Dos textos

de Gustavo Wojciechowski

I

Podría escribir un libro de poemas sobre los músicos que admiro. Uno por cada uno de ellos. Miles Davis, Mateo, Piazzolla, Malher, Zappa. Pero sería demasiado extenso. Lo dejo para las próximas vacaciones. (En este fin de semana ya no me da).

Podría escribir un libro de poemas como si fueran tomaduras de pelo, parodias de los miedos que me describen. Pero los parodistas nunca me gustaron, ni los charoles, ni los chocolates, ni siquiera por un fin de semana de febrero.

Podría escribir un libro de poemas sobre los ecos del pasado que melancolean en el poema del presente. El tablado donde nos representamos con un disfraz, como si fuera la realidad, como si el poema lo fuera. Tantos tangos tontos que casi nadie puede descifrar. Chocolate amargo. Pero… entonces: para qué?

Podría escribir un libro de poemas sobre las preguntas fundamentales que un hombre se haría promediando la mañana o el tercer whisky de la noche. Código cerrado que no busca respuesta ni representarse. Pero me resulta fundamentalmente grandilocuente, trascendentalote, intelectual de fin de semana. Sería demasiado serio. Y… ¿dónde queda el hombre de la calle? ¿A quién le puede importar si el tal que se preguntaba era un hombre culto o si la calle en cuestión se llama Culta?

Podría escribir un libro de poemas como si fueran adivinanzas, un juego intelectual e ingenioso de palabras cruzadas. Como si la poesía no tuviera solución. Cuanto más encriptado más inteligente me consideraría. La cultura un signo secreto a decodificar. Un disfraz de mis frases. Pero sería eso. Tratar de ocultarme y no escribir lo que quiero o tengo que escribir. Tan simple como la complejidad. Tan complejo como la poesía.

Podría escribir un libro de poemas ligeros, livianos, sin ninguna pretensión, como caminar en alpargatas –las dos cuadras de la calle de infancia, José Culta– pisando la tardecita cualquiera, recuperando cierta ingenuidad. La palabra “cualquiera”. Después de todo son sólo poemas. Pero no se me antoja. “Después de todo” yo soy el que escribe, mi dueño y hago lo que se antoja. (Si usted quiere otra cosa, pues bien… escríbalo usted mismo. Qué joder).

Podría escribir un libro de poemas antojadísimamente, premeditadamente, como una promesa o condena a cumplir. Por ejemplo: escribir un poema cada mañana, al despertarme. Sin importar domingos o feriados. Sin tregua. Metódicamente. Al método dedicarme. Riguroso con el cometido. Una obligación. A propósito del propósito. Oficiar de oficio. Como un soldado fiel. Como cualquier profesional que se precie de tal. 1. Pero… ¿la palabra cualquiera? La palabra cualquiera regurgitándome otra vez. Yo no quiero ser cualquiera. Quiero ser diferente, bien distinto. 2. Pero tal vez sólo me estoy distrayendo… y lo del método parece ser sólo un pretexto, un entrenamiento, un aperitivo. Buscarme la lengua –cuando no tengo nada que decir– por si finalmente algo aparece. Palabrerío. Cháchara. 3. Pero soy un tipo poco perseverante y me aburro enseguida y quiero pasar de una cosa a la otra, ya que lo más importante de la vida son los cambios. 4. Pero yo no quiero ser profesional. No quiero tener ningún compromiso de dependencia. Quiero ser amateur. Un amador.

Podría escribir un libro de poemas encabalgados, uno tras otro, de continuo, como los días ordenados de la semana. Donde cada poema continúe al siguiente y de pie al anterior. Pero es como volver a volver, ese tropezón inesperado en lo que fui y ya no hay forma de remediarlo, volver a volver, ese tropezón inesperado en lo que fui y ya no hay forma de remediarlo, ese tropezón.

Podría escribir un libro de poemas donde cada poema no tuviera nada que ver con el otro, que no le debiera ni media palabra, sin ninguna repetición, libre totalmente. Pero la libertad es un poema que nunca se podría escribir.

Podría escribir un libro de poemas imposibles pero solo hago lo posible… y… ¿a quién le puede interesar lo posible?

Podría escribir un libro de poemas tan cortitos como una frase. Pero no tan largos como la palabra “pero”.

Podría escribir un libro de poemas sobre la brevedad, lo breve del tiempo o la vida. Esa extensa lápida donde apenas nos movemos. El instante minúsculo que se evapora. El flash que nos encandila y se escapa. Un parpadeo. Pero la foto no está. No queda nada. Ninguna imagen. Nada.

Podría escribir un libro de poema sobre la nada. Escribir simulando que estoy escribiendo algo cuando en realidad no digo nada. Un mero ejercicio y que, por debajo de la cáscara o de cada palabra, sólo reluce la nada. Un engaño. Una farsa. Una caja vacía. Un malabarismo. Parece ser sólo un pretexto, un entretenimiento, un aperitivo. Buscarme la lengua cuando no tengo nada que decir. Palabrario. Cháchara. Pero, si lo sé, si sé que puedo hacerlo, para qué hacerlo? Alcanza con eso, con saberlo. No es necesario escribir.

II

martes 28 

recién a las 21:00 llegaron los de la emergencia móvil
parecían astronautas del siglo de las sombras
eran tres
me tomaron la fiebre me auscultaron controlaron la saturación de oxígeno
–te llevamos
                      me llevaron
pude preparar mi bolsito: un piyama tres libros
tapabocas
y me acomodo en la negra silla de ruedas                    ahí vamos
al rato ya estaba sentado en la emergencia sillón negro
me enchufaron la vía en el brazo derecho
mi respiración seguía deficitaria
–te vamos a pasar a sala aislada para hacerte el test
ya casi se terminaba el día 

miércoles 29

mi sillón seguía negro y no era mío
pero yo sobre él seguía esperando
sin pegar ni medio ojo hasta las 09:00 de la mañana
me pasan a sala aislada
abandono el negro sillón
me hacen el test
–sí, duele un poco, si lagrimeas es que está bien realizado
joder
pues bien           llega el desayuno me como el primer libro
el almuerzo la merienda y antes de la cena liquido el segundo
el médico me informa que dio negativo 
:no tengo coronavirus
sí     una infección en mi pulmón derecho
–te vamos a pasar a sala común
–no me puedo quedar acá, que estoy tan bien?
–no, se necesita esta sala, vas a una común
joder
no quiero
me pongo nervioso
no quiero mudarme
se hace tarde
entrecierro los ojos me duermo me despierto me sobresalto tiemblo 
estoy muy nervioso
cansado
pasan los minutos las horas se termina
el día a las 23:45 pregunto y la enfermera (una cualquiera
con tapabocas son todas casi iguales) me dice
–acuéstese nomás
tardo en aflojarme
me duermo 

jueves 30

sigo aislado en la sala
luego del desayuno llega el médico me dice
–te vas para tu casa con internación domiciliaria
lo mejor que me puede pasar
armo mi bolsito me queda sólo un libro
lo liquido de puro contento
viene el almuerzo y nada        la merienda y nada
mi esposa me manda un mensaje
–vinieron a traerte el oxígeno
ok, yo todavía en la sala
una hora más tarde es mi hija martina que me manda un mensaje
–pá           vinieron dos enfermeras a pasarte el antibiótico
ok y yo todavía en la sala
viene la cena
                      me como la cena
a las 23:45 pregunto
–me quedo, no?
–no, usted es el próximo traslado
–a esta hora?
–sí, a esta hora
ok
pasa un rato
dos        tres         cuatro
viernes primero
primero de mayo
vienen a buscarme
me tengo que poner túnica tapabocas gorro
y sentarme en una silla de ruedas
vamos para el ascensor
me voy
                llegamos
la ascensorista nos dice
–me parece que los camilleros se fueron
no puede ser
llaman por teléfono

         se fueron a llevar a otro paciente
me devuelven a la sala
pasa otra hora limpiamente
me viene a buscar otra vez parece que me voy
llegamos
llaman al ascensor: nada
vuelven a llamar: nada
insisten: nada
golpean un poco la puerta del ascensor: nada
golpean más fuerte: nada
llaman por teléfono
la ascensorista nos está esperando en el quinto piso
nosotros estamos en el cuarto
al fin llega
                    me voy
el ascensor baja raspando la cueva negra
me indican que suba a la ambulancia
abandono la negra silla de ruedas
subo
arranca
bulevar artigas
qué raro no dobla por rivera
doblará por maldonado pienso, no
sigue de largo
no entiendo porqué carajo alarga tanto el camino
paciencia, será una vuelta más
ya son las 01:45
bulevar hasta el final     club de golf     zorrilla     la rambla
derechito derechito por la rambla rumbo a la ciudad vieja
tiene que subir por alzáibar
no sube por alzáibar
sigue por la rambla se pasa
se recontra pasa
pasa la escollera sarandí sigue de largo se pasa
se mete a contramano por una calle
para
recula              marcha atrás
vuelve a avanzar por la rambla es decir a alejarse
se mete por otra
entrepara en cada bocacalle para mirar los cartelitos de cada calle
está perdido    muy perdido    totalmente perdido
para
le pregunta a unos pibes que están en la esquina tomando vino
             ese es mi barrio
le indican correctamente cuál es buenos aires
            ese es mi barrio
llego
estacionan en la vereda de enfrente
son las 2:30 de la mañana
frente por frente a la puerta de mi casa
yo con túnica tapaboca gorra bolsito e infección pulmonar
cruzo la calle
                           toco timbre para avisar que llegué
abro la puerta de calle
mi mujer corrió las macetas para hacer lugar a la silla de ruedas
no era necesario            no hay silla de ruedas
atravieso caminando el patio descubierto silbando la internacional
por las dudas no nos damos un beso
aunque hubiera sido necesario
mañana a las 07:00 vendrán
enfermeras a pasarme el antibiótico
a dormir
es necesario           me digo