Segunda cartografía

Jennifer López – El anillo

I) Ya pasaron dieciocho meses desde la primera entrega del Cabaret Literario la Coquette, fue en abril del 2020, es decir que alcanzamos la mitad del proyecto integral estimado en tres años de circulación de contenidos. Por esa razón de simetría, hemos realizado algunas modificaciones en el sitio; acomodos de secciones sensibilizando el paso del tiempo, facilitando la navegación y reordenando contenidos según los retornos que fuimos teniendo. La experiencia de trabajar en otros circuitos vedados para un escritor de mis años, de imprenta y manuscrito encuadernado -estar en la red sin red protectora, atravesar una nube virtual sin la estrella del Sur- ha sido una experiencia estimulante, que obligó a considerar el equilibro entre mirada retrospectiva de lo hecho y desafío de nuevas aventuras.

II) La cartografía original donde se decidió el grado cero de la idea Cabaret, se definieron objetivos literarios y de política cultural (así como la explicación del nombre del sitio) abandona esta primera zona de lectura; se desplaza mañana -o pasado sin falta- a la sección Archivos. Veremos, durante el próximo año y medio si aquellos propósitos excesivos se cumplen según la promesa; recuerdo haber escrito al respecto algunos párrafos felices, insinuando una estética vitalista, explorando mediante ejemplos clásicos las relaciones peligrosas entre inspiración de los poetas y espectáculo del cabaret real, más todavía cuando la escena se vuelve metáfora del mundo. El resto de lo ocurrido durante el accidentado viaje hacia final de la noche -todo Cabaret tiene un espectáculo visible y otras tramas secretas-, es cuestión de músicos, narradores, lectores confundidos entre espías dobles y ángeles azules.

III) Siendo pronto para hacer un balance definitivo de la experiencia, es lo mismo aconsejable hacer un diagnóstico de etapa intermedia y parada técnica en la ruta. Sin duda, cuando el último espectáculo baje de cartelera habrá un testimonio escrito de lo hecho en internet durante tres años; algunos días pienso que la novela de la empresa podría caber en un breve ensayo. Más allá de la opción y dificultades de participar en las nuevas tecnologías, diría que la experiencia resultó agradable; obligó a la tarea diaria de planificación del programa mensual, edición de trabajos de otros universos, búsqueda de partituras, contacto periódico con escritores uruguayos, esperando llegar a tiempo cada día 23 para lanzar la programación. Ello fue posible por la buena disposición literaria y eficacia paciente de Bruno Millán Narotzky, el diseñador a quien le doy las gracias. Por ahora, el dios Shiva Nataraja nos permite continuar la danza ritual con sus buenos auspicios.

IV) Lo vivido en los últimos tiempos trastocó todo el circuito editorial, desarmó tiempos de creación, equipos de distribución y la hora del lector; eso en relación a los libros y el resto parece una colección de títulos de ciencia ficción: hablo de la sensación de peste mundializada circulando, donde un virus es tan potente como el planeta Google, profilaxis del cuerpo individual con máscaras chinas en encierros, crisis del discurso científico, fracturas de sistemas políticos, retroceso a creencias primitivas y aceleración del transhumanismo. En los meses del Cabaret cerrado por órdenes superiores y confinamiento del personal, me dediqué a darle una segunda oportunidad a cuentos y relatos de décadas pasadas; mejorados en la medida de lo posible. Algunas novelas se fueron presentando en una cadencia de folletín; los trabajos universitarios -que tienen una vida más efímera que las mariposas- pudieron sobrevivir y quizá sean retenidos en futuras bibliografías.

V) Quienes conocen el sitio de antes, saben del funcionamiento y para los nuevos que se conectan, es oportuno recordar el índice de contenidos para guiarse en la búsqueda.

SEGUNDA CARTOGRAFÍA / Se rediseña la presentación general del sitio con ingresos nuevos a manera de información actualizada; se reitera la guía de funcionamiento facilitando la navegación y en esta ocasión evitamos multiplicar secciones yendo a lo concreto.

PROGRAMACIÓN DEL MES / El 23 de cada mes se envía una invitación sintética que llega sólo a la lista de inscriptos en el sitio. En la programación del mes nos detenemos detallando contenidos, con atención especial a los escritores Visitantes del mes. Se enumera la banda de audio, las músicas conectadas abriendo cada sección; play list ecléctica y personal renovable cada tres meses como en todo Cabaret que se precie.

EL CLUB DE LOS NARRADORES / Es el módulo dedicada a los cuentos en un orden distinto al de los libros originales y van apareciendo según el espíritu cambiante de cada entrega. Alguna vez fueron tres si son breves, la mayoría de las veces con uno o dos es suficiente. Los textos fueron restaurados en sus imperfecciones primeras, pertenecen a un dominio donde el autor se diluye, dando paso a narradores diferentes, que tienen sus propias obsesiones temáticas y estrategias narrativas heterodoxas.

VISITANTES / Es el acontecimiento inesperado en el plan original y todo comenzó en una charla con el amigo Jorge Musto; yo le contaba lo que era aún un proyecto de sitio web y él me comentó que tenía un texto que podía funcionar. La sugerencia de Musto fue luminosa: el Cabaret tenía que ser también los otros, de preferencia escritores uruguayos. Así expliqué y pedí colaboraciones a mis amigos de la agenda; luego recuperé referencias, vi videos de uruguayos leyendo, pedí correos mail. Se fueron sumando visitas y es sorprendente la variedad dando un panorama informal de la literatura uruguaya actual. La única condición es el deseo de participar, hay veteranos y jóvenes, plumas en plena vitalidad y maestros queridos que son espectros, pequeñas editoriales, poetas y narradores, nombres con prestigio internacional y otros comenzando la aventura. A cada uno se lo expresé en su momento y quiero reiterarles mi agradecimiento; a quienes todavía no conozco, decirles que La Coquette les tiene una mesa reservada.

LOS RIOS FICTICIOS / Es la crónica informal de novelas y libros de cuento; algunas con crítica y otras traducidas, las hay que cruzaron su salida al mercado sin pena ni gloria y otras fueron olvidadas. Dos de las primeras salieron tal cual; luego, para las más extensas, la estrategia fue presentarlas por entregas mensuales. Quizá los lectores preciosos que nunca hallaron en soporte papel, los encuentren en pantalla versión pdf. Es estupendo tener esta oportunidad de no achacarle a nadie el silencio del retorno, nunca creí que pudiera existir lo fantástico que tenía el Aleph borgeano de la calle Garay en Buenos Aires. No excluyo incluir alguna sorpresa dentro de la sección en los próximos meses.

ASTILLERO / Aquí estaría el estadio embrionario de algunos proyectos, tanto de narrativa como de crítica literaria. Todavía están en la escritura del taller y laboratorio, los comités editoriales andan ocupados en otras galeradas y puede que nunca lleguen al libro. A veces nos salteamos algunos meses en el avance, pero haberlo hecho circular ya es un compromiso y solo resta seguir adelante con disciplina hasta el último párrafo. La sección presenta dos partes, “la escritura en proceso” donde se presenta el texto visible y el “diario de la obra” que son los comentarios privados sobre los avances. El caso más reciente fue “Mi primer Felisberto”, reconstrucción de viejos apuntes, trabajo con intención docente; las apostillas son anexo introspectivo ayudando a la inteligencia del ensayo.

ENSAYOS CRITICOS / La vida de estudiante, los inicios en la actividad docente y el armado del CV para tener trabajo me llevaron a una actividad pública sobre los escritos de otros: ensayos, tesis, encargos, presentaciones, prólogos, coloquios y otras mesas redondas. Luego de tantos años -también lo digo por muchos colegas que frecuenté- esa tarea tiene algo de pasión inútil; como si se diluyera en revistas olvidadas, grabaciones perdidas, copias carbónico devoradas por la polilla, imposibilidad real de consultar todos los sitios en línea. Dar clases fue mi oficio durante medio siglo, por eso quise rescatar algunas de esas divagaciones, en especial las que anuncian tribulaciones que luego se hicieron narración.

NOTAS, APOSTILLAS Y ANEXOS / A medio camino andado no tengo demasiado claro lo que ocurre en este apartado. Creo que se viene formando un corpus satelital de breves comentarios a cada texto, ya sea cuento -todos los cuentos- ,cada una de las novelas- y trabajos críticos. Deben oscilar en un sitio intermedio entre una idea de la escritura, la biografía impregnada en la escritura y un panorama -junto a retratos de los Visitantes- de la literatura uruguaya en el período que nos tocó vivir.

ARCHIVOS / En La Coquette nada se pierde y casi todo se archiva. Aquí se encuentran los “diarios de la obra” de proyectos pasados por Astillero, cartografía original, programaciones de cada mes desde abril 2020 e índice de las bandas de audio.

VI) Queda pendiente pero nunca olvidada, una reflexión más extensa sobre ciertos aspectos presentados en la evaluación del proyecto, pienso en especial el cruce conflictivo entre lo escrito y las nuevas tecnologías. La oferta actual es inmensa e inabarcable, debo aceptar pensando en la lucidez que todo el circuito está alterado: el lugar del novelista en la sociedad, las políticas editoriales, el circuito comercial de lo que antes se llamaban librerías, la formación e impacto de influencia de la crítica periódica, el perfil del lector, el relato circulando en imágenes, la información en continuado, ese teléfono embrujado que siempre va conmigo. Ello se advierte -puede que en modo submarino- en la escritura de las ficciones que están siendo desmontadas en el taller. Uno nunca está seguro de tener las buenas respuestas, en las actuales circunstancias, quizá la astucia Dedalus consiste en formular las buenas interrogantes, que ya es toda una tarea. Una vez más, siguiendo el ejemplo de los maestros admirados, tomar el atajo de lo inesperado; considerar el Cabaret Literario La Coquette obra cerrada y autosuficiente, variante de antiguas enciclopedias y libros de arena, la bibliografía historiando el planeta Solaris y la memoria humana del androide Roy Batty: yo he leído “Lo imborrable”, “El libro del desasosiego”, “El doctor Faustus” y “Constelación del Navío”… escuché tangos de Julio de Caro con Galmés y Paternain… todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.

VII) Estamos en diciembre del 2021 mientras el año se vuelve crepuscular, ingresando en la segunda mitad del proyecto La Coquette y está ocurriendo una modificación de relevancia en el sistema. La sinergia de la literatura sumada durante dieciocho meses -revisiones, autores glosados, poetas y narradores- abre otras fronteras que las geográficas. Hace unas semanas, consultando videos sobre literatura uruguaya, di con una evocación de Amanda Berenguer en ocasión del centenario de su nacimiento. La conexión fue inmediata y recordé la voz de Amanda que siempre me llamaba por el apellido; ella se hizo presente indicándome la biblioteca silenciosa de los seres queridos que no están. La vida es frágil y dentro de unos años, cuando alguien consulte este archivo numérico el elenco oscilante del Cabaret será cosa del pasado. “Les mort gouvernent les vivants” escribió Auguste Comte y en la literatura pasamos buena parte de la vida leyendo la obra de espectros. Rondando el episodio Youtube, Oscar Brando me escribió que Ignacio Bajter había dictado una conferencia formidable sobre la poesía de Berenguer en el marco de la catedra Alicia Goyena. Había pues el mandato orientado de invocar la obra de muertos queridos; la conferencia citada sin soporte real, los cien años de Amanda y los recuerdos personales fueron el tríptico inicial. Las fuerzas se complotaron luego alineando más planetas en la luna pulida del telescopio. Jean Phillipe Barnabé escribió un artículo metódico y cariñoso sobre José Pedro Díaz donde evocaba sus visitas a la calle Mangaripé; leyéndolo reapareció la película que yo también viví en esa casa hace más de treinta años. Desde New York, Ignacio se entusiasmó con el invite y en un tiempo breve -duplicando su escritura a lo cinta de Moebius- envió un ensayo esclarecedor sobre aspectos visuales, cósmicos y domésticos de Amanda. Yo tenía a mano para consultar la obra de Berenguer “Constelación del navío” del año 2002, una cuidada y afectuosa edición de Carlos Reherman, con Advertencia de Amid Hamed que fue en otra vida alumno de literatura en el liceo 14 cuando comenzaba mis prácticas docentes.

Con otros de los aquí implicados fuimos tardíos en conocer aquel tiempo removedor de la creación uruguaya. Amanda formaba parte de la mitología urbana colectiva cuyo rumores nos hacía buscar la literatura cuando jóvenes: la generación del 45 con la fuerza nueva de agrupar y el necesario proceso dispersivo latente. Entre todos ellos -veinticinco abriles que no volverán- fue Amanda la vidente que trocó el ubi sunt de los programas en angustia temprana con nombre propio apenas iniciada la salvaje primavera amistosa.  Lo escribió en el poema Viaje de El río de 1952, siendo advertencia premonitoria para quienes intentamos redactar otras memorias de ultratumba.

¿Recuerdan, amigos?, nos diremos,
y no estaremos más para escucharnos
y tendremos ya algunos, hace tiempo,
deshechas en las sombras las entrañas.

Nos movemos cerca los vivos con los muertos y orbitando difuso entre nosotros, existe el purgatorio donde aguardan las voces de quienes tuvieron la edad que tenemos quienes ahora escuchamos. Amanda y José Pedro tienen para mi algo de esa precaria inmortalidad: dialogamos los sábados al mediodía de fuegos de San Telmo, la comedia humana y alguna explicación falsa de los cuentos, éramos cuatro a veces cenando en Rufino, llegué tarde para editar en La Galatea y a tiempo para subir poemas de ella -mientras cruzamos la noche más larga o corta según el hemisferio- a la inmaterialidad de la nube internet. Hay en la maniobra algo de eléctrico y órfico, Amanda olió los fúnebres ramos mientras los otros escanciaban la ambrosía prometida, su obra pareciera afectada de anomalía óptica; como si tardíamente -hablo por mí- viéramos recién en su esplendor una gran nova estallando hace millones de versos luz. Enseñando que lo que permanece es el signo y prosigue ardiendo el misterio de poemas extensos – tradición de Zona, Cuatro Cuartetos, Cantos Pisanos, el Cementerio Marino del precursor Paul Valéry- respiraciones del cotidiano siguiendo la aventura humana más allá del sistema solar. Amanda Berenguer concretó una alquimia desafiante cuando, en la plaza Virgilio de Montevideo captó la señal galáctica y remitió en retorno -probando la vitalidad fractal de la poesía uruguaya- frecuencias de palabras destinadas a dioses exilados y a quienes seguimos agitándonos en la fugaz escala terrestre:

“¿Dónde estaremos cuando no respondan
ni el trueno, ni la lluvia ni las olas?”

VIII) Enero 2022, aviso a los navegantes. El Cabaret Literario La Coquette dispone de una nueva entrada pantalla identificada como Librería Las Nubes, sección virtual en recuerdo de las librerías de Montevideo que conocía al dedillo hace medio siglo: Hugo el librero de Losada, los Maestro de la Feria del Libro, Marcelina & hermano de Tarino, Napoli metonimia de la calle Tristán Narvaja, América Latina que daba crédito a los del IPA, el manco de Mosca guardián de las colecciones BAC, Monteverde en 25 de Mayo con piso de madera. Sin olvidar la librería a cielo abierto los domingos en la feria colonizando la cortada de Cerro Largo, Linardi y Risso donde hallé la primera edición de “El pozo” y publiqué “Siete partidas” (1998), la librería Colonial de Washington Pereyra puesto que allí trabajé una temporada inolvidable. Salvo raras excepciones esa configuración grata de maderas, novedades y saldos para estudiantes, parece cosa del pasado en todos los rincones del Planeta; acaso nos consuele la estanterías infinita de las Bibliotecas fantásticas y algunas aventuras recientes como A puro Verso en el edificio de la Óptica Pablo Ferrando.

La librería se llama Las Nubes y se localiza en algún lugar de la nube internet, dicen los inspiradores que quisiera tener teatralidad aristofánica, traza desquiciada criolla de la novela de Juan José Saer y la levedad melancólica del toque Django Reinhardt. Allí se dará entrada a libros -novelas, cuentos y poesía- que se editaron alguna vez y que parece que no por el silencio crítico, porque así es la vida como enseñaron en el cine argentino Enrique Muiño, Arturo García Buhr y Sabina Olmos. Habrá también proyectos inéditos, puede que impacientes o lúcidos habida cuenta del panorama editorial y saltearán la etapa inflamable del soporte papel sabiendo que todo relato arde a Fahrenheit 451. Mi tío César Emilio era un buscavidas sin demasiado suerte; cuando abrió la parrillada en Avenida Millán -una sociedad efímera que terminó en desastre industrial a las brasas- la primera noche invitó a familiares, amigos y allí estuvimos con Griselda y Juan Pablo. Una librería tiene algo parecido, más todavía cuando se viene de encender la fogata si bien son otros los cortes la carne y achuras que se disponen en el asador.

El primer título emplazado en la mesa de entrada fue escrito por el amigo Jorge Musto a comienzos del siglo XXI; este mes coexisten en carambola a tres bandas contenidos de La Coquette activando la dialéctica etaria de la literatura uruguaya. En el dispositivo escénico tenemos al viejo zorro autor de “El pasajero”, el joven escritor de “Oso de trapo” que renovó dispositivos narrativos y la performance fragmentada de Leonor Courtoisie: alguien le dijo que podía hacer cosas que no existen y lo intenta. Musto sabe del asunto del que escribe en una novela que podemos designar de ambiente teatral montevideano y estuvo ahí metiendo mano en el corazón del reactor; lo mismo sabe de la militancia en años verdes y otros exilios con escala venezolana. Si acaso hiciera falta alegar sobre la pertinencia del texto, basta con citar una escena fundadora: año 1959 de inundaciones del río Uruguay y revolución cubana, cuando Danubio bajó a la B… El círculo de tiza caucasiano de Bertolt Brecht, puesta en escena de Atahualpa con cincuenta comediantes, diez años de la institución El Galpón, sala de Mercedes antes de 18 de julio y la sala del cine Grand Palace y actuando Adela Gleijer, Juan Manuel Tenuta, Juan Gentile, Villanueva Cosse, Sara Larocca… Ese Uruguay que fue se divisa difuso entre brumas desde la platea tóxica del presente, otros lo observan desde el paraíso con las alas del deseo y los pocos testigos entre bambalinas comentan en voz baja que cualquiera tiempo fue mejor. Como se trata de teatro y memoria Musto utiliza la máscara de una periodista australiana, para salir a escena debió armonizar tragedia con comedia que es lo más complicado y ante la persistencia ilusoria de la cuarta pared montó una intriga literario complotista verosímil; valorando en pasajes muy logrados lo sucedido una noche en las almenas de Elsinor, momentos graves de diálogo con espectros y monólogos sobre las penas volvedoras.

IX) Febrero, por el rodar irónico del azar, impuso un par de aclaraciones a considerar fuera de la cadencia habitual de entregas mensuales y dentro de la cartografía del sitio. Una es la visita del primer escritor extraterritorial Oriental de expresión en lengua castellana, alguien que el mes pasado sin ir más lejos, publicó una estupenda biografía del responsable de la primera gramática de nuestra lengua- editada en agosto de 1492- el erudito Elio Antonio de Nebrija. El autor del ensayo es José Antonio Millán y el libro se titula “Antonio de Nebrija o el rastro de la verdad” (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2022).

A José Antonio lo consulté hace más de dos años sobre el andamiaje técnico de La Coquette y dijo que acaso su hijo era el hombre de la situación; desde entonces -noviembre de 2019- venimos trabajando con Bruno mes a mes actualizando el sitio. Hacia las navidades últimas, supe que José Antonio presentía estar presente en el proyecto del Cabaret literario; ello nos dejó entusiasmados, dimos algunas vueltas buscando la buena fórmula y así se concreta su primera incursión en La Coquette. Lo busqué al inicio sobre esto de Internet porque él vislumbró esa galaxia de universos posibles antes que todos; quizá su proyecto juvenil psicodélico de analizar la métrica latina por ordenador fue el punto de partida, anunciando la exploración de nuevos paradigmas del joven poeta, que transita de avatares elegíacos de Rilke a un mundo Matrix de inteligencia artificial. Cuando todo parece arrastrado el destino del microprocesador, José Antonio regresa a los orígenes de la lengua, el arte de la traducción, el elogio de la poesía y -en el texto inédito que incluimos- relata los señuelos ante los cuales un lingüista de formación, errante entre signos y señales de la postmodernidad, siente el llamado del endecasílabo; después de todo ¿acaso los androides no sueñan con ovejas eléctricas?

Como bien sabemos, en ciertos asuntos lo inicial es lo afectivo y luego recién adviene la retórica, en cierto momento debíamos abrir una claraboya en la literatura uruguaya buscando la luz de otros cielos. José Antonio parecía el elegido ideal, era lo otro pero en lo mismo; cada vez que nos cruzamos marcamos almuerzos allá donde sea, con preferencia en torno a los arroces y siempre en el recuerdo del tercer comensal de la tradición, que era Juan José Saer, bajo las arcadas del restaurante Es Trull de Cadaqués. Luego, por cierta condición de coetáneos temporales (soy unos años mayor que José Antonio, tampoco demasiados) era tener una luna en la sociedad española -un primo conjetural más que un doble romántico- a la que sublimamos en lo espiritual para salir del cerco militar, buscando un destape de energías creativas al estilo virreinato del río de la Plata. Ahí están para probarlo el premio Planeta de Antonio Larreta con “Volavérunt” (1980), el exilio melancólico de Juan Carlos Onetti, el pasaje por playas catalanas de Eduardo Galeano, donde dicen que escribió la trilogía “Las memorias del fuego”, la apoteosis popular de Mario Benedetti, que comprobé personalmente en las jornadas Uruguay Literario en Casa de América, Madrid 1996 -veinticinco años que no volverán…-, el premio Lengua de Trapo 2001 de Hugo Burel, con “El guerrero del crepúsculo” y la instalación en Barcelona -desde 1972- de Cristina Peri Rossi, que cincuenta años después -el abril próximo- dirá su discurso recibiendo el premio Cervantes. En el repique dialéctico, alcanza con recordar la recepción en Uruguay del cine de Almodóvar, episodios de “Pepe Carvalho” en versión Eusebio Poncela, “Los gozos y las sombras”, recitales de Juan Manuel Serrat: de vez en cuando la vida nos besa en la boca y a colores se despliega como un atlas… Alguna vez los uruguayos entonamos “La puerta de Alcalá” con Ana Belén y Víctor Manuel, nos enamoramos escuchando “Gavilán o paloma”: más cerca en el tiempo, seguimos a Luis Suárez la temporada anterior en la plantilla del Atlético, incursión prodigiosa coronada con aquel gol pícaro el 22 de mayo de 2021 que sentenció la Liga.

***

La vida de algunos poetas tiene algo del Romancero que nos enseñaban en secundaria -en mi caso el Liceo 14 de 8 de Octubre y Propios: Alicia Conforte y Alejandro Paternain- por aquello del comienzo abrupto y final trunco. Después nos correspondió a los del IPA enseñarlo a nuestros alumnos en liceos de los barrios de ciudades uruguayas. Dicté mis primeras horas en el liceo de El Sauce; allá marchaba siendo de noche todavía en ómnibus marrones que partían de la vieja terminal de Dante y Mercedes. Recuerdo al Conde Arnaldos a la caza con falcón la mañana de San Juan, el marinero en la galera, el secreto del canto y el misterio que se sabía en el siglo XV: “-Yo no digo mi canción / sino a quien conmigo va.” ¿Recuerdan todavía de la educación literaria al enamorado y la muerte?: “-Vamos, el enamorado / que la hora ya está cumplida.” La muerte vino a buscar a Alfredo Fressia hace algunas semanas en tierra de Mario de Andrade, Vinicius de Moraes y Ney Matogrosso, entre colores de Cándido Portinari, Di Cavalcanti u otro pintor con reminiscencias toscanas, en la lengua heterónima de Fernando Pessoa. Ignoro si fue en su querida rua Aurora, pero sí falleció en São Paulo – a ciudad não pode parar- donde se instaló en 1976. El texto que presentamos en la Librería Las Nubes -la versión integral de “Frontera móvil”- se transfiguró en pocos días con la muerte de Alfredo.

Gracias a su editor Gustavo Wojciechowski pude leer “Sobre roca resbaladiza” del 2020, libro de ensayos que fue aviso y advertencia desde la galera paulista: memorias de ultratumba, confesión exenta de pecado, poética íntima y testamento de recuerdos infantiles. Al leer las pruebas de “Última Thule”, poemario que está en prensa, hallamos una meditación en verso cerrando el circulo de la vida y que engarza con su primer libro del año 73

Lee en los huesos
del esqueleto azul
tu enigma antiguo,

Fressia había muerto y lo leí viéndolo niño en la calle Marsella del barrio del Reducto montevideano, con sus amigos Jorge Cuinat y Juan Introini que fueron luego mis amigos. Percibí las sombras apresuradas de compañeros del IPA de cuando entonces, la rareza colonial de la plaza Zabala en la ciudad vieja cerca del puerto y el puente Mirabeau de Paul Celan, de Luca Ghérasim, de Guillaume Apollinaire y de Alfredo Fressia. Vista a la distancia su aventura certifica la teoría de los dos cuerpos del rey; como lo dijo Mercedes Ramírez, hay un Alfredo caminando en la ciudad paulista, comprando cigarrillos Galaxy, yendo a los cines del barrio, captando historias mínimas -a lo telenovela Rede Globo- de vendedoras de zapaterías, muchachos tenebrosos deambulando en terminales y porque: “Deus é un cara gozador, adora brincadeira”. Después está el poeta luchando tras sus horas contra el guerrero insaciable del cotidiano; bien pronto habrá otro inquilino en el estudio de la rua Aurora, pero quienes lo cruzamos alguna vez, seguimos oyendo su voz diciendo secretos del quien conmigo va: “Por lo pronto, y efectivamente, en mi experiencia de poeta, cada poema fue siempre un resultado imperfecto, siempre mejorable, casi siempre “retocable”. Tal vez más que frustración, lo que sentí siempre fue la humildad de admitir que mi poema era la sombra, la imagen imperfecta de lo que yo hubiera querido escribir, traer al mundo, dar a conocer.”

X) Abril 2022. El mes de abril se asocia a los versos de T. S. Eliot, la canción “April in Paris” de 1933 en la versión de Charlie Parker, el día de San Jorge (Dragón, rosas en Barcelona y libros en el mundo) y los muchachos de antes no usaban gomina. Los planetas, signos y constelaciones abril en este año están alineados: el Cabaret Literario La Coquette inicia su tercer y último año de programación; pero lo maravilloso hoy mismo -viernes 22- sucede en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, en torno a la ceremonia de atribución del premio Cervantes a la escritora uruguaya. Con el profesor Néstor Sanguinetti, pensamos hace meses en presentar algunos poemas de Cristina Peri Rossi y nunca supusimos el año pasado esta simultaneidad que todo lo transfigura. Las últimas semanas -como si fuera poco- vimos en la computadora imágenes de “El filmador”, el filme sutil y emotivo de Aldo Garay que recupera y recrea tomas espectrales de José Pedro Díaz. Chisporrotearon de inmediato “Los fuegos de San Telmo” en los mástiles de la memoria; ahí estaba Amanda Berenguer entre nieve invernal europea y “Las nubes magallánicas”, José Bergamín con cincuenta y cinco tras las “Fronteras infernales de la poesía”. Estas semanas leímos que Peri Rossi recordaba al profesor Francisco Anglés y Bovet de cuando era alumna del IPA y al rumano Eugenio Coseriu que se instaló en Uruguay en 1951. Sanguinetti nacido en Tacuarembó -pago de Washington Benavides, Víctor Cunha y Dani Umpi- también es egresado del Instituto; con ese efecto dominó o calesita del Parque Rodó literario, se reavivó el cortejo de imágenes de nuestros años de formación en el IPA, álbum íntimo del Ubi Sunt, el mixing memory and desire tan propio del mes de abril. Luego hay un engarce de fechas -felices y de las otras: ¿las peleas que perdí? que se acuerden los que ganaron, decía un entrenador de box del L’ Avenir- formando la serie numérica arcana que teje la trama de la literatura uruguaya desde sus orígenes. Cuando José Pedro filmaba París, Cristina hurgaba entre las novelas del tío comunista, mientras con mis compañeros generacionales preparábamos el concurso de ingreso al IPA (donde por primera vez estaba en el programa Felisberto Hernández a iniciativa de José Pedro Díaz) el jovencísimo Álvaro Ojeda, además de escuchar Creedence Clearwater Revival, vivía su Amarcord en el barrio Brazo Oriental y narrado en su libro “El último desnudo de Olga Zubarry”. Siempre hay una última proyección y bajada de telón definitiva para escenas fundadoras de la infancia uruguaya, en tanto alguien en algún lugar comienza a preparar las cámaras de la noche americana que se nos viene: “Como toda estructura creada por el hombre, el Londres pervive porque de alguna manera sólida fue deseado. Ahora flota -como San Petersburgo, como Roma, como El Cario- ajeno a su origen, pero fiel a sí mismo en su deriva.”