanda Berenguer / edición de los poemas de Emily Dickinson en la traducción de Amanda / disposición del archivo personal de Carlos Liscano / correspondencia entre Circe y Amanda / entrevistas a Circe Maia y Nicanor Parra / aportes a la narrativa de Roberto Bolaño / prólogo a estudios sobre métrica de Idea Vilariño / exploración en las “historias de la literatura” del Uruguay. Ignacio leyó a Stephen Dedalus: “Y trataré de expresarme de algún modo en vida y arte, tan libremente como me sea posible, usando para mi defensa las solas armas que me permito usar: silencio, destierro y astucia.”

Ahora que termina el año 2021, Bajter está investigando y redactando su tesis en New York University sobre aspectos materiales de las vanguardias latinoamericanas. Desde allá escribió y envió su estupendo trabajo sobre la poesía de Amanda, que tiene esa recóndita armonía entre lo cotidiano -la voz de Amanda, sus cartas, manipulación de una imprenta Minerva siendo máquina de poesía doméstica- y la originalidad de fusionar poema con estructuras infinitas del Cosmos. Una mirada de crítico joven y lector sistemático, la tarea anexa del tiempo dando perspectiva, densidad de palimpsesto estando en el mirador privilegiado: ingresar a Manhattan por el puente de Brooklyn, luego cruzar Chinatown pensando en Mickey Rourke (M. Cimino) y Jack Nicholson (R. Polanski), unas horas de biblioteca universitaria en Greenwich Village y a la salida caminar hasta Central Park West, donde está el Planetario Hayden. Es en el corazón de la manzana (“Ser como la manzana / implica / todas las culpas / pero es excitante la propuesta.”) donde comienza el viaje al misterio vertiginoso de Las Nubes Magallánicas.

LOS RIOS FICTICIOS

Bruxelles piano-bar (2010)

Capítulo VII: EL REY DE LOS URUGUAYOS

Escenas 43 a 48

(continuará)

ENSAYOS CRITICOS

“Jacob y el otro”: cuenta el Tiempo

NOTAS, APOSTILLAS Y ANEXOS

Comentarios actualizados a los contenidos

ARCHIVOS

El cazador Gracchus amarra en Montevideo y Mi primer Felisberto (diario de la obras) / La primera Cartografía original / Biblioteca musical / Índice general del año Uno de La Coquette / Fichero de Programaciones mensuales desde Abril 2020.

OCTAVA BANDA DE AUDIO DE LA COQUETTE

Gonzaguinha / “O que è, o que è?” de Gonzaguinha.

Paul Lewis / “Momento musical N°4” de Franz Schubert.

AC/DC / “Highway to Hell” de Angus Young, Malcolm Young y Bon Scott.

Camarón de la Isla / “Soy gitano” de José Fernández Torres, José Monge Cruz y Vicente Amigo.

Johnny Cash / “Hurt” de Trent Rezner – Nine Inch Nails.

Jaime Ross / “Durazno y Convención” de Jaime Ross.

Rodolfo Mederos / “El caburé” de Arturo de Bassi.

Eros Ramazzotti / “Cose della vita” de Eros Ramazzotti, Piero Cassano y Adelio Cogliati.

Carlos Cuevas / “Contigo en la distancia” de César Portillo de la Luz.

Lena Horne / “Stormy Weather” de Harold Arlen y Ted Koehler.

Noviembre 2021

SEGUNDA CARTOGRAFIA

(nueva configuración)

EL CLUB DE LOS NARRADORES

Drama familiar en la calle Tánger al 600 (1998)

VISITANTES

Mercedes Estramil

Una epístola a David Lynch y tres fragmentos de

Hispania Help

La ocasión de la visita de Mercedes Estramil a La Coquette era celebrar la reedición de su novela Hispania Help del año 2009. “Es mi libro amado” afirmó la autora y luego decía en el reportaje de Gera Ferreira: “Creo en la confabulación del cosmos para casi todas las cosas.” Esa intuición astrológica se revalidó hace pocos días de este noviembre, cuando ganó un segundo Bartolomé Hidalgo por su novela Mordida de 2019. Hay explicaciones razonables para esa alineación favorable de planetas; la crítica literaria destacó la excelencia de su proyecto, a ello se agrega la fidelidad perseverante de la casa editorial HUM, el encuentro con lectores ansiando un espejo sin efectos especiales sobre el país del nuevo milenio. Es obligado agregar algo del orden misterioso para aclarar el panorama, esos arcanos entre cielo y tierra que no entiende nuestra filosofía. Nunca creímos que la clave pudiera estar en la página horóscopo de La Nación: “Los acuarianos poseen fuerte valores renovadores, una tendencia hacia lo nuevo y una gran inclinación hacia el futuro, hacia todo lo moderno y poco convencional. No temen al cambio sino todo lo contrario, lo buscan. (…) También se destacan su inteligencia y creatividad, lo cual les permite proyectarse más allá de una limitada visión.”

Estramil nació bajo el signo de Acuario -6 de febrero- el mismo año de la muerte de T.S. Eliot, del nacimiento de J. K. Rowling (Leo) y la publicación de A sangre fría de Truman Capote; ha escrito poesía y el relato Rojo barajando el juego inventado en el Jockey Club uruguayo. A partir del 2009 reanuda su pacto narrativa mediante una escritura de exploración desinhibida, es escritora de historias sobre daños colaterales y cómplices necesarios; asociarla a un feminismo vago, cuando toda clasificación se volvió líquida, sospechosa y culpable sería aventurado. Sus novelas recuerdan -en todo caso- a personajes actuados por mujeres como Laura Dern, Linda Fiorentino, Laura Elena Herring y Kathleen Turner, cuerpos erotizados al borde del desdoblamiento yendo al sacrificio con los ojos abiertos.

Mercedes nos cedió para La Coquette tres fragmentos de su novela reeditada que comprende varios niveles de lectura. El principio rector es similar a Blue Velvet: una articulación eficaz entre apariencia vecinal y zapa agresiva de la Matrix suburbana. La novela es espejo retrovisor reflejando los últimos tres años de la narradora, la crónica de “una muchacha disconforme con su destino que quiere viajar a España pero no lo logra”; un retiro espiritual complicado en la costa y el encuentro frustrado con su hombre de antes; un diagnóstico feroz del puesto del escritor en la sociedad uruguaya y el deseo de filmar su pesadilla isabelina con serpientes blancas (inciso especial en la interpretación de los sueños) dirigida por David Lynch. Bajo el título compartido de Hispania Help -sueño, filme, novela- tomamos un atajo por el planeta Harry Potter, la peripecia de juntar 2527 dólares en la caja de zapatos, una serie de relatos eróticos manuscritos y la inocencia tronchada de una camarera. HH cuenta -sobre todo- la autopsia introspectiva del crimen camuflado durante un cumpleaños infantil, mientras Ronald McDonald se cree Pennywise: “Ella lo supo. Natalia, así se llamaba, ¿no?”

Casi se nos olvida: al comienzo hay una carta robada de M. a David Lynch -el agente Gordon Cole, responsable del proyecto Blue Rose del universo Twin Peaks- para contarle la reedición, al maestro que ahora -con setenta y cinco años- mira pasar nubes californianas proféticas, escrutando el cielo tormentoso tras nuevas confabulaciones.

LOS RIOS FICTICIOS

Bruxelles piano-bar (2010)

Capítulo VI: LA TERTULIA DEL CAFÉ DEL GLOBO

Escenas 36 a 42

(continuará)

ENSAYOS CRITICOS

“Mi primer Felisberto”

(solfeo fantástico para debutantes)

versión integral

NOTAS, APOSTILLAS Y ANEXOS

Comentarios actualizados a los contenidos

ARCHIVOS

El cazador Gracchus amarra en Montevideo y Mi primer Felisberto (diario de la obras) / La primera Cartografía original / Biblioteca musical / Índice general del año Uno de La Coquette / Fichero de Programaciones mensuales desde Abril 2020.

OCTAVA BANDA DE AUDIO DE LA COQUETTE

Gonzaguinha / “O que è, o que è?” de Gonzaguinha.

Paul Lewis / “Momento musical N°4” de Franz Schubert.

AC/DC / “Highway to Hell” de Angus Young, Malcolm Young y Bon Scott.

Camarón de la Isla / “Soy gitano” de José Fernández Torres, José Monge Cruz y Vicente Amigo.

Johnny Cash / “Hurt” de Trent Rezner – Nine Inch Nails.

Jaime Ross / “Durazno y Convención” de Jaime Ross.

Rodolfo Mederos / “El caburé” de Arturo de Bassi.

Eros Ramazzotti / “Cose della vita” de Eros Ramazzotti, Piero Cassano y Adelio Cogliati.

Carlos Cuevas / “Contigo en la distancia” de César Portillo de la Luz.

Lena Horne / “Stormy Weather” de Harold Arlen y Ted Koehler.

Octubre 2021

SEGUNDA CARTOGRAFIA

(nueva configuración)

EL CLUB DE LOS NARRADORES

El navegante solitario del Danubio (1991)

La diana del tiempo (2016)

VISITANTES

Sabela de Tezanos

Hacia el año 2011 se produjo el encuentro del cuestionario Alejandro Schmidt (1955-2021) y las réplicas por escrito de Sabela de Tezanos. Desde las respuestas del joven Proust a una suerte de interrogatorio laico inglés del siglo XIX, el ejercicio con variantes se volvió género en diagonal y valiosa fuente de información; siendo espejo anexo completando datos formales de títulos, actividades varias y fechas de publicaciones de fácil acceso en la red Internet. El tiempo de esa pirueta, la visitante de octubre reconoce la parte de misterio del acto creativo; en la transmutación y magia de las palabras sus íntimas supersticiones, asumiendo coincidencias significativas así como el respeto por algunas señales. En ese dominio sígnico, tendría sentido para ciertos lectores saber que ella es pisciana, nació el año de la revolución cubana, las grandes inundaciones en el litoral uruguayo y cuando Joao Gilberto grabó “Desafinado”. Se licenció en Filosofía y fue diplomada en gestión cultural, vivió años de radio como ambientadora musical: con el fondo de Leonard Cohen, Darnauchans, Joni Mitchell y Gismondi inició -hacia los años 90- su práctica de la escritura; además de una actividad intensa en talleres, cafés literarios y periodismo cultural. Ahora mismo es docente de Epistemología en la facultad de Psicología.

Sabela propuso a La Coquette tres zonas de su producción; así, reproducimos al cuestionario del poeta argentino con veinticuatro entradas, oficiando como índice de lecturas, premisas de una poética y pistas temáticas confirmadas por los textos siguientes. “A probar” es un delicado ejemplo de su prosa poética, donde explora el tramado de los apegos liados a la memoria, la infancia y los sentidos. La cocina de la familia predispone a la alquimia de la mujer que se hace y crece, una forma de estar en el mundo con rituales de calendario, descubrimiento de afectos, añoranza del tiempo huidizo y revelado de imágenes fundadoras; como el fijo ojo rojo de aquella liebre cazada por los primos, dejando atrás el mes de marzo esotérico y la ternura de cuentos infantiles. Ambos poemas pertenecen a “El mundo infinito” (Civiles iletrados, Montevideo: 2018), que fue primer premio a la obra edita del Ministerio de Educación y Cultura. En esos versos, la escena apalabrada es la mujer urbana y la figura paterna con un cigarrillo Plymouth “encendido entre los labios”, cantando “Stormy weather como lo hacía Lena Horne. En el prólogo, Alicia Migdal escribió: “No son poemas de la sola emoción, del embeleso por la desdicha explícita en los actos de recordar y comparar. Son, pavesianamente, una unidad mayor que se explica por el conjunto solidario de uno a otro.”

LOS RIOS FICTICIOS

Bruxelles piano-bar (2010)

Capítulo V: UNA ALUCINACIÓN QUE SE REPITE

Escenas 29 a 35

(continuará)

ENSAYOS CRITICOS

“Mi primer Felisberto”

(solfeo fantástico para debutantes)

versión integral

NOTAS, APOSTILLAS Y ANEXOS

Comentarios actualizados a los contenidos

ARCHIVOS

El cazador Gracchus amarra en Montevideo y Mi primer Felisberto (diario de la obras) / La primera Cartografía original / Biblioteca musical / Índice general del año Uno de La Coquette / Fichero de Programaciones mensuales desde Abril 2020

SÉPTIMA BANDA DE AUDIO DE LA COQUETTE

George Michael / “Freedom!’ 90” de George Michael.

Rosario Flores / “Algo contigo” de Chico Novarro

Chico Buarque / “A Rita” de Chico Buarque.

Yves Montad / “À Paris” de Francis Lemarque.

Jorge Schellemberg / “Chicalanga” de Manolo Guardia.

Edmundo Rivero / “Cuando me entrés a fallar” de Celedonio Flores y José María Aguilar.

Emil Gilels / “Sonata para piano N. 8 K 310” de W. A. Mozart.

Dire Straits / “Money for nothing” de Mark Knopfler y Sting.

Mercedes Sosa / “Balderrama” de Cuchi Leguizamón y Manuel Castilla.

Thelonious Monk / “Satin Doll” de Duke Ellington.

Dmitri Hvorostovsky / “Non ti scordar di me” de Ernesto de Curtis y Domenico Furnò

Septiembre 2021

EL CLUB DE LOS NARRADORES

¿Es que Zarah Leander cantó viejas melodías en guaraní?

LOS RIOS FICTICIOS

Bruxelles piano-bar

Capítulo IV: VIRTUOSO, NIÁGARA Y TARQUINO

Partes 22 a 28.

(continuará)

EL ASTILLERO

Mi primer Felisberto

X) El límite de los objetos

XI) Leer también la música

XII) Los nietos de Maldoror

(final)

INVENTARIO XXI Y LIBRO MAYOR

Apostillas y comentarios a la ficción actualizados

LAS VISITANTES

MARCOS ROBLEDO

“A manera de recibidor”

seguido de

12 microficciones

Durante décadas, el imaginario colectivo en movimiento postuló que, la amenaza mutante para la humanidad, se presentaría bajo la apariencia insolente del japonés Godzilla. La naturaleza tenía sus propias estrategias y aquí estamos, metidos en una cadena biológica de animales salvajes capturados, quizá un murciélago intermediario -otra vez ellos… – y un zoo comestible en alguna aldea del imperio Chino. El resultado viral es invisible a los ojos y se llama Covid 19. Los antiguos lo sabían: no hay Cosmos macro sin considerar el microcosmos, el universo de Andrómeda puede subdividirse al infinito hasta formar el conjunto de Mandelbrot. La naturaleza es fractal y también la literatura, todo lo trastocó la física cuántica con las intuiciones formuladas por Max Planck.

Marcos Robledo Pisciottano (Montevideo, 1975) concibe la literatura narrativa bajo la forma luminosa de la microficción. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, es periodista colaborar en varios medios (La Diaria, Lento, Brecha y Tres, entre otros), ganó varios concursos y participa en antologías numéricas y soporte papel. El Marcos que nos visita en La Coquette es el escritor; resulta sencillo clasificarlo y más complejo definirlo. Decidió explorar a conciencia los posibles de la microficción en práctica y teoría, creando un campo magnético personal sobre ese género. Preconiza una estética con tradición milenaria, considera con tino la incidencia de las nuevas tecnologías en el dominio narrativo y está atento al paradigma comunicacional de C. Shannon: fuente – emisor – canal – mensaje – ruidos y receptor. Como se verá, lo micro se infiltra en el instante y la parábola, cuadro de comic, humor esperpéntico, fábulas infantiles revisitados, frases hechas, la amasadora burocrática y códigos tribales. Tiene en cuenta que un telegrama puede declarar la guerra y una vida tronchada -con su trilla de deudos inconsolables- abreviarse en un obituario. Quisiera agregar un par de precursores a esa tradición de discreción, sprint con esteroides anabólicos y consideración del Seiko del lector. Textos que rondan en la memoria: El eclipse de Augusto Monterroso y El Cautivo de Borges.

Robledo contribuye al Cabaret con un texto redactado ad hoc para esta oportunidad; que es manifiesto, apología de las 500 palabras, 100 metros llanos, primer round de lectura y visita guiada al taller del escritor. Las doce ficciones provienen de Guaterios (2008), Dunumurcu (2020), la antología Brevestiario (2021) y hasta se coló un inédito.

ARCHIVOS

El cazador Gracchus amarra en Montevideo (diario de la obra) / Biblioteca musical (nuevo) / Índice general del año Uno de La Coquette / Fichero de Programaciones mensuales desde Abril 2020

SÉPTIMA BANDA DE AUDIO DE LA COQUETTE

George Michael / “Freedom!’ 90” de George Michael.

Rosario Flores / “Algo contigo” de Chico Novarro

Chico Buarque / “A Rita” de Chico Buarque.

Yves Montad / “À Paris” de Francis Lemarque.

Jorge Schellemberg / “Chicalanga” de Manolo Guardia.

Edmundo Rivero / “Cuando me entrés a fallar” de Celedonio Flores y José María Aguilar.

Emil Gilels / “Sonata para piano N. 8 K 310” de W. A. Mozart.

Dire Straits / “Money for nothing” de Mark Knopfler y Sting.

Mercedes Sosa / “Balderrama” de Cuchi Leguizamón y Manuel Castilla.

Thelonious Monk / “Satin Doll” de Duke Ellington.

Dmitri Hvorostovsky / “Non ti scordar di me” de Ernesto de Curtis y Domenico Furnò