La menor

La menor

Una primera razón de La menor sería simple de explicar: si continuara dictando cursos y tuviera que explicar a los alumnos las estrategias narrativas de Kafka, el factor diferencial de la literatura uruguaya y mi manera de encarar la metodología crítica, les hubiera entregado una fotocopia de este capítulo de Gilles Deleuze y Félix Guattari del libro “KAFKA por una literatura menor”. Acaso dos o tres entre los curiosos y decididos lo habrían comprado por Internet, para tener en sus manos la obra y revelación saliendo directo del interior de la máquina kafkiana. La razón compleja requiere otras aclaraciones: “Gracchus” propone una visión panorámica clasificando las lunas rodeando el astro Kafka; también una operación de abordaje para espiar la tecnología utilizada, adaptando en secreto algún instrumental microfilmado a mi proyecto. El camino que llevó a este arbitraje tiene varias escalas. 

La primera fue el asiento del diario del escritor el 25 de diciembre de 1911; el mundo creyente en la inmaculada concepción festejaba navidad, mientras las potencias europeas se armaban para la primera guerra mundial: Gavrilo Princip tenía diecisiete años. Ese día con reacción inmediata de escritura apodíctica, fatiga por la visión y agotamiento mental, Kafka tuvo la intuición de la literatura menor como concepto: practica literaria de grupo marginal dentro de una lengua dominante. En los diarios hay consideraciones de actitudes, estilos, temáticas y tradiciones heterodoxas, pero esa noción tuvo la virtud de interpelarme por dos razones que se volvieron personales. Era así precursor con diferenciación política y sociolingüística al famoso “desde donde se habla”; que hacia los años sesenta del siglo pasado se circunscribía a la ideología, militancia política y luego proliferó en reivindicaciones sectoriales. Ello una vez integrada la sonada crisis de los grandes relatos, siendo sexualidad, religión y búsquedas chamánicas, post colonialismo, post modernidad, género vs. naturaleza, industrialización de la cultura y trans humanismo asociado a tecnología los más recurridos -la lista es senza fine…- en el dialogo critico social, si bien en los campus esa tendencia prolifera. Ese buscar y definir el lugar desde donde se escribe saliendo de los esquemas que con facilidad se le atribuyen -judío, tuberculoso y depresivo, novio de Felice y redactor de testamentos incendiarios, entre otras-, es de enorme pertinencia. Más allá del asunto temático que podría sofocarlo e impedirle tomar distancia, ocurre el 25 de diciembre una toma de conciencia sublimada, “estado previo” a escribir que puede iluminar su irreverente búsqueda del posible plural en varios soportes, siendo la condición de producción -materialismo histórico aplicado al relato- premisa para permitirse lo que viene después de innovador. 

Luego fue la duda sobre si podía aplicarse a parte de la literatura uruguaya; tarea laboriosa entre dos enormes potencias fronterizas, ese afán por salir a identificarse -siendo lo cubano potente cursor revolucionario- con otras modalidades latinoamericanas y recordando el marco del español lengua mundial; ondas del destape post franquista, movida madrileña con chicas Almodóvar y apoteosis olímpica en Barcelona -cruce entre Pepe Carvalho y Freddie Mercury en dúo con Montserrat Cavallé- incluso este ejercicio Gracchus de interés por otra literatura. Situación geométrica / lingüística estimulante (¿dónde comienza la literatura menor?) que explicaría a Horacio Quiroga, la excentricidad de Isidore Ducasse, la reactualización del término “raros” ensayado por Ángel Rama y que tiene en Mario Levrero su avatar reciente.

La navidad de 1911 Kafka propuso también un esquema cifrado que se parece a un libro futuro, al índice de materias de una teoría / practica de la literatura menor. Muchos años después, en 1975 (mal año para la cultura uruguaya y el país) Deleuze y Guattari se propusieron llenar ese vacío, Hacer el libro ausente o responder, con el ejemplo de “otras” literaturas menores, al “espacio” asumido por Kafka en el territorio de la lengua alemana. El libro es típico de la época donde los dominios del saber se buscan y sostienen tramando la red del sentido, compartiendo interrogantes y erudiciones operativas. Ahora parece lectura dificultosa, en los años setenta del siglo pasado era el mejor camino para el avance de las disciplinas implicadas; lo leo mientras corrijo con nostalgia de la crítica literaria de formación y que tenía claro el objeto de estudio, la axiología emanada de la evidencia y ponía la totalidad del esfuerzo al servicio del texto. Es claro por momentos cierto exceso, pero cuando los cruces funcionan aportan conclusiones que se adquieren por siempre: psicoanálisis, política internacional, sociología del saber, geopolítica cultural, lingüística, semiótica y cibernética, literatura comparada. La lectura del ensayo teórico con notas y subrayados, tenía por objetivo facilitar la entrada en la obra, desactivar resistencias de la ignorancia evitando la mediocridad, comenzar a entender la complejidad del misterio: el que quiera lo difícil tendrá dificultades, nos decía Medina Vidal en sus cursos citando los apóstoles. 

Si continuara dictando cursos y una vez repartida la fotocopia del Capítulo 3, hubiera preguntado en el control continuo: ¿podría definir con sus palabras una “literatura menor” y enumerar al menos tres características que proponen los autores? Después vendría la operativa de adaptación considerando la literatura uruguaya, pero eso ya es otro cantar.