La menor

GILLES DELEUZE / FÉLIX GUATTARI

KAFKA 

por una literatura menor

 (Capítulo 3)

¿Qué es una literatura menor?

Precisamente, hasta ahora no hemos considerado sino formas y contenidos: cabeza gacha – cabeza erguida, triángulos – líneas de fuga. Es cierto que cabeza gacha se conjuga con la foto y cabeza erguida con el sonido en el domino de la expresión. Pero, en tanto que expresión, su forma y deformación no son considerados por ellos mismos, no podemos hallar la salida verdadera, incluso a nivel de los contenidos; sólo la expresión nos brinda el procedimiento. El problema de la expresión no es enunciado por Kafka de manera abstracta universal, sino en relación con las literaturas llamadas menores –por ejemplo la literatura judía en Varsovia y Praga. Una literatura menor no es aquella de una lengua menor, más bien aquella que una minoría hace en una lengua mayor. El primer carácter, es de cualquier manera que la lengua sea afectada de un coeficiente fuerte de desterritorialización. Kafka definía en ese sentido el callejón sin salida que impedía a los judíos de Praga el acceso a la escritura haciendo de su literatura algo imposible: imposibilidad de no escribir, imposibilidad de escribir en alemán, imposibilidad de escribir de otra manera. Imposibilidad de no poder escribir porque la conciencia nacional -oprimida o incierta- necesariamente transita por la literatura (“La batalla literaria adquiere una real justificación sobre la más grande escala posible.”). La imposibilidad de escribir de otra manera que en alemán, es para los judíos de Praga el sentimiento de una distancia irreductible con la territorialidad primitiva checa. La imposibilidad de escribir en alemán, es desterritorialización de la población alemana ella misma, minoría que habla una lengua cortada de las masas, como un “lenguaje de papel” o artificio; mucho más los judíos que, a su vez forman parte de esa minoría, siendo excluidos como “los gitanos que robaron el niño alemán en la cuna.” El alemán de Praga es una lengua desterritorializada adecuada a extraños hábitos marginales (cf. hoy día en otro contexto lo que los negros pueden hacer con el americano).

La segunda característica de las literaturas menores enuncia que todo es político. En las “grandes” literaturas por el contrario, el asunto individual (familiar, conyugal, etc.) tiende a fusionarse con otros asuntos no menos individuales, con el medio social sirviendo como contexto y telón de fondo; si bien alguno de estos asuntos, edípicos en particular, no son indispensables ni absolutamente necesarios igual todos “hacen bloque” en un espacio extendido. La literatura menor es diferente por completo: su espacio exiguo hace que cada asunto individual resulte inmediatamente conectado sobre la política. El asunto individual se hace entonces más necesario e indispensable, agrandado al microscopio pues otra historia se agita en él. Es en ese sentido que el triángulo familiar se conecta con triángulos comerciales, económicos, burocráticos, jurídicos y que determinan los valores. Cuando Kafka señala entre los objetivos de una literatura menor “la depuración del conflicto que opone padres e hijos y la posibilidad de discutir de ello”, no se trata de un fantasma edípico sino de un programa político. “Inclusive cuando el asunto individual será algunas veces meditado tranquilamente, no llegamos hasta sus fronteras donde ella hace unidad con otros asuntos análogos; bien pronto alcanzamos la frontera que la separa de la política, llegaremos a intentar percibirla antes que ella se haga presente y de hallar en todas partes esa frontera en proceso reducción. (…) Aquello que en el interior de las grandes literaturas se juega en sordina y constituye un sótano no indispensable del edificio, se ubica aquí en primer plano; aquello que allá debajo provoca una estampida pasajera, aquí provoca nada menos que una suspensión de vida o muerte.”

El tercer carácter es que todo adquiere un valor colectivo. Precisamente porque los talentos no abundan en una literatura menor, no están dadas las condiciones de una enunciación individualizada que sería la de tal o cual “maestro” y podría ser separada de la enunciación colectiva. Si bien ese estado de la rareza de los talentos es un hecho beneficioso y permite concebir otra cosa que una literatura de maestros: aquello que el escritor solitario dice constituye desde ya una acción común. Aquello que dice o hace es necesariamente político, también si los otros no están de acuerdo. El campo político contaminó todo enunciado. Más todavía porque la conciencia colectiva o nacional es “generalmente inactiva en la vida exterior y siempre en camino de desagregación”, es la literatura que se halla cargada positivamente de ese rol y esta función de enunciación colectiva. Incluso revolucionaria: es la literatura que produce una solidaridad activa no obstante el escepticismo. Si el escritor está al margen o distante de su comunidad frágil, está situación lo ubica mejor en situación de expresar otra comunidad potencial, de forjar los medios de otra conciencia y sensibilidad. Como el perro de la Investigación cuando llama en su soledad a otra ciencia. La máquina literaria toma así la posta de una máquina revolucionaria a venir. De ninguna manera por razones ideológicas, sino porque sólo ella está determinada a cumplir las condiciones de una enunciación colectiva que faltan en todas partes afuera de ese medio: la literatura es asunto de pueblo. Es precisamente en esos términos que el problema se presenta para Kafka: el enunciado no remite a un sujeto de enunciación que sería la causa, menos aún a un sujeto de enunciación que sería la consecuencia. Sin duda, durante un cierto tiempo Kafka siguió bastante seguido esas categorías tradicionales de los dos asuntos: autor y héroe, narrador y personaje, soñador y ensueño. Pero renunciará pronto al principio del narrador, lo mismo que rechazará –no obstante su admiración por Goethe- a una literatura de autor y maestro. Josefina la cantora renuncia al ejercicio individual de su canto para fundirse en la enunciación colectiva de “la innombrable muchedumbre de los héroes de (su) pueblo.” Pasaje del animal individualizado a la jauría o a la multiplicidad colectiva: siete perros músicos. En Investigaciones de un perro, los enunciados del investigador solitario tienden hacia la disposición de una enunciación colectiva de la especie canina, también si esta colectividad ya no es o no es todavía dado. No hay sujeto, sólo hay disposiciones colectivas de enunciación –y la literatura expresa esas disposiciones, en las condiciones donde ellas no están dadas fuera, donde existen como potencias diabólicas presentidas o fuerzas revolucionarias a construir. La soledad de Kafka lo abre a todo aquello que hoy día atraviesa la historia. La letra K ya no designa a un narrador o personaje sino un fastidio más maquinista. Un agente más colectivo que un individuo se halla allí conectado en su soledad (eso no sucede por relación a un sujeto en quien lo individual sería separable del colectivo y atendería sus propios asuntos.)

Los tres caracteres de la literatura menor son la desterritorialización de la lengua, la conexión de lo individual con lo político-inmediato, la preparación colectiva de la enunciación. Podría decirse que “menor” ya no califica ciertas literaturas, sino más bien las condiciones revolucionarias de toda literatura al interior de aquella que llamamos grande (o establecida). Incluso aquel que tiene la desgracia de nacer en un país de una gran literatura debe escribir en su lengua, como un judío checo escribe en alemán o un ozurberscan escribe en ruso. Escribir como un perro que hace un pozo, una rata que cava su madriguera. Para ello hallar su punto de subdesarrollo, su propio dialecto, su tercer mundo de él y desierto personal. Hubo mucha discusión sobre el asunto: ¿qué es una literatura marginal? –y también: ¿qué es una literatura popular, proletaria, etc.? Los criterios son muy difíciles, ello hasta que no transitamos primero por un criterio más objetivo como el de la literatura menor. Es la posibilidad de instaurar desde adentro un ejercicio menor de una lengua mayor, lo que permite definir literatura popular, literatura marginal, etc. Es solamente a ese precio que la literatura se vuelve máquina colectiva de expresión y apta para tratar o arrastrar contenidos. Kafka dice que una literatura menor es mucho más apta para trabajar la materia. ¿Por qué y qué es esta máquina de expresión? Nosotros sabemos que ella tiene con la lengua una relación de desterritorialización múltiple: situación de los judíos que abandonaron la lengua checa al mismo tiempo que el medio rural y situación de esa lengua alemana como “lenguaje de papel”. Iremos más lejos, avanzaremos aun más ese movimiento de desterritorialización en la expresión. Sólo hay dos manera posibles: o bien enriquecer artificialmente ese alemán, hincharlo con recursos del simbolismo, onirismo, sentido esotérico, un significado oculto –es la escuela de Praga, Gustav Meyrink y tantos otros, entre ellos Max Brod. Esta tentativa supone un esfuerzo desesperado de la re-territorialización simbólica a base de arquetipos, Cábala y alquimia, que acentúa el corte con el pueblo y sólo hallará salida política en el sionismo como “sueño de Sión”. Bien pronto Kafka tomará otra estrategia o más bien la inventará. Optar por la lengua alemana de Praga tal cual ella es en su misma pobreza. Ir siempre más lejos en la desterritorialización… a fuerza de sobriedad. Ya que el vocabulario es seco hacerlo vibrar en intensidad. Oponer un uso puramente intenso de la lengua a todo uso simbólico, incluso significativo o simplemente significante. Alcanzar la expresión perfecta no formateada, una expresión material intensa. (¿Sobre las dos maneras posibles no podríamos decirlo también -en otras condiciones- de Joyce y Beckett? Ambos irlandeses están en las condiciones geniales de una literatura menor. Es la gloria de tal literatura de ser menor, es decir revolucionaria para toda literatura. Uso del inglés y de cualquier lengua en Joyce. Uso del inglés y el francés en Beckett. Pero uno no cesa de proceder por exuberancia y sobredeterminación captando todas las reterritorialidades mundiales. El otro procede a fuerza de sequedad y sobriedad, pobreza buscada, llevando la desterritorialización hasta que no subsisten más que intensidades.)

¿Cuánta gente vive hoy día en una lengua que no es la suya? O bien no conocen la suya o no todavía y conocen mal la lengua mayor de la cual están obligados a servirse. Problema de inmigrantes y de sus hijos. Problema de las minorías. Problema de una literatura menor y también para todos nosotros: ¿cómo arrancar a su propia lengua una literatura menor capaz de indagar el lenguaje y hacerlo despegar siguiendo una tendencia revolucionaria sobria? ¿Cómo volverse nómada e inmigrante y el gitano de su propia lengua? Kafka dijo: robar el niño en la cuna, bailar sobre la cuerda tendida.

Rico o pobre todo lenguaje supone desterritorialización de la boca, lengua y dientes. Boca, lengua y dientes hallan su territorialidad primitiva en los alimentos. Consagrándose a la articulación de los sonidos, boca, lengua y dientes se desterritorializan. Existe cierta disposición entre comer y hablar –más todavía, no obstante las apariencias entre comer y escribir: sin duda se puede escribir comiendo más fácilmente que hablar comiendo. La escritura tranforma en prioridad las palabras en cosas capaces de rivalizar con los alimentos. Disyunción entre contenido y expresión. Hablar y sobre todo escribir es ayunar. Kafka manifiesta una permanente obsesión por el alimento, el alimento por excelencia que es el animal o la carne, el carnicero y los dientes, grandes dientes descuidados o dorados. Es uno de los grandes problemas con Felice. Ayunar es un tema constante en aquello que Kafka escribe, es una larga historia de ayuno. Un artista del ayuno vigilado por los matarifes termina su periplo cerca de las fieras que devoran su carne cruda, poniendo a los visitantes ante una alternativa irritante. Los perros intentan ocupar la boca del perro de la Investigación llenándola de alimento, para que pare de formular sus preguntas –y aquí también alternativa irritante: “¿Por qué no mejor echarme y prohibirme hacer preguntas? No, no es aquello que quisiéramos; es verdad que no tenían la más mínima gana de escuchar mis preguntas, pero, por esas mismas preguntas dudaban en echarme.” El perro de la Investigación oscila entre dos ciencias, la de la alimentación que pertenece a la Tierra y la de la cabeza gacha (“¿De dónde la tierra toma ella ese alimento?”) y de la ciencia musical, que es del “aire” y la cabeza levantada. Como testimonian los siete perros músicos del comienzo y el perro cantor del final: entre los dos hay por tanto algo en común, puesto que el alimento puede venir de las alturas y la ciencia del alimento sólo avanza por el ayuno, lo mismo que la música resulta extrañamente silenciosa.

En efecto, generalmente la lengua compensa su desterritorialización por la territorialización en el sentido. Cesando de ser órgano de un sentido ella deviene instrumento del Sentido. Es el sentido como sentido propio, que preside a la afectación de designación de los sonidos (la cosa o el estado de las cosas que la palabra designa), como sentido figurado a la afectación de imágenes y metáforas (las otras cosas a las cuales la palabra se aplica bajo ciertos aspectos o condiciones). No hay solamente reterritorialización espiritual en el “sentido”, sino también física por ese mismo sentido. Paralelamente, el lenguaje sólo existe por la distinción y la complementariedad del sujeto de enunciación, en relación con el sentido y de un sujeto de enunciado en relación con la cosa designada, directamente o mediante metáfora. Tal utilización ordinaria del lenguaje puede ser nombrada extensivo o representativo: función territorializante del lenguaje (así el perro cantor del final de Investigacionesfuerza al héroe a abandonar su ayuno, en cierta manera una re-ediposiación.

Así pues: la situación de la lengua alemana en Praga como lengua desecada, mezclada de checo e yiddish hará posible una invención de Kafka. Ya que así es (“así es, así es”… fórmula querida de Kafka, protocolo de una situación de facto…), abandonaremos el sentido sobreentendiéndolo y retendremos apenas un esqueleto o silueta de papel: 

1º) Mientras que el sonido articulado era ruido desterritorializado que se reterritorializaba en el sentido, es ahora el sonido que va él mismo a desterritorializarse absolutamente y sin compensación. El sonido -o el sonido que atraviesan esta nueva desesterritorialización- no son del lenguaje sensato, puesto que deriven y son música o canto organizado, si bien es cierto que le dan cierto efecto. Ya vimos el piar de Gregorio que empaña las palabras, el silbido del ratón, la tos del mono; el pianista que no toca, la cantante que no canta y hace nacer su canto de aquello que ella no canta. Los perros musicales, mucho más músicos en todo su cuerpo en tanto que ellos no emiten música. Por todas partes la música organizada es atravesada por una línea de abolición -como el lenguaje sensato de una línea de fuga- para liberar una materia viviente expresiva que habla por ella misma y no tiene necesidad de ser formateada. Este lenguaje arrancado al sentido, conquistado al sentido y operando una activa neutralización del sentido, sólo halla su dirección en el acento de palabra, la inflexión. “Yo sólo existo por aquí o allá al interior de una pequeña palabra en la inflexión, en la cual pierdo por un instante mi inútil cabeza (…) Mi manera de sentir se asemeja a la del pez.” Los niños son muy hábiles en el siguiente ejercicio: repetir una palabra cuyo sentido es vagamente presentido, para hacerla vibrar sobre uno mismo (al comienzo de El castillo, los niños de la escuela hablan tan rápido que no se comprende lo que dicen). Kafka cuenta como, siendo niño, él repetía una expresión del padre para hacerla escapar sobre una línea de sin sentido: “fin de mes, fin de mes…” El nombre propio, que carece de sentido en sí mismo es particularmente propicio para este ejercicio: Milena, con un acento sobre la í comienza por evocar “un griego o un romano extraviado en Bohemia, violentado por los checos, engañado sobre la pronunciación”; luego, por una más fina aproximación él evoca “una mujer que llevamos en los brazos, que rescatamos del mundo o del fuego”, marcando entonces el acento la caída siempre posible o al contrario “el salto de alegría que uno hace con su carga.”

2º) Nos parece que hay cierta diferencia, incluso siendo relativa y con matices entre ambas evocaciones del nombre Milena: una se vincula a una escena extensiva y figurada, del tipo fantasma; la segunda es mucho más intensiva, marcando una caída o un salto como extremo de intensidad comprendido en el mismo nombre. He aquí lo que ocurre cuando el sentido es activamente neutralizado: como dice Wagenbach, “la palabra manda en su esplendor, ella propicia el nacimiento directo de la imagen. ¿Pero cómo definir este procedimiento? Del sentido, subsiste solamente de que dirigir las líneas de fuga. Ya no hay más designación de alguna cosa a partir de un sentido propio, ni asignación de metáforas partiendo de un sentido figurado. Pero la cosa como las imágenes, forman apenas una secuencia de estados intensivos, escala o circuito de intensidades puras que podemos recorrer en uno u otro sentido, de arriba hacia abajo o viceversa. La imagen es ese mismo recorrido se vuelve devenir: volverse perro del hombre y volverse hombre del perro, volverse mono o coleóptero del hombre, y así inversamente. Ya no estamos en la situación de una lengua rica ordinaria, donde la palabra perro designaría directamente un animal y se aplicaría por metáfora a otras cosas (de donde podemos decir “como un perro”). Diario, 1921: “Las metáforas son una de las cosas que me hacen desesperar de la literatura.” Kafka mata deliberadamente toda metáfora, símbolo, significación, así como toda designación. La metamorfosis es lo contrario de la metáfora. No existe sentido directo ni sentido figurado, sino distribución de estados en el espectro de la palabra. La cosa y las otras cosas son apenas varias intensidades recorridas por sonidos o palabras desterritorializadas siguiendo su línea de fuga. No se trata de una semejanza entre el comportamiento de un animal y del hombre, menos de un juego de palabras. No hay ni hombre ni animal, cada uno desterritorializa al otro en conjunción de fluido y continuidad de intensidades reversible. Se trata de un devenir que -al contrario- comprende un máximo de diferencia como diferencia de intensidad, saltando un umbral, elevación o caída, bajo o erecto, acento de palabra. El animal no habla “como” un hombre pero extrae del lenguaje tonalidades sin significación. Las palabras en ellas mismas no son “como” animales, pero trepan en su nombre, ladran y pululan hasta ser propiamente perros lingüísticos, insectos o ratones. Hacer vibrar las secuencias, abrir la palabra a intensidades interiores inauditas. Es decir un uso intensivoasignificante de la lengua e incluso más, no hay sujeto de enunciación ni sujeto de enunciado: ya no es el sujeto de enunciado que es perro, el sujeto de enunciación permanece “como”  hombre; ya no es “como” un abejorro, el sujeto de enunciado es un hombre. Se activa un circuito de estados que forma un mutuo devenir, en el corazón de un fastidio necesariamente múltiple o colectivo.

¿En qué situación el alemán en Praga, vocabulario desecado, sintaxis incorrecta, favorece ese uso? Podríamos llamar en general intensivos o tensoreslos elementos lingüísticos, por más variados que sean, que expresan las “tensiones interiores de una lengua”. Es en ese sentido que el lingüista Vidal Sephiha nombra intensivo “todo útil lingüístico que permite tender hacia el límite de una noción o sobrepasarla”, marcando un movimiento de la lengua hacia los extremos, hacia un más allá o un en-si-mismo reversibles. Vidal Sephiha muestra la variedad de tales elementos que pueden ser palabras de todo uso, verbos o preposiciones asumiendo cualquier sentido; los verbos pronominales, o intensivos como en el hebreo; conjunciones, exclamaciones, adverbios; términos que connotan el dolor. Se podría también citar los acentos interiores a las palabras, su función discordante. Parecería que una lengua de literatura menor desarrolla particularmente esos tensores o intensivos. Wagengach, en unas bellas páginas donde analiza el alemán de Praga influenciado por el checo, cita como características: uso incorrecto de las preposiciones, abuso del pronominal, empleo de verbos que sirven para todo (por ejemplo giben para la serie “poner, sentar, colocar, sacar”, que se hace por lo tanto intensivo), multiplicación y sucesión de adverbios, empleo de connotaciones dolorosas, importancia del acento como tensión interna a la palabras, y distribución de consonantes y vocales como discordancia interna. Wagenbach insiste sobre ello: todas esas trazas de pobreza de una lengua se hallan en Kafka, pero asumidas en un lenguaje creador… al servicio de una nueva sobriedad, nueva expresividad, nueva flexibilidad, nueva intensidad. “Ninguna palabra o casi, escrita por mi, no se ajusta con otra, yo escucho las consonantes chirriar las unas contra las otras con un ruido de chatarra, y las vocales cantan como negros de Exposición.” El lenguaje cesa de ser representación para tender hacia sus extremos o sus límites. La connotación de dolor acompaña esta metamorfosis, como cuando las palabras se vuelven un doloroso piar en Gregorio o un grito de Franz “de un solo chijete y un único tono.” Pensar ael uso del francés como lengua hablada en las películas de Godard. Allí también acumulación de adverbios y conjunciones estereotipadas, que termina por constituir todas las frases: extraña pobreza que hace del francés una lengua minoritaria en francés, procedimiento creador que anexa directamente la palabra sobre la imagen; procedimiento que irrumpe al final de la secuencia, en relación con el intensivo del límite “es suficiente, suficiente, estoy harto”; intensificación generalizada, coincidente con un panorámico, donde la cámara gira y barre sin desplazarse haciendo vibrar las imágenes. 

Pudiera ser que el estudio comparado de las lenguas, resulta menos interesante que aquella de las funciones del lenguaje que pueden ejercerse por un mismo grupo a través de lenguas diferentes: bilingüismo, y también multilingüismo. Ya que este estudio de funciones encarnadas en lenguas distintas considera tan sólo factores sociales, relaciones de fuerza, diversos centros de poder; ella escapa al mito “informativo”, o para evaluar el sistema jerárquico e imperativo del lenguaje como transmisión de órdenes, ejercicio del poder o resistencia a ese ejercicio. Apoyándose sobre investigaciones de Ferguson y Gumperz, Henri Gobard propone por su lado un modelo tetralingüístico: la lengua vernácula, maternal o territorial, de comunidad rural u origen rural; la lengua que vehicula, urbana, estética e incluso mundial, lengua de sociedad e intercambio comercial, transmisión burocrática, etc., lengua de primera deterritorialización; la lengua referencial, lengua de sentido y cultura, operando una reterritorialización cultural; la lengua mítica, en el horizonte de las culturas y la reterritiorialización espiritual o religiosa. Las categorías espacio-temporales de dichas lenguas difieren someramente: la lengua vernácula está aquí / vehicular, en todas partes /referencial, allá /mítica, más allá. Pero, sobre todo la distribución de esas lenguas varía de un grupo a otro y para un mismo grupo de una época a otra (el latín fue por mucho tiempo en Europa lengua vehicular, antes de devenir referencia y luego mítica; el inglés, lengua vehicular mundial en la actualidad). Aquello que puede ser dicho en una lengua no puede ser dicho en otra; el conjunto de aquello que puede ser dicho y aquello que no puede serlo varía según cada lengua y las relaciones entre esas lenguas. Más aún, todos esos factores pueden tener hilachas ambiguas, elementos comunes agitados, diferentes sobre tal o cual materia. Una lengua puede llenar tal función en relación a tal materia, otra lengua en otra materia. Cada función del lenguaje a su vez se divide y comporta múltiples centros de poder. Un hervidero de lenguas y de ninguna manera un sistema de lenguaje. Comprendemos la indignación de los integristas que lloran porque decimos la misa en francés destituyendo el latín de su función mítica. Pero la Sociedad de los sabihondos está todavía más atrasada y llora que hayamos osado destituir el latín de su función cultural referencial. También se lamentan de otras formas de poder, eclesiástico o escolar que se ejercían a través de esta lengua, reemplazadas hoy día por otras formas. Hay otros ejemplos más serios que atraviesan los grupos. Retorno de regionalistas, con reterritorialización por dialecto o patois, lengua vernácula: para qué sirve una tecnocracia mundial o super estática; en que puede ello contribuir a los movimientos revolucionarios ya que también acarrean arcaísmos a los cuales intentan inyectar un sentido actual… De Servan-Schreiber al bardo bretón, al cantor canadiense. Y la frontera no pasa por ahí ya que el cantor canadiense puede hacer la reterritorialización la reaccionaria, la más edípica, oh mamá, oh mi patria, mi cabaña, olé, olé. Nosotros lo decimos, una olla podrida, una historia sin pies ni cabeza. Asunto político que los lingüistas ignoran por completo, no quieren conocer –ya que en tanto lingüistas son “apolíticos” y sabios inmaculados. Incluso Chomsky no hace sino compensar su apolitismo de sabio por la lucha corajuda contra la guerra de Vietnam.

Volvamos a la situación en el imperio de los Habsburgo. La descomposición y caída del imperio potenciaron la crisis acentuando por todas partes los movimientos de desterritorialización, suscitando otras reterritorializaciones complejas, arcaizantes, míticas o simbólicas. Citaremos al azar entre los contemporáneos de Kafka: Einstein y su desterritorialización de representación del universo (Einstein enseñó en Praga, y el físico Philipp Franck dictó varias conferencias en presencia de Kafka); los dodecafonistas austriacos y su desterritorialización de la representación musical (el grito de muerte de María en Wozzeck, el de Lulú o el si redoblado, nos parecen ir en una vía musical próxima a ciertas desviaciones de Kafka); el cine expresionista y su doble movimiento de desterritorialización y reterritorialización de la imagen (Robert Wiene de origen checo, Fritz Lang nacido en Viena, Paul Weneger y su utilización de temas de Praga). Agreguemos por supuesto el psicoanálisis en Viena, la lingüística en Praga. ¿Cuál es la situación particular de los judíos de Praga en relación a las “cuatro lenguas”? La lengua vernácula para estos judíos venidos de los medios rurales es el checo, pero el checo tiende a ser olvidado o rechazado; en cuanto al yiddish, es generalmente desdeñado o temido, él da miedo dice Kafka. El alemán es la lengua vehicular de las ciudades, lengua burocrática del Estado, lengua comercial de intercambios (el inglés comienza a ser indispensable en esta función). El alemán todavía, pero esta vez el alemán de Goethe tiene una función cultural y referencial (en segundo lugar el francés). El hebreo como lengua mítica con el comienzo del sionismo, todavía en estado de sueño activo. Para cada una de esas lenguas, evaluar coeficientes de territorialidad, desterritorialización y reterritorialización. La situación específica de Kafka: es uno de los raros escritores judíos en Praga que comprende y habla el checo (esta lengua tendría gran importancia en sus relaciones con Milena). El alemán juega bien el doble rol de lengua vehicular y cultural, Goethe como horizonte (Kafka conoce también el francés, el italiano y sin duda un poco de inglés). El hebreo lo aprenderá más tarde. Lo que resulta complicado, es la relación de Kafka con el yiddish: él ve allí menos una suerte de territorialidad lingüística para los judíos que un movimiento de desterritorialización nómada que afecta al alemán. Lo que lo fascina en el yiddish es menos una lengua de comunidad religiosa que de teatro popular (él se hace mecenas y empresario de la compañía ambulante de Isak Löwy). La manera como Kafka, en una reunión pública, presenta el yiddish a un público judío burgués más bien hostil, es digna de destacar. Es una lengua que da miedo, más que suscitar el menosprecio, “un miedo mezclado con cierta repugnancia”. Es una lengua sin gramática y que vive de vocablos robados, movilizados, emigrados, que se hicieron nómadas interiorizando las “relaciones de fuerza”. Es una lengua injertada sobre el medio alto alemán y que erosiona el alemán de tal manera desde el interior, que no podemos traducirlo al alemán sin abolirlo; sólo se puede comprender yiddish “sintiéndolo” y con el corazón. Resumiendo, lengua intensiva o uso intenso del alemán, lengua o usos menores que deben arrastrar: “Es entonces que ustedes alcanzarán a entender aquello que es la verdadera unidad del yiddish y así sabrán violentamente que ustedes tienen miedo, no ya del yiddish sino de ustedes mismos. (…) ¡Disfrútenlo lo mejor que puedan!”

Kafka no se orienta hacia una reterritorialización por el checo. Ni hacia un uso hipercultural del alemán con sobrepujas oníricas, simbólicas y míticas incluso hebraizante como lo encontramos en la escuela de Praga. Ni hacia un yiddish oral y popular; pero esta vía que muestra el yiddish él lo toma de una manera por completo diferente, para convertirla en escritura única y solitaria. Ya que el alemán de Praga esta desterritorializado desde varias perspectivas, podrá irse siempre más lejos, en intensidad; pero en el sentido de una nueva sobriedad, nueva corrección inaudita, rectificación sin piedad y levantar la cabeza. Buenas maneras esquizoides, ebriedad al agua pura. Se dejara correr el alemán sobra una línea de fuga y nos llenaremos de ayuno; se arrancará al alemán de Praga todos los puntos de subdesarrollo que él pretende ocultar, haciéndolo gritar con un grito exageradamente sobrio y riguroso. Se le extraerán ladridos de perro, la tos del mono y el zumbido del moscardón. Se hará la sintaxis del grito fusionada a la sintaxis rígida del alemán desecado. Se lo empujará hasta una desterritorialización que no será compuesta por la cultura o el mito, siendo la desterritorialización absoluta. También si ella es lenta, pegajosa, coagulada. Llevar lenta y progresivamente la lengua hacia el desierto. Servirse de la sintaxis para gritar y darle al grito una sintaxis.

Sólo hay de grande y revolucionario que lo menor. Detestar toda literatura de maestros. Fascinación de Kafka por servidores y empleados (similar en Proust por los servidores, por su lenguaje). Lo más interesante es la posibilidad de hacer de su propia lengua –suponiendo que ella será única, que ella sea una lengua mayor o lo haya sido- un uso menor. Estar en su propia lengua como un extranjero: es la situación del Gran Nadador de Kafka. Siendo única, una lengua sigue siendo caldo, mezcla esquizofrénica, traje de Arlequín a través del cual se ejercen funciones del lenguaje bien diferentes y distintos centros de poder, ventilando aquello que puede ser dicho y aquello que no puede serlo: se provocará una función contra la otra, se harán jugar coeficientes de territorialidad y desterritorialización relativos. Mismo siendo mayor, una lengua es susceptible de un uso intensivo que la hace escapar siguiendo líneas de fuga creadoras; que si bien  siendo lentas y precavidas esta vez, formen una desterritorialización absoluta. Cuánta invención y no solamente lexical; el léxico cuenta poco pero sobra invención sintáctica para escribir como un perro. (Pero un perro no escribe. –Precisamente, precisamente…); lo que Artaud hizo con el francés, los gritos-soplo; lo que Céline hizo del francés, siguiendo otra línea, la exclamación en su máximo desarrollo. La evolución sintáctica de Céline; desde el Viaje… hasta Muerte a crédito, después de Muerte… hasta Guignol’s band I(luego, Céline no tenía nada más para decir salvo sus desgracias, es decir no tenía más ganas de escribir, él tenía solamente necesidad de dinero. Eso se termina siempre así, líneas de fuga del lenguaje: el silencio, lo interrumpido, lo interminable o peor todavía. Pero mientras tanto ¡qué loca creación, qué máquina de escritura! Se felicitaba todavía a Céline por el Viaje estando él tan lejos, en Muerte a crédito, luego en el prodigioso Guignol’s band, donde la lengua no tenía más que intensidades. Él hablaba de la “pequeña música”. Kafka también es una pequeña música, otra y diferente pero siempre los sonidos desterritorializados, un lenguaje que huye comenzando por la cabeza balanceando.) He aquí verdaderos autores menores. Una salida por el lenguaje, la música, la escritura. Es lo que se llama Pop – música Pop, filosofía Pop, escritura Pop: Wösterfluncht. Servirse del plurilingüismo en su propia lengua, hacer de ella un uso menor o intensivo, oponer el carácter oprimido de esta lengua a su carácter opresor, hallar los puntos de no cultura y sub desarrollo, las zonas del tercer mundo lingüístico por donde una lengua se escapa, un animal se injerta, un arreglo se enchufa. Cuántos estilos o géneros, o movimientos literarios incluso muy pequeños, no tienen más que un sueño: cumplir una función mayor de lenguaje, ofrecer sus servicios como lengua de Estado, lengua oficial (hoy día el psicoanálisis, que se pretende epicentro del significado, la metáfora y del juego de palabras). Hacer el sueño contrario: saber crear un devenir menor. (¿Hay una oportunidad para la filosofía que forma después de tanto tiempo un género oficial y de referencias? Aprovechemos el momento cuando la anti-filosofía pretende ser hoy día lenguaje de poder.)