5) La menor

Una primera razón de La menor sería simple de explicar: si continuara dictando cursos y tuviera que explicar a los alumnos las estrategias narrativas de Kafka, el factor diferencial de la literatura uruguaya y mi manera de encarar la metodología crítica, les hubiera entregado una fotocopia de este capítulo de Gilles Deleuze y Félix Guattari del libro “KAFKA por una literatura menor”. Acaso dos o tres entre los curiosos y decididos lo habrían comprado por Internet, para tener en sus manos la obra y revelación saliendo directo del interior de la máquina kafkiana. La razón compleja requiere otras aclaraciones: “Gracchus” propone una visión panorámica clasificando las lunas rodeando el astro Kafka; también una operación de abordaje para espiar la tecnología utilizada, adaptando en secreto algún instrumental microfilmado a mi proyecto. El camino que llevó a este arbitraje tiene varias escalas. 

La primera fue el asiento del diario del escritor el 25 de diciembre de 1911; el mundo creyente en la inmaculada concepción festejaba navidad, mientras las potencias europeas se armaban para la primera guerra mundial: Gavrilo Princip tenía diecisiete años. Ese día con reacción inmediata de escritura apodíctica, fatiga por la visión y agotamiento mental, Kafka tuvo la intuición de la literatura menor como concepto: practica literaria de grupo marginal dentro de una lengua dominante. En los diarios hay consideraciones de actitudes, estilos, temáticas y tradiciones heterodoxas, pero esa noción tuvo la virtud de interpelarme por dos razones que se volvieron personales. Era así precursor con diferenciación política y sociolingüística al famoso “desde donde se habla”; que hacia los años sesenta del siglo pasado se circunscribía a la ideología, militancia política y luego proliferó en reivindicaciones sectoriales. Ello una vez integrada la sonada crisis de los grandes relatos, siendo sexualidad, religión y búsquedas chamánicas, post colonialismo, post modernidad, género vs. naturaleza, industrialización de la cultura y trans humanismo asociado a tecnología los más recurridos -la lista es senza fine…- en el dialogo critico social, si bien en los campus esa tendencia prolifera. Ese buscar y definir el lugar desde donde se escribe saliendo de los esquemas que con facilidad se le atribuyen -judío, tuberculoso y depresivo, novio de Felice y redactor de testamentos incendiarios, entre otras-, es de enorme pertinencia. Más allá del asunto temático que podría sofocarlo e impedirle tomar distancia, ocurre el 25 de diciembre una toma de conciencia sublimada, “estado previo” a escribir que puede iluminar su irreverente búsqueda del posible plural en varios soportes, siendo la condición de producción -materialismo histórico aplicado al relato- premisa para permitirse lo que viene después de innovador. 

Luego fue la duda sobre si podía aplicarse a parte de la literatura uruguaya; tarea laboriosa entre dos enormes potencias fronterizas, ese afán por salir a identificarse -siendo lo cubano potente cursor revolucionario- con otras modalidades latinoamericanas y recordando el marco del español lengua mundial; ondas del destape post franquista, movida madrileña con chicas Almodóvar y apoteosis olímpica en Barcelona -cruce entre Pepe Carvalho y Freddie Mercury en dúo con Montserrat Cavallé- incluso este ejercicio Gracchus de interés por otra literatura. Situación geométrica / lingüística estimulante (¿dónde comienza la literatura menor?) que explicaría a Horacio Quiroga, la excentricidad de Isidore Ducasse, la reactualización del término “raros” ensayado por Ángel Rama y que tiene en Mario Levrero su avatar reciente.

La navidad de 1911 Kafka propuso también un esquema cifrado que se parece a un libro futuro, al índice de materias de una teoría / practica de la literatura menor. Muchos años después, en 1975 (mal año para la cultura uruguaya y el país) Deleuze y Guattari se propusieron llenar ese vacío, Hacer el libro ausente o responder, con el ejemplo de “otras” literaturas menores, al “espacio” asumido por Kafka en el territorio de la lengua alemana. El libro es típico de la época donde los dominios del saber se buscan y sostienen tramando la red del sentido, compartiendo interrogantes y erudiciones operativas. Ahora parece lectura dificultosa, en los años setenta del siglo pasado era el mejor camino para el avance de las disciplinas implicadas; lo leo mientras corrijo con nostalgia de la crítica literaria de formación y que tenía claro el objeto de estudio, la axiología emanada de la evidencia y ponía la totalidad del esfuerzo al servicio del texto. Es claro por momentos cierto exceso, pero cuando los cruces funcionan aportan conclusiones que se adquieren por siempre: psicoanálisis, política internacional, sociología del saber, geopolítica cultural, lingüística, semiótica y cibernética, literatura comparada. La lectura del ensayo teórico con notas y subrayados, tenía por objetivo facilitar la entrada en la obra, desactivar resistencias de la ignorancia evitando la mediocridad, comenzar a entender la complejidad del misterio: el que quiera lo difícil tendrá dificultades, nos decía Medina Vidal en sus cursos citando los apóstoles. 

Si continuara dictando cursos y una vez repartida la fotocopia del Capítulo 3, hubiera preguntado en el control continuo: ¿podría definir con sus palabras una “literatura menor” y enumerar al menos tres características que proponen los autores? Después vendría la operativa de adaptación considerando la literatura uruguaya, pero eso ya es otro cantar.

6) M. Brod

Decidirse por transcribir parte de la correspondencia de Kafka con Max Brod tiene justificaciones válidas en la tradición critica: MB es sombra indisociable al autor, a veces un doble romántico hipotético, hasta hermano gemelo parido por la misma ciudad. Juntos desde los veinte años, Brod participo de las primeras aventuras de la educación literaria del grupo, asume un destino sionista, escribió la primera biografía de Kafka, está en la herencia simbólica y concreta de los papeles y fue el último correspondiente de Kafka el 25 de mayo de 1924. Esa cercanía tiene inconvenientes -además de críticas de Walter Benjamin- cuando intervienen las variaciones complejas de la amistad al compartir viajes, planes novelescos, preocupaciones espirituales relativas a la tierra prometida, ámbito social, Praga, creencias y temores del folklore Golem sin palabras, confidencias sobre amor y sexualidad. MB fue escritor -lo que dificulta las cosas; esa cercanía es cruel cuando suela la lectura severa de la posteridad. La fantasía llevó al cine esa proximidad creativa rival -con tintes exagerados e inexactos- entre Mozart y Antonio Salieri; algo similar se evoca en “El malogrado” de Thomas Bernard: un grupo de muchachos de Viena asiste al seminario de Vladimir Horowitz en Salzburgo en 1954; para cualquier pianista sería una emotiva escena fundadora, ello si uno de los participantes no hubiera sido Glenn Gouid. Cuando se escucha al canadiense atacar el Aria de las variaciones Goldberg por primera vez, alguien, con criterio y educación musical, entiende todo sobre sus perspectivas en la escena pianística. El Steinway & Sons de concierto se transforma en enemigo, hay que exiliarse a la calle del Prado en Madrid.

El camino emprendido para las cartas a MB es el mismo de otras secciones del proyecto Gracchus. La imponente edición alemana inaccesible como el Castillo, un par de traducciones al francés y español; luego la tarea de elegir algunas pocas misivas y desterritorializarlas en su contenido, pasándolas de lenguas dominantes a códigos de nuestra literatura menor, queriendo advertir a los que vienen detrás en la Banda Oriental: la literatura es por ahí. El criterio de la breve selección trató de rescatar cierta ligereza de espíritu, sobre todo cuando el que escribe es Franz; luego está el Kafka de la madurez y ganado por lo inexorable de la enfermedad. Bacilo de leyenda de otro K con incremento de síntomas, tratamientos médicos, radiografía X del mito expectorando sangre e incubaciones laboriosas del mandato de quemar parte de la obra. Al respeto siempre se incursiona en especulaciones que reclaman una fe ciega en las divinidades de la literatura; incluso, al parecer, la famosa carta del 29 de noviembre de 1922, fue escrita sin ser enviada, el destinatario la encontró años después, entre otros papeles, cuando, al decir popular, él había traicionado un pedido del muerto y que nunca recibió… Esta paradoja con remitente y el mensaje imperial que nunca llega, metaforizando la burocracia del imperio austro húngaro, son variaciones ejemplares de situaciones kafkianas hasta la última línea. 

Desde muchacho, más que detectar fallas del Correo Imperial o especular sobre fisuras emotivas de la amistad, lo que me interesaba era la relación entre literatura y fuego. Kafka retoma en lo privado, en el mundo del hombre sin cualidades y deshumanizado de la era industrial la quema de bibliotecas, la destrucción del libro. Esa dependencia entre soporte frágil de lo escrito y fuego viene desde la leyenda de Alejandría, más cerca nuestro el incendio en “El nombre de la rosa” para destruir el segundo libro de la Poética aristotélica sobre la risa, denostado por el antiguo bibliotecario ciego Jorge de Burgos. Lo ocurrido en Berlín el 10 de mayo de 1933 -Kafka estaba en la lista de la quema- fue un evento terrible de la serie y anunciaba “Fahrenheit 451” editado veinte años después. Creación y destrucción, el ciclo del dios Shiva se repitió entre los judíos de Praga, sin embargo algunos relatos escaparon a las llamas del círculo de fuego.

7) Zürau

    En la barca mortuoria del cazador Gracchus cuando amarró en Montevideo, entre la carga destaca una caja laqueada conservando hojas sueltas que se conocen bajo el nombre de “Los aforismos de Zürau”. El cuento de los textos, así como su avatar de publicación, más cuando Roberto Calasso asumió la misión está en “El índice Moldava”; nos resta evocar unas pocas observaciones al respeto, motivos de su incorporación al libro, estrategias y dificultades de lectura, obsesión por esa escritura.

   Partiendo del aforismo y cierta geo lingüística, estaríamos ante otro género menor dentro de una literatura menor; como ya glosamos la noción, sumemos la conciencia de traducción menor en un circuito receptivo menor y nuestra usurpación: en las traducciones al castellano leídas sentía algo extranjero a mi condición oriental, trabajé pues sobre los textos a mi alcance tentando no una versión mejorada sino la satisfacción del contento conmigo mismo. Así entendía esas sentencias y como tales deseaba fijarlas, por momentos quise aclarar el sentido y seguro propuse el contra sentido de la lengua original. En un aforismo entre la versión a, b o c elegí las tres, en otros luego de varios intentos admití que lo incomprensible estaba en el original K y dejé que se instalara sin forzarlo. Me intrigaba la forma breve concentrada, la Ley concisa que -junto a novelas inacabadas- la literatura asoma mediante modalidades minimalistas, fragmentos ante la intemperie de fantasmas personales, herencia monoteísta circuncisa, ciudad embrujada por el ghetto donde ronda el Golem y asedios de la sexualidad; manuscritos, diarios, confidencias, notas, correspondencia, conversaciones, cabaret literario, diagnósticos armando en su entropía el laberinto de la trama kafkiana.

   Era sensible a esa analogía sin misterio pero desbordante de significado entre corpus literario y el cuerpo del Dr. Kafka. Evoco la silueta esotérica cruzando los puentes del Moldava, la epopeya en incertidumbre de los retratos que de él se guardan, fotografías que debiendo aclarar misterios paradojalmente lo acentúan. Luego el cuerpo concreto: 1m 82 especialista en accidentes del trabajo, temblor ante otro cuerpo en la intimidad femenina y preferencias antropométricas en cuanto a prostitutas. El cuerpo donado casi a la ciencia médica para una serie interminable de exámenes, la piel donde es tatuada la sentencia de muerte, cuerpo animalizado y metamorfoseado. Finalmente enfermedad diagnosticada, origen del viaje a Zürau a casa de la hermana, revelación y cuestión a la cual los aforismos son respuesta en tanto cursor existencial y combustible del furor final de la escritura. Luego lo retenido por la crítica, fragmentos inevitables para conocer fórmulas finales de la literatura, recetas secretas y protocolos heredados entre los iniciados, mecánica codificada y desafiante. Nadie puede afirmar que avistó la Literatura hasta desmontar, rearmar y conocer el funcionamiento del artefacto Zürau. Uno puede permanecer indiferente a ese llamado pero convengamos que se trata de un combate terrible que se repite, viaje de los Argonautas tras el vellocino de oro, una temporada en los infiernos florentinos y de la absenta, aquella charla con Irineo Funes en los arrabales de Fray Bentos, haber estado en la venta trasegando vino cosechero cuando llegó el lector del Amadís y enemigo del sabio Frestón. Acercarse a los textos Zürau es pasar hacia una de las experiencias últimas de la literatura; una vez habiendo regresado al punto de partida, nada será igual.

   Después esta lo dicho en esos papeles manuscritos, lo textual habitando el dispositivo sobre la condición humana e interrogantes sagradas, consideraciones sobre el estar en el mundo y el ser en el mito. Del otro lado del espejo pulmonar se halla el enigma del presente: yo aquí escribiendo lejos del mundanal ruido y colonizado por la enfermedad. Horizonte desprovisto de interés y el silencio de los animales, conciencia de familia en casa de mi hermana, los años que tengo (34) cuando llegué a Zürau y los meses (74) que restan de vida cuando se marcha. Siendo la enfermedad unidad de medida hay un Kafka el antes y un después de esa estadía, alto necesario y lanzamiento por inercia asumiendo enfermedad y reflexiones sobre el mal: ronda espectral el programa (estético, obsesivo y literario) del doctor Kafka; su manera de estar en el mundo y la tradición, habitar un cuerpo afectado y hacerse cargo de la escritura resultante. Valorar la enfermedad mientras ella se hace carne en “mi cuerpo”, toda reflexión pretendiendo fijar una barrera sanitaria es artificial: el doctor Kafka escupe sangre.

   En Zürau declinan los planes juveniles, se inicia el noviazgo con la muerte no en tanto conciencia barroca del primer paso de la existencia sino como auscultación pulmonar. El sentido temporal se altera, horas, noches, ritos cotidianos y estaciones (siendo la reiteración cíclica de lo mismo) se modifican en la percepción personal. Lo fijo inmodificable impone un acomodo distinto, aquello que falta por escribir, que jamás escribiré y cómo lo dejo por escrito, lo vivido y lo que nunca viviré, despertarse una mañana luego de un sueño agitado sabiendo que la muerte se aproxima, nunca pisaré la tierra de Sion ni seré internado en un campo de la literatura mayor.

   Para quienes llegamos con atraso a la barca del cazador Gracchus, Calasso fue Virgilio (como lo fue en el Purgatorio del pensamiento mitológico de la India clásica); él emprendió la travesía a los manuscritos y regresó, recordó la fragilidad del soporte considerando la cuestión sobre si los aforismos son ficción o escamotean el pensamiento radical de Kafka. Debían estar en los avatares rioplatenses del malogrado Gracchus: todo escritor debe -al menos una vez en la vida- escribir los aforismos de Zürau en sus propios cuadernos.

8) Milena y yo

Es lógica impar matrioshkas y de cajas chinas en relación a Kafka: cuando estamos felices por conocer una dimensión de su obra resulta que hay otra criatura amenazante al interior y la tarea recomienza. En el Diario había afirmado (con gran densidad en 1913) una disposición patológica por la literatura, su ingreso vocacional en las órdenes narrativas haciendo de su vida y existencia una función sexta del lenguaje que -pudiendo ser poéticamente justificada- se transfigura en operativa de extrañeza inabarcable. Si decir literatura supone una dimensión de ficción y cotejo con proyectos históricos y contemporáneos, formular que todo pasa por la escritura es más comprensible. Forma parte de su singularidad y estrategia, la vida excusa para llevar un dietario, duplicar la sociabilidad con amigos o conocidos dando testimonio, la disciplina diaria de cartujo judío, donde las escenas fundadoras contienen la solución de un relato. La creación extenuante de novelas, la crónica de trancas y avances de esas mismas ficciones en apostillas dispersadas a propósito.

Lo mismo sucede con las enamoradas, donde la historia del encuentro, el efecto evolutivo y la sexualidad son -a la vez- una presencia de primer orden para hacer deducciones seudo psicológicas; y -tal vez la finalidad secreta- para experimentar desbordando una correspondencia en el sentido romántico del término hasta la creación de un género literario. La redacción de postales, telegramas y epistolarios es zambullirse a nadar en la piscina como cualquier enamorado con problemas y el salto del trampolín para la contorsión llevando a otros territorios. Donde los avatares de la vida amorosa se vuelven relatos que retoman la tradición y la renuevan; a las cuales les negamos – arbitrariamente- era condición pues del otro lado pernoctan personajes conocidos que conocemos por las fotos de época. La correspondencia es abundante, las novias se transfiguran en personajes de la historia moderna de la literatura, hay algo de egoísta e impotencia para el crítico pues tenemos sólo la versión masculina del asunto; Kafka sostiene que la correspondencia de Milena es de las cosas más bellas que le ocurrió en la vida y desconocemos la extensión de esa experiencia, quizá la historia está aún en movimiento y se encuentren manojos atados en valijas cerradas hace décadas.

La correspondencia a las mujeres cercadas puede arrastrar todo nuestro libro y devorarnos el proyectos, las fotos de Franz con Felice (la dos veces novia) son una maravilla viniendo de la literatura figurativa y su correspondencia vaticina la profundad catastrófica del compromiso y los prometidos. Dejo constancia que aquí faltan las cartas a Felice pues había que elegir… decidí Milena por llega en los momentos de la madurez. Ella está cuando el Dr. Kafka despliega lo más intenso de su producción de su obra, tiene un destino (me prometí alguna vez escribir sobre ella) terrible internada en un campo y creo que en esos años es ella la metáfora de Praga; sus líneas de conexión están más extendidas en la vida cultural praguense, política, mundanidad para que las sociedades funcionen y llevando una existencia relativamente apacible en relación a lazos familiares. ¿Por qué esas cartas y no otras? Los enlaces posibles eran infinitos, la identidad de “yo, la tradición y mis carencias en el imperio del mundo” fue trabajada, así como la obsesión del taller literario; me interesaba entonces la pulsión, tenacidad y estrategia destructiva del enamorado grafómano. Releyendo las cartas y subrayando casi en cada párrafo crece la admiración por la paciencia de Milena. Vemos el trazado ferroviario que va desde la impresión inicial hasta la despedida, desvelos confidenciales del escritor que podían aventar a cualquier otra mujer al fracaso, la lucha entre vida sentimental y horas de escritura; apuntes de una sexualidad que tomados en confesión tientan la ficción siendo llamador a interpretaciones reprimidas.

Luego me dejé llevar por dos percepciones finales fueron determinantes en mi situación. Uno es la cadencia y soporte de la correspondencia; retorno y escritura, reacción inmediata, dependencia enfermiza de estafetas, casillas de correo, buzones, horarios de entrega, recorrido de los carteros, fechas, papeles, cronologías y el resto porque la conversación escrita es un movimiento sin tregua que nunca se detiene. La correspondencia es invasión en dedicación total; al punto de urdir una relación absurda y obscena entre la cantidad de intercambio y lo exiguo de horas pasadas en la intimidad. La atención de Milena distante tocada por la enfermedad pulmonar y el cuerpo de Milena, temido en su desnudez por suciedades jamás explicitadas que Kafka sintió en su primera relación sexual. Leyendo la correspondencia con Milena entendí la razón simbólica por la cual la primera entrada de sus diarios hace referencia a un tren. Los planes del novio para encontrase con la enamorada casada, combinaciones de buses nocturnos y el laberinto del tendido vial ferroviario del imperio para salir de, ir hacia la “correspondencia” impuesta en estaciones perdidas en el espacio, llegar a destino con temor y temblor, negociando las escasas horas corporales en cuenta regresiva en hoteles (como la primera vez) son relato herido y test de pulsión delirante. Quizá todo lo anotado y la escritura diaria existe para saber que ella está allá viva porque responde, el deseo ambiguo de estar cerca sin tocarse y el rechazo, canjeando sobres por una convivencia insoportable responde a la mediación trágica del iluminado: cuando la vio por primera vez en el café de Praga, Kafka vio el 17 de mayo de 1944 de la bella muchacha traductora y trece años menor.

9) A kra PRA GA kra

Cuando uno aún ignora las retóricas de la ficción y está lejos de leer a Umberto Eco, Tzvetan Todorov y Mikhaïl Bakhtine tiene igual por otros medios nociones de la distancia entre realidad y ficción. Las primeras imágenes -en mi caso- están en la infancia, se asocian a memoria y credulidad, observación y enigmas. Nadie refuta la relevancia de las escenas fundadoras para la madurez de afectos y sexualidad, pero hay otros inicios ligados a la fantasía; en algún tiempo -en cursos de psicología del Instituto de Profesores- nos explicaban la importancia decisiva de los primeros cinco años para entender nuestra fatalidad existencial y la manera como afrontaremos los últimos cinco años de la vida. Leyendo testimonios, cartas y entradas al diario advertí que, tan importante como el trauma sexual debutante, la incidencia de los sueños, la carta al padre y el imaginario religioso judío había rondando en las preocupaciones de Kafka la noción de magia.

Lo tomé tal cual en la primera acepción, tampoco pretendí hacer un desvío simulando que quiere decir otra cosa, la magia tal cual: algo íntimo estructurante de la personalidad y el arsenal del escritor / la experiencia del espectáculo / relacionado a la magia (seducción, tradición ocultista y fatalidad histórica) de Praga / apuntalando la noción y gesto de ficción. De ahí interrogué si ella era forzosamente impuesta a mi proyecto o tenía una probabilidad de articularse más generosa. Un rápido ejercicio de introspección me llevó a evocaciones de la niñez cuando comienza la conciencia del ser, los primeros recuerdos fijados que pueda consultar el adulto, el aprendizaje de la lectura y el contacto con la ficción a través de revistas de historietas en la versión Tarzán y La hermandad de la lanza. Dos recueros diferente pues con denominador común. Cine Baby domingos de mañana en el cine Broadway de la Avenida 8 de octubre a doscientos metros de casa y donde programaban actividades recreativas para los niños del barrio!!! Antes del pájaro loco y tres capítulos de Flash Gordon con Buster Crabbe teñido de rubio, había la actuación en vivo de un mago aficionado. Olvide el encadenamiento de los números del vecino y los resumo a dos metonimias: pañuelos de colores y conejo en la galera, más inolvidables que el Emperador Ming del planeta Mongo. El El Diario de la noche que compraba mi padre recuerdo la página de historietas con el descubrimiento de otra zoología de criaturas dibujados. La presentación era un tríptico donde se fusionaba guion con perfiles, globos del decir parlante y recuerdo del comentario, otras ingeniosidades dando cuenta del sonido y la furia de la aventura en progreso. En esa galería -entre Kerry Drake y Benitín y Eneas- uno de los más recordados es el mago Mandrake, creado en 1934 -diez años después de la muerte de Kafka, los futbolistas uruguayos en Colombes y la muerte de Eduardo Arolas- por Lee Falk y Phil Davis. Después supe que al final se casa con Narda la asistente, que su residencia se llamaba Xanadú igual que la de Charles Foster Kane y que Fellini tenía un proyecto de filme, con el inolvidable Marcello Mastroianni en el rol principal.

Esas experiencias precoces me llevaron a dos convicciones sobre la magia y que se puede extender a otras actividades como la lectura donde intervienen el dios Zeus, el espectro del padre de Hamlet, el colmillo de Ganesh y la estatua parlante del padre de doña Ana. El pacto de lectura y la necesidad de creer aceptando el prodigio para que la magia opera; que todo acto de magia responde a un truco y debe mantener el secreto. Esa equivalencia la trasladé a estas secciones del proyecto Gracchus, pues la vida de Kafka coincide en la historia con el auge de la magia espectáculo. Para hacer vivir el prodigio es necesaria una tecnología respondiendo al credo y un hipnotismo colectivo, acción alienante sobre las mentes receptivas que se extiende de la platea al teatro de la sociedad. Incluso pueden intentarse herejías de teletransportarse mientras se dice abracadabra, desaparecer una jirafa como en “La grande bellezza”, abrir las puertas de la muerte y hablar con los muertes queridos.

Probé de ver si esa noción de magia podía aplicarse asimismo al corpus de una literatura admirada, como era el caso de Borges y el truco funcionó con variaciones: los pañuelos eran celestes y blancos, el conejo parecía ciego y asistimos al prodigio alquímico de ver salir del fondo de un magma de ficciones a la ciudad de Praga.

10) Lilia Pedibus Destrue

Para no excedernos en los ejemplos -todos conocemos lo relativo a Lisboa y los heterónimos de Pessoa- me limitaré a recordar la fusión existente entre Dublín y James Joyce para entender y comenzar a leer la novela contemporánea; que tiene como una de las líneas determinantes la entropía entre el autor, una de sus novelas y la ciudad sublimada. En “El cazador Gracchus amarra en Montevideo” o en cualquier libro que trate o evoque, aunque más no sea de forma indirecta la obra de Franz Kafka, se debe mencionar el plano imaginario de Praga. Es indudable que esa fusión es anterior a Kafka y crece durante la vida de Kafka; después de la muerte de Kafka persiste y mientras se lo siga leyendo en alemán o traducido a otras lenguas se cargara de sentido expansivo al infinito: ciudad donde ocurrió la metamorfosis y pasión sin últimas siete palabras del viajante de comercio Gregorio Samsa.

La tradición, crónica y novela arborescente de Praga tiene tomos de violencia anteriores a la circuncisión del prometido de Felice Bauer, así como capítulos pendientes que están por escribirse en este siglo XXI que recién empieza. Evocar Praga sin Kafka ayuda de manera exponencial a entender el proyecto kafkiano; de la misma manera que la correspondencia a las novias ayuda a entender el trazado femenino del laberinto mental kafkiano. Una sucinta visita guiada a la Praga literaria puede ayudar a salir del ghetto; en el capítulo anterior fue evocado el asunto de la magia en tanto creencia con puesta en escena mediante artificios y si declinación borgeana en el Río de la Plata, porque contrariamente al periodismo y la escritura de la historia, la ficción que combate la obsolescencia se nutre del desarreglo provocador de las heterodoxias. Como advertirá el lector, ahora me detuve en la lectura comentada de dos novelas en las cuales la sospecha de Praga tiene protagonismo escenográfico.

Se trata de “El club Dumas o el regreso de Richelieu” y “El cementerio de Praga”; una se inscribe a fuego en la tradición esotérica reprimida y en su herencia testada en escrituras icónicas enigmáticas, la clandestinidad de las primeras imprentas venecianas expropiadas por el Santo Oficio de la Inquisición y la actualidad de atajos espacio temporales o agujeros negros para abrir las puertas clausuradas. La segunda, con el telón púrpura sangre de fondo de la Revolución Francesa, intentó organizar el origen y genealogía del antisemitismo, así como su articulación complotista llegando a la solución final. Lo mágico aquí es que son novelas si se quiere próximas; una cierra el siglo pasado y otra abre el presente, sus autores gozan de ese cruce extraño por infrecuente de estima y popularidad y ambos – autores y novelas retenidas- confiesan una fidelidad admirativa por la figura de Alejandro Dumas, el género del folletín decimonónico de capa y espada centrándose en dos novelas que se manifiestan y evolucionan determinado la trama principal inventada: Dumas y Augusto Maquet son personajes invitados; así se explica que un libro pueda ser tres e pluribus unum y el otro presentar un escriba con desdoblamiento esquizofrénico de personalidad.

Para Arturo Pérez Reverte se trata de “Los tres mosqueteros”: prototipos de personajes femeninos / malditos fértiles en astucias traicioneras y heroicos aventureros / correspondencias con la realidad porque la vida imita al folletín / manuscrito auténtico del capítulo cuarenta y dos de la novela como oscuro objeto del deseo / sociedades secreta lúdicas y reuniones en un castillo de Meung -sur – Loire con máscaras tipo “Eyes Wide Shut” (un Kubrick de 1999, siete años luego de publicada la obra de Reverte y el mismo año de la adaptación de Polanski) / la peña de lectores alienados que conocen todos los barcos balleneros nombrados en “Moby Dick” / el regreso modélico de Richelieu: sin instigador nunca hay relato interesante / la alabanza del folletín y la sospecha de que la existencia en apoteosis de Dumas (incluyendo fotos tardías con la misteriosa y sensual Adah Menken) no responden al haber firmado otro pacto entre vahos de azufre que el “bon à tirer” de algún folletín. Que Roman (novela en francés) Polanski (objetivo por procuración de la familia Manson) haya llevado al cine la película -dicen algunos- refuerza dicha hipótesis, seguramente falsa.

Umberto Eco, sin renunciar a los personajes novelescos se encamina en arenas movedizas del antisemitismo y se hace circular la información de primera mano -la que escribe- al respeto. Organiza un tríptico eficaz: protagonista de doble personalidad que son dos (yo soy otro) y falsificador que desplaza la doble vertiente del complot desmesurado y la Iglesia demasiado preocupada por el César. Luego la Revolución Francesa removiendo las leyes del juego, en el entendido que como decía el inolvidable Jorge Medina Vidal en el IPA que un texto no se agota en lo que enuncia sino en la realidad que desencadena; la revolución esa es más que francesa, efecto dominó y reacción en cadena al estilo del romano Enrico Fermi, que puede continuarse hasta la revuelta de los chalecos amarillos, pasando por la independencia del continente latinoamericano. Igual el prolífico Dumas es mosquetero que se repite y en Eco la novela insignia de la flota es “José Bálsamo”: el complot internacional para destruir la corona de Francia y la Iglesia desde los fundamentos: LPD / la invención de la escena vertiginosa donde se urde nocturnamente el complot anunciando la mundialización / la lucha encarnizada por el poder espiritual y terrenal con la Iglesia / herencia templaria, venganza templaria con ramificaciones en variadas sociedad esotéricas, desarreglos irreversibles de la personalidad y la masonería al acecho / la participación activa de Dumas en la gesta garibaldina / la poética del folletín circulando entre la ficción, la historia del poder revisitada y el trazado premeditado de acontecimientos futuros: apoderarse del relato / la tradición de la ciencia secreta y su influencia sobre la vida de criaturas frágiles transportadas por la superstición y los pecados de la carne / la construcción de la víctima expiatoria y las dos ciudades: París en tanto nido de todos los posibles desde Karl Marx a Helena Blavatsky y Praga en decorado lúgubre para la pieza montada del complot judío por el control del mundo; que debe combatirse a como dé lugar sin considerar las consecuencias inhumanas. La racionalidad necesaria para entender la historia se frota a la fuerza de potencias irracionales excluidas persistente, como la Inmaculada Conexión y la vía de Sidarta Gautama, los cinco pilares del Islam y la fiesta multitudinaria que honra al dios Ganesh en la India. “La metamorfosis” se publicó en el año 1915 y ese año el Imperio Otomano decide ocuparse de la cuestión armenia y es así que recomienza la dialéctica del eterno retorno.

11) Las manzanas de la familia Samsa

En “El índice Moldava” presenté una síntesis del contenido del libro de Ángelo María Rippelino “Praga mágica”, en el capítulo correspondiente se exponen las calidades que hallé en la obra; sólo me resta avanzar unas líneas sobre el sentido, oportunidad y utilidad del libro en mi tarea, operaciones que sin desconocer la carga de información objetiva, se inclinan más por la evocación subjetiva. Al comienzo fue la sorpresa incitante por un objeto de estudio, identificación intensa con entrega de una vida intelectual dedicada al desplazamiento y cruzando fronteras; Ripellino halla el equilibrio -politeísta y heterodoxo a la vez- de mantenerse en la tradición crítica italiana y luciendo el gesto generoso e intenso de conversión a la cultura del otro. Calidades quizá de ADN de Imperio Romano, retórica residual de educación latina y peso de generaciones enviadas a América, ello sin descartar el enamoramiento con mediaciones. Fervor de anexión literaria y pertenencia interior, entrega signada por un afán contagioso que hace bien en una época intelectual penetrada de desconstrucción difusa.

Asistimos a una jerarquía sugestiva, disolviendo la tentación kafkiana -el lector comprendió que no fue mi caso- que tanto se impone en la reflexión cuando de Praga se trata. El italiano se prenda por la ciudad: ¿qué significa prendarse por la ciudad? Conocerla desde el interior en profundidad cronológica y extensión palpitante de la vida creativa hasta el año del punto final, transitar los puentes levadizos con la historia europea y occidental, tramando en paralelo una red de influencias y objetivos personales. Tampoco estamos ante un objeto de estudio circunstancial. sobre el cual se glosará un quinquenio o la duración de una tesis doctoral, sino una historia existencial que solicita el tiempo una vida; alterar la impresión del viajero entrando a Praga una noche de invierno y seducido en la primera hora por la belleza sensorial de la ciudad. Ripellino escribe que ello no es corolario del proyecto exhibicionista positivo calculado e interesado, más bien de la magnitud trágica histórica superponiendo escenas fundadoras terribles y capítulos traumatizantes. La literatura está hecha entre otros materiales, de derrotas o fracasos en road movie como ocurre en la invención de la novela moderna en un lugar de la Mancha. El libro mediante metonimia se erige como modelo de interpretación de la modernidad, donde las condiciones intelectuales y de producción hacen del nexo ciudad / escritor factor clave de entendimiento. Baudelaire y Paris, Dublín y Joyce y además el “Ulises” completando el tríptico locus (mapa genético, orígenes psicológicos y espacio sublimado) / biografía / escritura; incluyendo en el paradigma la geografía sin fronteras de ciudades imaginarias que pueden llamarse Santa María o Comala. Desde esa perspectiva el trabajo de Ripellino es capital y se inscribe en la tradición de la monumental obra interrumpida de Walter Benjamin sobre los pasajes de París; quizá podamos ampliar que cada ciudad tiene su propia magia. Algunas como Trieste, Lisboa o Montevideo (la Montevideo de Oriana Servetto y otras mujeres poetas) alcanzan ese efecto de lo imborrable cuando se interactúan palimpsestos urbanos y literatura. “Misteriosa Buenos Aires” de Manuel Mujica Láinez puede ser otro ejemplo interesante; bienaventuradas las ciudades que tienen un libro sobre ellas con la pluralidad de asedios que Ripellino le superpuso a Praga. Lo mágico proviene asimismo de saltar el obstáculo de una historia factual, interesante y frustrada de hechos documentados que seleccionan historiadores de oficio, sociólogos miméticos, empresas de sondeos orientando la opinión y el periodismo en todas sus variantes impresas y audiovisuales. La realidad es también “lo otro” como podría decir Felisberto Hernández; el descarte intelectual que se produce por ignorancia, desprecio o incapacidad para comprender la complejidad a veces descarriada de la sociedad de los hombres en el tiempo. Se hace luminoso en el artículo y basta una rápida enumeración: supersticiones y complots, heterodoxias y tradición del ocultismo, desarrollos mentales incidiendo en lo real, hipótesis imaginadas de explicación del mundo, ficciones que intenta desandar los misterios, tradiciones desprendidas del razonamiento y la lógica formal. Conjunto de fuerzas perseguidas y ocultas, tensores del cosmos fuera de radar ante sentidos limitados, permanente insatisfacción por explicaciones de manuales, exigencia de tener en cuenta lo imposible, belleza emotiva del creer y prescindencia del razonamiento -sin duda decepcionante- que pretende explicar los prodigios.

En la frontera franco suiza y cerca de Ginebra se instaló hace algunas décadas el CERN, que activó su primer acelerador de partículas en 1957; quiere decir Consejo europeo para la investigación nuclear y se trata de concebir anillos monstruosos y sin señor aparente de aceleración de partículas. El libro de Ripellino será editado en 1975, en 1989 cae el muro de Berlín y ese mismo año se inaugura un túnel de 27 kilómetros de circunferencia para la conquista del espacio infinitesimal. En 2012 se identifica una partícula cojeturada que se dice compatible con el bosson de Higgs, llamada partícula de dios, lo que ayudaría -casi nada- a explicar el origen del Cosmos.

La India ofreció a la ciencia de los extremos en el año 2004 y como aporte sánscrito, una estatua de Shiva Nataraja ubicada entre los edificios 39 y 40 del complejo. ¿De qué dios es esa partícula tan buscada en el CERN? “- ¿Eso? Mágica, eso.” dice el personaje de Rodríguez, al final del cuento homónimo con bagre de Francisco Espínola.

12) El cazador Gracchus

La leyenda del cazador Gracchus da título al proyecto que llega a término, el lector tiene pues una versión en uruguayo del breve relato del Dr. Kafka y en el índice Moldava una breve historia del texto, lo que autoriza esta arbitrariedad de presentarlo como salido de una galera entre conejos. Quizá lo único que queda por hacer es justificar su presencia de avanzada aunque la primera asociación parece evidente; las razones entre visillos son de orden textual y provienen a la vez de la médula parabólica de la leyenda. En cuanto a lo primero, puede recordase que se trata de la tradición narrativa de la selva negra del primer milenio e incorporando una ejemplaridad escatológica en la sociedad de la región; incluye más que una problemática si se quiere metafísica, la respuesta en forma de relato -con materiales de los que se dispone en lo inmediato- para grandes interrogantes de todos los pueblos con estructura elemental de convivencia. Esa molécula narrativa tiene orígenes que se fueron transfigurando, tradición oral en los valles y viajeros, trazas escritas en manuscritos y parroquias, versiones cantadas a capella y representaciones extraviadas para marionetas infantiles en las fiestas del pueblo. Lo tentador es que pertenece a Kafka y proviene de antes del ghuetto praguense, no estamos ante una historia creada ex nihilo por el hijo de Hermann K. sino retomada de madrugada por alguna razón que deviene kafkiana. Alegoría mencionada en el Diario, escrita a mano sin publicar y ubicada en la ciudad italiana de Riva visitada por el propio Kafka, recuperada luego en las valijas de Brod, editada siete años después de la muerte del autor sin sus últimas correcciones ni que sepamos la injerencia de Brod entre las notas del amigo hasta la versión final, y luego las traducciones a las lenguas latinas que pude consultar. Deconstruir dicho itinerario es tarea que sobrepasa mis posibilidades, así que acaso ello legitima la osadía de pensar haber llegado a un estado del relato que se acomoda al horizonte lingüístico de mi tribu en las actuales circunstancias de la post verdad, después de un siglo de viaje por la literatura.

Luego, de todo lo leído me pareció que la leyenda de Gracchus era una entrada pertinente para asociar ese enorme obra con mis primeros temblores de lector en la ciudad donde nací y viví la educación literaria. La fortaleza del Cerro tampoco puede nivelarse al castillo inaccesible ni en el más poderoso de los delirios y Héctor Galmés se había carteado en alemán asiduamente con la familia Samsa traduciendo “La metamorfosis”. Los queridos vecinos judíos de mi casa materna en la curva de Maroñas, nunca tuvieron intención de crear un Gólem según instrucciones cabalísticas que los ayudara en sus tareas domésticas. Pero… yo que veía en la primera infancia a mi padre salir a trabajar, ir todos los días en ómnibus hasta el puerto -ida y vuelta, invierno y verano- y embarcarse en una lancha cruzando la bahía y amarrar en el muelle del frigorífico Swift en el Cerro, podía aceptar, desear y urdir que el barco del cazador Gracchus -extraviado en un viaje donde el destino tampoco era el vellocino de oro sino la conciliación con la muerte- inciera escala en una rinconada de la bahía montevideana. Con menos estruendo al amarrar que el ocurrido cuando el acorazado Admiral Graf Spee, con bandera del Tercer Reich y al mando del capitán Hans Langsdorff ingresó a puerto uruguayo, a las 0.50 h del jueves 14 de diciembre de 1939. Ese día, Milena todavía estaba con vida.

13) Comunicado de prensa

Cinco minutos para dar vuelta la página final, una historia se termina y algo diferente que nos contagia comienza. Murió el Dr. Franz Kafka lejos de Praga y tenía cuarenta años, Milena Jesenská escribe el comunicado de prensa dando cuenta a la sociedad del episodio. Ella lo conoció por una traducción en un café de Praga y hasta puede decirse que su correspondencia es más intensa que las pocas horas de intimidad compartida, pero ¿cómo puede evaluarse la fuerza de la pasión amorosa y lo sentido sin dejar escrito por los interesados? Ella tenía 27 años y lo entendió todo en cuanto a la obra de su enamorado por correo, lo sobrevivió 19 años y sería arrastrada por el horror de las peores pesadillas del siglo. El año fue 1924 y al final del libro ronda la sospecha de que, en la barca de Gracchus ronda un polizonte enfermo y tosiendo con sangre mientras el moribundo de la selva negra llega a dársena desconocida; y se cruza sin sospecharlo con el navío espectral del capitán Lautréamont, saliendo de La Coquette rumbo al turbio fondeadero de París, porque tiene allá un rendez-vous impostergable con la muerte.