Gracchus

Se da comienzo a la zona más gabinete de escritura del sitio, ello fue explicado en la sección “cartografía” pero puede estar lejos y ayuda una segunda lectura; es la exposición de uno de los proyectos en rodaje. Siempre hay varios en la vuelta, el que se piensa cada día siendo imposible bajar al gesto escrito, el cauto fluyendo tentando desembocar en libro, otro trancado hace meses pues la recta final presenta obstáculos para alcanzar la resolución y el denominado GRACCHUS, designado para ser botado de “el astillero”. Esto es comentario, el original es el otro apartado y puede leerse sin pasar por las notas.

Lo avancé porque contiene, desde su concepción, un acento incertidumbre / certeza en cuanto a su futuro. Sin ser ensayo clásico retoma problemas relativos a la persistencia de Kafka. El formato lo distancia de la ficción tradicional, narra igual peripecias que se desatienden y recuerda que la escritura cuenta su propia crónica inédita. Tiene algo de mandato sin resistencia de mi parte, fue escrito asumiendo la improbabilidad de la edición, conozco las objeciones: Kafka se estudia poco y recién aparece al final de los programas de enseñanza, entre tantos otros, la ficción retrocede ante la autoayuda, testimonios de vida y manuales de yoga para debutantes, en cuanto a la crítica literaria… ¿El cazador es un detective recurrente, otro mutante dotado de superpoderes? Claro que no, pero ¿por qué frustrar un crucero recordando la juventud feliz en el intento? Obsesión de la armonía y coherencia, necesidad de confirmar opciones, defensa del camino: túnel excavado el siglo pasado, si bien entrada y salida pudieron que el tren de mercancías cambie durante el trayecto. 

Debí buscar en viejos CV con carbónico hasta hallar la referencia, Editorial Técnica, encargo de Jorge Liberatti que dirigía la colección y 1974. El trabajo se titulaba “Kafka. Introducción y análisis de La Metamorfosis.” Podría decirse que era una osadía, acepto la socarronería de hybris barrial en cuanto al reto para el cual me faltaba preparación. Lo recuerdo diferente: deseo de tomar el atajo, acelerar tiempos y acariciar la erótica literaria, premura por robarle el fuego a las divinidades. La figura del praguense cumplía una función metodológica; se encarnaba, tenía rasgos reconocibles entre cien. Tomé su figura como doble cursor en el espacio y el tiempo, un signo de prudencia ante la creación propia por aquello que escribió Ludwig Wittgenstein: “los límites de mi lenguaje significan los límites de mi propio mundo.” 

Es eso de proponer un patrón de medida el asunto es complicado, considerando meridanos, una gota de agua, velocidades de la luz y partículas de la física cuántica; esa dificultad no debía ser excusa para abrir las puertas a la comodidad. La literatura era la obra, gestos de vida y anarquía de maqueta inconclusa: lo que queda es fragmento –metro de muestra, aleación de platino e iridio en Sèvres- potencialidad de la escritura kafkiana y la muerte es parte de la obra. En cuanto al tiempo, el asunto era más radical, la inspiración antes del virus perdió la angustia de la página en blanco, el valor que recupera cotizaciones es el olvido y el temor a la obsolescencia. ¿Cómo y por qué Kafka perdura? Una sinergia textual y operaciones secretas de supervivencia es lo que marca la rareza; objeto de mis dudas cuando vi la barca del cazador Gracchus acercarse a Montevideo. Ocurre con otros en menos medida, Kafka es literario antes de haberlo leído, todos lo leímos sin haberlo leído, su atracción es asimétrica y asmática. Otros escritores tienen novias, pero nada igual a Felice y Milena, el gesto al escribir “el veredicto” en una noche es escena fundadora y hasta los ratones conocen la orden de quemar sus papeles dejada por escrito. Los relatos breves son iluminaciones, las novelas inconclusas, la correspondencia retenida va en un solo sentido y los diarios más que contar la vida, transfiguran el cuento de la obra que sucede en el cuaderno de junto. Alteró la poética del retrato fotográfico en las tomas conservadas y encumbró la tuberculosis al rango de tragedia cósmica.  

La decisión de sus temas es de por si la mayor revolución de la narrativa, un Tarot ocultista con sus arcanos mayores donde se predice el futuro de la novela: entrar al castillo inaccesible / arquitectura edilicia de la Ley / metamorfosis del cuerpo humano / sentencia escrita mediante una máquina con agujas / Josefina la ratona cantora / el cazador Gracchus / la Praga “de” Kafka / comediantes judíos que sueñan con Sion / condena del cuerpo y el pecado original / los cafés mirando al Moldava / puentes sobre el río que arrastra mi patria / literatura menor dentro de la lengua alemana / lugar de trabajo como madriguera y laberinto / accidentes de trabajo con mutilación / la paternidad y sus conflictos / trenes con locomotoras y vagones / anillos de compromiso y la noche de bodas Walpurgis postergada / amistades turbulentas del círculo de Praga / diagnósticos de la tuberculosis / tarifas de los sanatorios italianos / horarios ferroviarios y sus correspondencias / angustia có(s)mica a la espera del cartero… Lo suficiente para colmar una vida; un estudiante uruguayo por razones entendibles elige “la metamorfosis” como objeto de estudio y conoce la intromisión del horror fantástico en el corazón de la familia; para concebir algo de lo que allí ocurre hay que ir a Praga y es lo que hice. Con “el cazador Gracchus” es todo lo contrario: Kafka viene hacia nosotros; el malogrado – en un Bardo Thödo con vela extravió la conexión en el viaje a la muerte- hace contrapunto con la danza del judío errante que pasó por Praga. Su cuerpo en suspensión navega por los mares y el barco se detiene en los puertos; a su llegada ocurre un ceremonial convocando a todas las potencias de la naturaleza. 

Hablamos de textos y paratextos, noción que fui apreciando con el paso de los años; también de otras pistas –no exclusivas- que a mi parecer entran en consideración en la interrogante literaria: resistencia contra obsolescencia y olvido / el hilo de Ariadna de la lectura generación tras generación / mitología biográfica exenta de cualidades hasta metamorfosearse en personaje / estrategia de escritura arborescente: manías, bifurcación, rituales, manuscritos, etc. / todas las traducciones la traducción / lugares de la obra, memoria y peregrinación / destino critico previsto, premeditado y casual / historia analítica de las ediciones / textos periféricos: correspondencia, diarios, artículos, panfletos… / relación con el aparato crítico comprendiendo la teoría literaria / filiación de precursores y sucesores en el oficio. Eso en cuanto al origen, pensando en la articulación el plan apareció hace un par de años. 

Le estaba dando vueltas después de varios años a la escritura de la versión IV del proyecto “Nunca conocimos Praga”, era necesario abrir líneas temáticas. Algunas se incorporaron bien al proyecto, otras se independizaban; curiosamente, en lugar de obligar a un descarte de materiales inducían a ampliar el equipaje. Llamo aquí equipaje ligero a la suma de lecturas, consultas, libros nuevos, biblioteca finita y referencias que constituyen la base de información para la escritura de un proyecto. Así se formó, quedaba fuera de Praga IV y menos tenía autonomía para ser ficción exógena: sumaba meteoritos apuntando al escritor, era texto espejo, visión traducida coral con voces de otros, algo nuevo respondiendo a la búsqueda de la enumeración previa.

Después se va sabiendo, pero a los puntos estimados más atrás podría agregarse -en Kafka, “la metamorfosis” y más- el extraño caso de las traducciones de la novela, urdiendo los componentes de una intriga policial con enigma. ¿Quién es “autor” de la primera traducción al castellano? El complot incluye, entre otras instituciones la editorial Losada y la Revista de Occidente; rondan seudónimos y alteraciones de personalidad, usurpaciones de nombre, testigos silenciados y otros de poco fiar. Olvidos con perfume de mentira, manipulación por inadvertencia de pruebas, seudónimos y usurpaciones de identidad. Todo ello podría llamar a una sonrisa irónica si no fuera porque, en el centro del dispositivo -manes amenazantes de Fantômas, Moriarty, Fu-Manchu y Erdosain- no estuviera Jorge Luis Borges. Cajas chinas laqueadas dentro de muñecas rusas, deslizadas en el Emporio celestial de conocimientos benévolos y manipuladas por el brazo válido de René Lavand. Podría intentar resumir el asunto, sería un error de mi parte llevándonos a otros dominios; a las almas interesadas por el asunto, los remito a los trabajos de Cristina Pestaña Castro, Nina Melero y en especial el ensayo definitivo del querido profesor Juan Fló. 

La primera traducción de la metamorfosis de Kafka tiene ese aire de incertidumbre que comparten la madre de Gardel, la foto de Isidore Ducasse, los sonetos de Shakespeare y la identidad alquímica de Fulcanelli. En cambio, yo sí conocí al único traductor uruguayo de la metamorfosis que fue Héctor Galmés. El juego de coincidencias necesarias para que ello ocurriera en el cálculo de probabilidades y que yo pudiera estar redactando este párrafo me resulta vertiginoso. Héctor hablaba alemán, era un profesor admirable, escuchaba tangos de Julio de Caro y se reía al oír las voces de “el monito”. La traducción fue publicada en 1975 en ediciones de La Banda Oriental.

Un sábado Ricardo Piglia escribió: “A la vez el traductor se instala en los bordes del lenguaje y parece siempre a punto de escribir en una tercera lengua, en una lengua inventada, artificial. En ese sentido la traducción es uno de los medios fundamentales de enriquecimiento y de transformación de la lengua literaria. No se trata únicamente del efecto de las grandes traducciones (digamos, el Faulkner de Borges; el Kafka de Wilcock; el Nabokov de Pezzoni; el Mailer de Canto; el Sartre de Aurora Bernárdez, el Chandler de Walsh, para nombrar algunas) y de su influencia en el horizonte de los estilos; es preciso tener en cuenta también la marca de las “malas” traducciones: con su aire enrarecido y fraudulento son un archivo de efectos estilísticos. El español sueña allí con todo lo que no es y actúa como una lengua extranjera.” Buena parte de la formación docente, tanto en relación a textos como en aspectos teóricos (los formalistas rusos citados por Piglia) es asunto de traducción. Sin traducción jamás llegaríamos al conocimiento primero y al aura de incertidumbre en otras lenguas después; con la traducción perdemos palabras por el camino y a veces se pueden ganar en eficacia. ¿A quién leemos cuando leemos Kafka en castellano? ¿Podemos decir yo leí a Kafka? 

Toda una rama de la filología se lanza en esa cruzada y con tribulaciones; es la traductología, hay que volver a “Bajo la invocación de San Jerónimo” de Valery Larbaud sobre el santo patrón de los traductores, que pasó la Biblia de manuscritos al latín. Todos los lectores debemos ir una vez en la vida en peregrinación a Santa Cecilia del Trastévere. Otra clave –a mi entender- en cuanto a problemas y perímetros de la traducción, la hallé en otra cultura donde el libre lo es todo. Dentro de la civilización musulmana una cuestión combustible si las hay, es la traducción del Corán, donde se alinean el riesgo del texto original y la oportunidad de llevar la palabra a otros pueblos. Esa controversia es tan antigua como las suras y aleyas; en un momento de la modernidad, se teorizó la empresa con bases que hallo sugestivas para nuestro asunto. “Mustafá al Maràgi, jeque de el-Azhar, el más autorizado centro de enseñanza religiosa en el mundo islámico, con más de mil años de existencia en El Cairo, propuso emprender una serie de traducciones del Corán garantizadas por la autoridad de tan famoso centro docente. Al-Maràgi obtuvo que diez y siete grandes ulemas y otros muchos de al-Azhar firmaran una fatwà, parecer razonado, favorable, declarando que tal traducción era licita según la sari’a, ley canónica. Los considerandos eran:

1) No hay duda de que el nombre del “noble Corán” define la redacción árabe hecha descender a nuestro señor Mahoma.

2) Es igualmente indiscutible… que la traducción literal es imposible.

3) Existen traducciones hechas en varias lenguas fuera del islam; esas traducciones contienen muchas inexactitudes, y, sin embargo, sirven a musulmanes y a no musulmanes que no saben el árabe.

4) Es del caso, pues, emprender una traducción conveniente, advirtiendo bien claro que esa traducción no es el Corán, ni posee la virtud del Corán… Es sólo el resultado de esfuerzos para dar a conocer el Corán.”

(Félix M. Pareja “La religiosidad musulmana” B.A.C. Madrid, 1975.)

Al menos de ser el intérprete absoluto de la Torre de Babel para evitar la confusión, las reflexiones sobre literatura deben considerar cuestiones de traducción y aceptar el límite de los esfuerzos… Si hay movimientos en los llamados libros sagrados, si existe en las Universidades el Departamento que trasmite esa disciplina, significa que falta –nunca habrá- un paradigma o modelo que pueda aplicarse de manera general y cada traducción inventa su estrategia propia repitiendo las inexactitudes. El proyecto Gracchus está en el centro del reactor traducido y necesitó una estrategia que será ampliada dentro del libro. Ello, en el entendido de que buena parte de las fuentes consultada están en alemán; no domino el alemán para tentar una traducción directa y me llevaría la vida que no tengo conocer los matices, sin la garantía que al final de los afanes el resultado sea convincente. Existe en el inicio el texto en alemán, debo recuperarlo y trabajarlo en mi propia lengua: que es lo que yo creo que es K cuando leo a Kafka. El método más que por la traducción, pasó por la reescritura y ese desajuste todo lo cambia. Comencé con el cotejo de versiones en las lenguas latinas que leo más o menos bien: español, francés e italiano. De ahí salió un texto que sería el dominio de coincidencia de las lenguas referidas; luego contacté al traductor espectral que asistió al despertar castizo de Gregorio, de cierta manera esa iniciativa me tranquilizó el espíritu, aportando al procedimiento un aura Pierre Ménard. Ese enroque no lo confieso en el libro ni jamás lo repetiré fuera de esta oración. De la confrontación de esas dos, salió una tercera versión que quedó durmiendo un tiempo. Fue necesaria luego la corrección final como si fuera un editor, reescribiendo a mano para que me sonara a mí y mi espacio socio lingüístico. Más que maniobra de orfebre es acto espiritista: escuchar la voz del traducido llegando del Sheol.