Los precursores

En Kafka se concentran lo literario obsesiva, el autor como personaje dejando huellas a su paso y la densidad del escenario principal. Praga es más que decorado para ser paisaje que destila literatura, imán que atrajo a escritores de tiempos, lenguas y alquimias diferentes.

Considerar, por ejemplo, la cercanía de Borges a Praga y la magia –resulta menos arduo demostrar la presencia de Montevideo en la obra del argentino- más que pirueta hábil de fiscal inquisidor es una evidencia de transfiguración algo descuidada; diría que es el cónsul honorario y agente doble de esa tradición perseguida en el Virreinato del Río de la Plata. Cuando se lo lee con la aceptación de los procedimientos mágicos, Borges se vuelve luminoso de llama y revela secretos de su narrativa, es más: reivindicar la magia como estrategia de escritura, aceptar la densidad misteriosa de Praga e incorporarla a la narrativa, deriva en el tercer paso de acto literario –le prestige- que es el interés fulgurante por Kafka, al punto de considerarlo pilar de su poética.

Para ser claros debemos comenzar por el final, lo mismo todo se encadena como en una reacción química tras la piedra ficcional. Primero sale de la galera el artículo “Kafka y sus precursores” publicado en La Nación el 19 de Agosto de 1951 y que pasará al libro “Otras Inquisiciones” del año 1952. Una breve intuición que se volvió criterio de lectura y evidencia para la crítica universitaria, como si Borges hubiera formulado algo que estaba latente sin que nadie lo hubiera escrito de esa manera tan clara y evidente. Es una fórmula que conoció una formidable fortuna de recepción que mantiene toda su actualidad, el famoso apólogo de Borges comienza así:

“Yo premedité alguna vez un examen de los precursores de Kafka. A éste, al principio, lo pensé tan singular como el fénix de las alabanzas retóricas; a poco de frecuentarlo, creí reconocer su voz, o sus hábitos, en textos de diversas literaturas y de diversas épocas. Registraré unos pocos aquí, en orden cronológico.”

Los escritores citados como testigos por la defensa son seis: Zenón, Han Yu, Kierkegaard, Browning, Léon Bloy y lord Dunsany. Por un hábil desplazamiento, parecería –y hay algo de verdad- que los escritores posteriores también son precursores de Kafka –Borges incluido- y que el famoso río narrativo tiene claras sus fuentes. Para ser río hay que intuir, aunque se avance a ciegas hacia la desembocadura que aún desconocemos; de la misma manera que ignoramos a qué mar –olvido, indiferencia, recuerdo- están destinadas las obras del presente. Transcurrido el tiempo, la deducción inundó el discurso crítico como lo hacen las paradojas narrativo matemático sin que requieran explicación para ser aceptadas.

La relación entre Kafka y sus precursores es cuestión de Fe en la Literatura. 

“En cada uno de esos textos está la idiosincrasia de Kafka, en grado mayor o menor, pero si Kafka no hubiera escrito, no la percibiríamos; vale decir, no existiría. El poema “Fears and Scruples” de Robert Browning profetiza la obra de Kafka, pero nuestra lectura de Kafka afina y desvía sensiblemente nuestra lectura del poema. Browning no lo leía como ahora nosotros lo leemos. En el vocabulario crítico, la palabra precursor es indispensable, pero habría que tratar de purificarla de toda connotación polémica o de rivalidad. El hecho es que cada escritor crea a sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro.”

Si de magia tan sólo se tratara, pueden sumarse otros ejemplos que tienen mucho de sorprendente en un universo con reputación de intelectualidad saturada. Borges acciona en sus cuentos un fantástico que llamaría mágico –intenté demostrarlo en una lectura de “Funes el memorioso”- potenciando el misterio del relato que cuenta dos historias, incitando al lector a devenir un iniciado. La ficción es un gesto cómplice de escritura y de lectura, su secreto proviene del prestidigitador de palabras tomando al pie de la letra un axioma central de la magia vigente: eso que vemos no es realmente lo que sucede.

Algunas pruebas textuales para demostrarlo.

“He distinguido dos procesos casuales: el natural, que es el resultado incesante de incontrolables e infinitas operaciones; el mágico, donde profetizan los pormenores, lúcidos y limitados. En la novela, pienso que la única posible honradez está con el segundo. Queda el primero para la simulación psicológica.

 Discusión “El arte narrativo y la magia”.

“Hay, además, la noción de tesoros escondidos. Cualquier hombre puede descubrirlos. Y la noción de la magia, muy importante. ¿Qué es la magia? La magia es una casualidad distinta. Es suponer que, además de las relaciones causales que conocemos, hay otra relación causal. Esa relación puede deberse a accidentes, a un anillo, a una lámpara. Frotamos un anillo, una lámpara, y aparece el genio. Ese genio es un esclavo que también es omnipotente, que juntará nuestra voluntad. Puede ocurrir en cualquier momento.”

Siete noches“Las mil y una noches”. 

Los encantadores salidos de novelas, la superstición de corte y aldea, una tradición oral popular contrariando a caballeros andantes tan leídos –que son resultado de la magia de Merlín y el ciclo de Arturo considerado leyenda- y habitando el autor como diagrama del tiempo que le tocó vivir, la magia está en el comienzo trabajoso de la novela moderna.

“Cervantes no podía recurrir a talismanes o a sortilegios, pero insinuó lo sobrenatural de un modo sutil, y, por ello mismo, más eficaz. Íntimamente, Cervantes amaba lo sobrenatural.”

Otras inquisiciones“Magias parciales del Quijote”

Otro fragmento pertinente para este capítulo –hacer irrumpir la Praga mágica en la estrategia narrativa de Borges- proviene del cuento “Guayaquil” de “El informe de Brodie” de 1979.

Como se recuerda, en ese estupendo relato es cuestión de ir al norte del continente –región de la estirpe Conrad- a transcribir una carta de Bolívar del 13 de agosto de 1822; descubierta en 1939, que daría nueva luz al secreto de la entrevista en Guayaquil entre Bolívar y San Martín, donde se decide la continuación de la liberación del continente americano.

Para epilogar el número tan reputado del manuscrito perdido, dejemos la palabra a los dos ilusionistas que se disputan la misión, con el recuerdo del breve diálogo que concentra varios temas tajantes de Borges: acriollamiento de la tradición europea, variante del tema de la carta robada, el ajedrez metafísico, evocación de la lejana Praga y la magia otra vez, como indescifrable componente lúdico de la Historia y que muchas veces los hombres son incapaces de leer.

“- ¿Usted es de Praga, doctor?

-Yo era de Praga –contestó.

Para rehuir el tema central observé:

-Debe ser una extraña ciudad. No la conozco, pero el primer libro en alemán que leí fue la novela El Golem de Meyrink.

Zimmermann respondió:

-Es el único libro que Gustav Meyrink que merece el recuerdo. Más vale no gustar de los otros, hechos de mala literatura y de peor teosofía. Con todo, algo de la extrañeza de Praga anda por ese libro de sueños que se pierden en otros sueños. Todo es extraño en Praga o, su usted prefiera, nada es extraño. Cualquier cosa puede ocurrir. En Londres, en algún atardecer, he sentido lo mismo.

-Usted –respondí- habló de la voluntad. En los Mabinogion, dos reyes juegan al ajedrez en lo alto de un cerro, mientras abajo sus guerreros combaten. Uno de los reyes gana la partida; un jinete llega con la noticia de que el ejército del otro ha sido vencido. La batalla de hombres era el reflejo de la batalla del tablero.

-Ah, una operación mágica –dijo Zimmermann.”