La perseverancia del hombre mosca

Como profesor de literatura me interesaba insistir en el Liceo 14 sobre los indicios dispuestos en un relato, luego seguir la dinámica interna hasta alcanzar designios terceros del autor; eludiendo en lo posible la redundancia de lo real, el mimetismo sabido y previsible, la clonación hueca del cotidiano. Buscar despacio la diferencia que aparecía a veces así tan de repente en los textos estudiados, como una mosca pegando contra el vidrio de la ventana. Cuando un relato produce efecto –emocional, estético, de sorpresa- resulta de una combinación original para los estudiantes; pero –y es la lección del cuento logrado- ello ocurre si los módulos aislados del dispositivo están próximos en tensión al joven lector. El efecto resulta necesario, pero en la resonancia narrativa cuando su acoso es constante (la marejada de interés reciclado por las series) necesitamos el auxilio del arte combinatorio, el misterio cifrado y la introspección como relato. Cuando todo exige transparencia pública las vidas seductoras preservan el secreto, mientras la ciencia ficción entra a saco en las estrellas, la astrología de los antiguos recupera credenciales, en tanto los crímenes se resuelve con ADN hay que revisitar secretos alquímicos grabados en las catedrales. 

Recuerdo de muchachito mi admiración por los cinco dedos de René Lavand -un mago manco para un joven lector es un agüero casi cervantino-, el prestidigitador argentino del año 28 alcanzaba la maravilla mostrando el juego de lo imposible una, dos y hasta tres veces; luego decía taimado y actuando, seguro de haber protegido el secreto: “no se puede hacer más lento”. Quizá alguien envidioso descubrió y hace circular su truco por la Red; tampoco impresiona ese rictus de soplón y me someto a Lavand por ser la magia auténtica: se preparó para ello toda la vida y sigo teniendo fe en su palabra. Es un pacto entre caballeros cercano a la experiencia literaria; de ahí viene tal vez una línea de mis cuentos, que llamaría búsqueda del relato en transcurso. Vía secundaria o rueda auxiliar en caso de accidente cruzando la ruta principal

Todos los elementos dispuestos en el cuento sobre el hombre mosca existieron; la primera parte tal cual, el nexo entre las cronologías puede impugnarse en su exactitud y los episodios de la infancia fueron idénticos, pero se sucedieron en otra secuencia distinta a la narrada. La emoción resultante al escribirla evoca una vivencia íntima y destila lo que se rescató del olvido. La literatura es la memoria de aquello que existió pudiendo no haber sido y el cuento quiso hilar una combinatoria infinita como los tratados clásicos sobre las moscas. Ensayar un nuevo sortilegio con pocas cartas sobre un austero paño de pantalla, haciendo subir a mano limpia un hombrecillo por las paredes exteriores del Palacio Salvo, apostando sin trampa a la vista de todos los curiosos, teniendo en las manos el Tarot que predice eventos del año 2020 tan lejano, sin que vuele una mosca. Sólo recién después de finalizada la proeza de Yamandú una voz conocida le comenta a mi padre: no se puede hacer más lento…