Los Protocolos

“El lugar es sórdido, pero me ha servido para imaginarme el cementerio de Praga, del que sólo he visto imágenes. He sido un buen narrador, habría podido convertirme en un artista: a partir de pocos indicios construí un lugar mágico, el centro oscuro y lunar del complot universal.”

De manera perversa, falsificadora y folletinesca, bien suturada a la condición humana en lo que tiene de grieta existe el nexo documentado y plagiado, archivo de ficción –es la tesis medular de la novela de Umberto Eco- que va desde la Orden de los Templarios hasta Buchenwald: el esoterismo en la alquimia de la Historia y del complot. Odio perseverante a reyes, jesuitas y judíos; al otro siempre, crónica episódica de la lucha por el poder sumado al principio recurrente del chivo expiatorio. Polizonte mutante de la literatura popular por entregas, recorriendo a manera de río subterráneo horadando certezas de manuales de Historia, como si el mundo no pudiera elucidarse sólo partiendo de dialécticas hegelianas o conociendo trayectoria y tesis de Marc Bloch, el historiador francés fusilado por la Gestapo el 16 de junio de 1944.

Algunos fragmentos de “El cementerio de Praga” -libro recibido con aprensión cuando fue publicado- ayudarán a nuestro propósito de describir otros aspectos mágicos de Praga, donde fueron posible el Gólem del rabino y Gustav Meyrink, Gregorio Samsa transfigurado, donde Control puede enviar a Jim Prideaux con pasaporte de Vladimir Hajek tras el checo Stevcek. En su versión analítica y narrativa del origen de una infamia de actualidad, el Magíster de Urbino hizo arqueología de la temeraria noción de antisemitismo. La introdujo en la tradición de los grandes complots inventados para apoderarse del mundo por varias organizaciones y que tiene en Internet terreno fértil, asimilándola en imaginarios alucinados al regreso de la Momia y otros zombis del pasado. El primer complot revolucionario de la modernidad, es de inspiración Templaria contra la corona de Francia y la Iglesia bajo el lema Lilia Pedibus Destrue: pisotea y destruye el lis de Francia. El argumento del complot en tanto método activo persiste, serán otros los protagonistas responsables de llevarlo adelante y traducirlo en términos sociales. ¿Quiénes son esos hombres enmascarados que una noche se reúnen junto a la tumba del rabino Löw en el cementerio judío de Praga? ¿Masones, jesuitas, iluminados, talmúdicos? y la palabra mágica de todo relato oscila entre las tumbas hacinadas: continuará…

Ignorando de qué trataba, cuando supe que Eco había publicado una novela titulada “El cementerio de Praga” en el año 2010, ello llamó mi atención por razones de ciudad evocada y viejas lecturas de “Apocalípticos e integrados”, así como aventuras semióticas de Guillermo de Baskerville y Jorge de Burgos dispuesto a arder con sus libros condenados; pesquisa tras el nombre de la rosa, filmada en Alemania e inspirada por la abadía Sacra dei San Michele en la cima del monte Pirchiriano. Algo complejo en su avance bipolar y contrapunto cronológico esa historia de cementerios, abarcando décadas del folletín histórico de varias hermandades, personajes estereotipos de la vida real al margen, con países en tarea conspirativa la novela puede desconcertar como confesiones de esquizofrénico suspicaz. Busca el equilibrio mecánico de los diversos universos que afecta: política en el espectro maquiavélico y represivo, traición de convicciones -por revancha y dinero- a amistades e ideales juveniles, anarquismo nihilista dinamitando la vida. Células secretas corruptas, deslizamientos de servicios en reuniones partidarias, espiritismo declinado en orgía posesa y ritos satánicos, pogrom de tanteo preparando el horror supremo del siglo XX. Novela episódica y panfletos de denuncia como fueron las 240 entregas de “Le diable au XIX siècle”, psicoanálisis en sus orígenes teatralizando la histeria femenina, fluidos eléctricos e hipnotismo terapéutico. Invención de nuevos arquetipos del relato: soplón infiltrado, espía, traidor, funcionario secreto, agente doble; los grandes enemigos como el General Pike, Gran Maestro de la Masonería Universal y acaso otro de los antecedentes de Spectre de James Bond. El cuerpo animal de las ciudades desde el cerebro deductivo hasta los intestinos de la inmundicia; por ello el poder conspirativo proviene de doce ciudades: Ámsterdam, Toledo, Worms, Buda-Pest, Cracovia, Roma, Lisboa, París Constantinopla, Londres, Berlín y Praga.

Fascículos y periódicos vendidos en las esquinas como castañas calientes o bajo cuerda, clase obrera politizada y empujada a la miseria, concentración del poder político, policial y financiero: el folletín es mecha combustible entre ciencias ocultas a la manera de la herencia Oriental y la teoría exponencial complotista que necesita guionistas de escritura perpetua, medios de expresión entintando los dedos, un público receptor lector y crédulo. Gastronomía considerada como otra de las Bellas Artes, por ello los restaurantes (Le Rocher du Cancale, Le Grand Vefour, Paillard, Lapéruose y La tour d’Argent) son frecuentes en la trama y esa sensación de que Paris es la misma esta mañana que cuando entonces. Falsificaciones ológrafas duplicando la vida, haciendo testimoniar a los muertos, condenando a mazmorra enemigos jurados en la tradición Edmond Dantès. El acceso facilitado a segundos estados mórbidos del cerebro mediante amnesia, epilepsia, drogas, desarreglos mentales, hipnotismo, posesión sado masoquista, alcoholismo neuronal, sonambulismo, pesadillas narrativas, anestesia química, espiritismo, magia inexplicable y efectos especiales.

La segunda lectura me calmó apocando mi desacomodo inicial, confieso que me sentí perdido en la trama durante el primer intento y por la proliferación de información fluyendo con enredo superlativo; pero era yo que buscaba facilidad ante temas e imbricaciones que la rechazan. Había en unos capítulos algo incómodo y fascinante probándose otra vez que todo relato comporta dos historias; si la historia visible del poder político aparecía harto vertiginosa y la escisión del protagonista pirueta excesiva, la novela subterránea incitaba a lecturas desconfiadas para desprender el saber tras el velo argumental. La Historia tal cual creemos conocerla es un palimpsesto de versiones y un Teatro ilusorio de las apariencias, donde se miman escenas que tienen idéntica relación con la verdad que las desapariciones sobre escena de los magos famosos. Eco partió de la idea perturbadora del antisemitismo, para intentar explicar cómo fue posible que ello contamine la historia europea emulando la peste negra, desmembrando el racionalismo de las luces y haciendo posible el huevo de la serpiente hasta el holocausto que nunca es evocado en el libro. Utilizó varios recursos asumiendo el circuito literario integral donde convergen autor y narrador, personales desdoblados y otros secundarios siempre al borde del precipicio. Violencia social callejera de la Comuna y el asunto Dreyfus entre los altos mandos militares o atentados anarquistas con bombas caseras en túneles y depósitos de municiones. También el lector en la cocina observando el taller del que escribe: la novela personal, la comedia humana de las sociedades y el espejo de las novelas se nutren de un hecho traumático sumado a una escena fundadora que deben coincidir.

En tanto célula mutante el antisemitismo comienza antes de la iniciativa industrial nazi –una vertiente se entiende e imagina vinculada a las ciencias ocultas que se notifica en “El retorno de los brujos”- que aparece como mano de obra y la concepción capaz de poner en movimiento la solución final; que otros antes teorizaron en abundancia y claridad, haciendo un llamado manifiesto y ello suponía indagar en sórdidas motivaciones personales – ¿quiénes fueron esos ideólogos? ¿de dónde salían? – que llevaron al extravío consentido de la razón occidental. Modesto y prudente, temerario previendo la refutación y astuto en el trato de los documentos auténticos, tampoco pretende Eco desarmar esa articulación en el siglo XX cuando la tragedia se acelera en el despacho de Heinrich Himmler, pero logra disecar uno de los orígenes probados que es la publicación en 1904 de “Los protocolos de los Sabios de Sion”. Impostura colectiva en efecto dominó afectando a muchas mentes –lo sigue haciendo- siendo de los argumentos claves –trasmutando falsificación en verosimilitud- más manidos del Antisemitismo. Remontar a esos orígenes es lo que se propuso el italiano; lo presentí como intento político y pedagógico, peligroso dispositivo a manipular porque debía atravesar zonas que no le serían perdonadas. Descifrar las mentes donde germina el odio, recuperar escritos que son testimonio y catarsis, recepciones dispuestas a creer, ideas de poder que nunca están lejos, escenas rituales incrustadas en la memoria de generaciones y porque todo necesita un relato era riesgoso: desde la Creación del mundo en siete días hasta la interpretación de los sueños apelando al mito de Edipo.

Una Historia como resultado de hechos que ocurrieron y otros que pudieron ocurrir. Eco afirma la verosimilitud a la base de su proyecto y en los casos a que lo sometí cotejando resultó cierto; es maravilloso –cuando se comienza a entender el dispositivo- esa crónica paralela sustentada en papeles falsos. Fascina la aceleración de la historia humana, que en la novela avanza no desde la dialéctica de absolutos ni lucha de clases o cronología de las Escuelas de Historiografía, sino de documentación tergiversada sobre la que nadie puede dar fe, siendo que durante el trayecto se perdieron nombres de los autores verdaderos y los objetivos travestidos. “El cementerio de Praga” trata de la invención de complots, la mentira articulada en varias etapas y la falsificación como locomotora del tren de la Historia, de la necesidad para el poder en vigencia de fomentar una veta secreta y la utilidad del enemigo designado: ese oscuro objeto del deseo refractario para activar las fuerzas sociales identitarias.

Una de las escenas fundadoras ocurre en París el 18 de marzo del año 1314, cuando la Corona y la Iglesia queman en hoguera pública a Jacobo de Molay último superior de la Orden de los Templarios. Felipe el Hermoso lo acusa de herejía y prácticas obscenas, entre otros cargos para justificar la disolución de la Orden y requisición de sus bienes; el Papa Clemente V no lo defiende y lo queman vivo en la llamada isla de los judíos ahora isla de la Cité de París. Así se inicia la historia de la maldición sobre la corona y una venganza que se desplaza durante siglos, el factor disparador es la Revolución Francesa; el torbellino de los hechos desde la Bastilla y la Restauración pasando por el Terror, el cambio radical del mundo que llega hasta los festejos cada año del 14 de julio, los intereses de otras naciones para ver a Francia de rodillas, conflictos de clase con irrupción de la burguesía en los destinos del poder, la explicación convertida en doxa como sustitución y modelo del nuevo mundo. Siendo considerable el cambio operado, debe haber otra explicación mediando entre historia, violencia popular y voluntad divina; la declaración universal de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789 es una explicación insatisfactoria. Estaba en juego el dispositivo de la Creación, la profanación de planes originales y una pirueta de circunstancias provenientes de la zona del Mal y sus secuaces.

El abate Barruel entra en escena y sus “Memorias para servir a la historia del Jacobinismo” abre la explicación complotista, que tiende a una suerte de milagro negativo, la revolución francesa fue resultado de la conjura de los Iluminados de Baviera a la que se sumaron ateos, templarios, rosacruces, protestantes y masones para terminar con los reyes de Francia y la Iglesia. A ello se agrega un documento -real en la historia y la novela de Eco- proveniente de Florencia; una carta firmado por el soldado Giovanni Battista Simonini (abuelo del narrador protagonista de “El cementerio de Praga”) que introduce intérpretes determinantes para el futuro: los judíos. Revolución violenta trastocando la marcha del mundo, lectura complotista de la historia y que algunas veces es portadora de verdades, un aporte italiano individual y la designación de los judíos. Así está plantado el guion que se observara en la Modernidad; el objetivo es como una película con malditos megalómanos obsesivos: apoderarse del mundo hasta dominarlo y saquear sus riquezas en beneficio propio. La trama es asunto de testimonios maleables entre desinformación premeditada, documentos robados vendidos al mejor postor, chantajes y corrupciones, falsificaciones en un tráfico intenso entre agentes de imperios y naciones.

Estamos además en la edad de Oro de nuestras cuestiones literarias y valor de la escritura, donde poder, gloria, derrotas o masacres dependían de libros, cartas, amanuenses, folletos, panfletos, negros de novelistas, novelas imaginativas en varios tomos de miles de páginas, conferencias escandalosas, sectas proliferantes, denuncias anónimas, pericias caligráficas y tratos ritualizados con fuerzas ocultas. Ello podría ser asunto de gabinetes y servicios especiales, lo que faltaba era el poder de la literatura. El complot se hace relato verosímil de la mano de Alejandro Dumas, cuando publica en 1853 su novela “José Bálsamo” o la puesta en relato de la vida de Cagliostro (1743-1795). Téngase en cuenta que eran las grandes décadas del auge de la literatura de aventuras y de la gran aventura de la novela por entregas: Eugène Sue (1804-1857), Emilio Salgari (1862-1911) y Rafael Sabatini (1875-1950).

Lo inicial que retiene Eco, luego el narrador y por último el lector atento, es la escena nocturna que abre la novela. Ocurre en el Monte del Trueno cerca de Works el 6 de mayo de 1770 durante la reunión de los Masones quienes, creyendo incorporar un nuevo adepto aceptan que están ante el Elegido; él conoce artimañas de ritos de iniciación y los trucos teatrales, tiene claro los planes y objetivos, pronuncia las tres letras grabadas en el pecho que abren las puertas del futuro: LPD Lilia Pedibus Destrue. En “El cementerio de Praga” asistiremos desde el interior a la transfiguración del complot masónica –y la venganza de Jacobo de Molay- contra la corona de Francia y la Iglesia, el complot de los rabinos en el cementerio judío de Praga y que será la base narrativa de “Los protocolos de los Sabios de Sion.” Dice el texto: “Ante la puesta en escena de Dumas (venerando como veneraba yo a ese gran autor) me preguntaba si el Vate no habría descubierto, al relatar una sola confabulación, como decirlo, la Forma Universal de todas las confabulaciones posibles.”

¡Maravilloso! Se viene de descubrir la forma narrativa del complot, el género asociado con el entorno, personajes coincidentes y discursos expuestos sin censura, enemigo designado y la misión superior. Con una salvedad a considerar: era la forma narrativa de lo que había revelado el abate Barruel en su momento. La intuición delirante y sincera se hace relato, el complot se podía escribir para hacerlo posible pasando así de una cuestión de Fe al terreno de la ficción creída. Modular por los intereses manejados y a utilizar según las circunstancias, como si la redundancia –inoculando la duda cuando las explicaciones son insuficientes- pudiera en este caso sobre la información: “La gente cree sólo lo que ya sabe, y ésta era la belleza de la forma Universal del complot.”

El procedimiento utilizado es dialéctico rozando la ironía, la forma es la tesis para que todo funcione, el enemigo la antítesis y el falso documento la síntesis, el complot prolifera como reguero de pólvora, se desplaza de los Iluminati a los jesuitas. El protagonista entre tanto -Simone Simonini- tiene una epifanía al encontrar imágenes del cementerio judío de Praga que nunca conoció, tomando como modelo a escala el pequeño cementerio de los judíos portugueses de París en la Avenida de Flandes. Es allí que en la primera versión hace que se reúnan los jesuitas para conspirar contra los poderes. Se trata de un ensayo, así se va modelando la “escena inicial” judía, una vertiente que había que trabajar y el factor faltante viene de Moscú. La Rusia zarista debe controlar el poder real de los judíos y hacer de ellos el chivo expiatorio, así como fue en Rusia que nace la noción de pogrom en Odessa hacia 1821. Comienza la construcción sibilina del enemigo a exterminar, los que impiden la felicidad en el interior de la sociedad y quieren apoderarse de almas y bienes. El complot judío amenazante se construye lento argumentado sobre supervivencia, morfología de la raza, crónicas de tradición deformada, dispersiones periódicas y ghettos.

En lo más alto de la infamia la existencia de un poder secreto, organización oculta, odio a la cristiandad, estrategia de integración destructiva en sociedades occidentales y un plan pormenorizado para el logro de los objetivos.

“-Para sobrevivir cuarenta siglos, un pueblo tan vital tenía que construir un gobierno único en cada país al que iba a vivir, un Estado en el Estado, que ha conservado siempre y por doquier, incluso en los períodos de sus dispersiones milenarias. Pues bien, yo he encontrado los documentos que atestigua este Estado, y esta ley, el Kahal.

– ¿Y qué es?

-La institución se remonta a los tiempos de Moisés, y tras la diáspora no ha vuelto a funcionar a la luz del sol sino que ha quedado confinada en la sombra de las sinagogas. Yo he encontrado los documentos de un Kahal, el de Minsk, desde 1794 a 1830. Todo escrito. Cualquier mínimo acto: registrado.”

Además de una organización interna eficaz y piramidal, se elabora un proyecto para la conquista del mundo iniciado a partir de su posesión; es imprescindible hacer creíble esa hipótesis de poder y la información acumulada es insuficiente. La revelación –nuestro Apocalipsis moderno- debe tener eso extraordinario de lo increíble, el sacudón que activa odios internos seculares y la puesta en mentira exagerada. Si ello ocurre será creíble, reactivando en el odio y deseo de exterminación una aceptación paulatina del requisito de la solución final. En el personaje central de la novela convergen los elementos requerido para iniciar la alquimia, el abuelo que odia a los judíos es la base; el abuelo prófugo de la armada napoleónica que huyó para esconderse al ghetto de Florencia, donde conoció a un tal Mardoqueo e integró la superstición sedimentada sobre los judíos. Esa es la primera educación sentimental al antisemitismo y determinante del efecto mariposa; luego la práctica de la falsificación (a la manera de clone de José Bálsamo, que también lo era eso de falsificador en el avatar conocido con el nombre de Cagliostro), un pueblo designado amasando el complot destructor y un crédito de odio hacinado desde los orígenes del cristianismo… falta el azar que determina el lugar de la conspiración.

La trama es urdida, la tragedia del holocausto está en funcionamiento partiendo de aspectos internos. Casi una cuestión de clínica y trauma incrustado sin resolver; el conspirador Cero había cruzado sólo a dos judíos en su vida, una “putilla” del ghetto de Turín siendo adolescente y el encuentro casual con el famoso doctor austriaco, preocupado por la apariencia de los sueños eróticos. Por el resto odio y menosprecio se distribuyen parejo con otros pueblos; llegando hasta el desdoblamiento de personalidad falsificador / sacerdote siendo otro de los temas de la novela de Eco. El origen es así freudiano, sexual, adolescente entre deseo y rechazo, libido y represión, glotonería, fantasmas homosexuales. El miedo a lo femenino y novela de la familia: el abuelo obsesionado por los judíos trasmite el odio al nieto a la manera de una herencia de relato. El horror en su descripción y entendimiento resulta convincente; a los 14 años sin bar mitzvah el encuentro con la mujer judía, el deseo de intimar es rechazado porque está el condicionamiento pertinaz del abuelo. Ella lo llama niño, él se siento gordo y la vida está decidida. Ella sigue de largo, luego el rechazo del padre glotón violento y la educación untuosa con los hombres de la Iglesia… Habrá que falsificar la existencia hasta ser otro. José Bálsamo la novela de Dumas, el libro concreto será el legado del padre tiránico.

Falsificador es de manera laberíntica ser novelista.

“Sé que amo la buena cocina: sólo con pronunciar el nombre de La Tour d’Argent experimento una suerte de escalofrío por todo el cuerpo. ¿Es amor? ¿A quién odio? a los judíos se me antojaría contestar, pero el hecho de que está cediendo tan servilmente a las incitaciones de ese doctor austriaco (o alemán) me dice que no tengo nada contra esos malditos judíos.”

Ello se dispara cuando el narrador descubre las imágenes del cementerio judío de Praga. “Y en el centro estaba la tumba del rabino Löw, que en el siglo XVII creó el Gólem, criatura monstruosa destinada a vengar a todos los judíos. Mejor que Dumas, y mejor que los jesuitas.”

La escena y el contenido, la construcción del discurso y que sea creíble con final rotundo.

“-Concluyamos esta reunión nuestra –dijo la decimotercera voz-. si el oro es la primera potencia de este mundo, la segunda es la prensa. Es necesario que los nuestros se encarguen de la dirección de todos los periódicos diarios de cada país. Una vez seamos dueños absolutos de la prensa, podremos cambiar las opiniones públicas sobre el honor, sobre la virtud, sobre la rectitud de conciencia y ganar el primer asalto contra la institución familiar…”

Fin del informe y comienzo de la mercancía, del “mercado” internacional para colocar el documento. Como en la Bolsa cada vez que se abre una sesión de transacciones hay que despertar el deseo, organizar la expectativa haciendo que el producto sea raro, inventar la necesidad, poner en competencia a potenciales compradores, embellecer el producto final novelesco creando la campaña publicitaria hasta provocar la necesidad: todo lo que usted quiere saber sobre los judíos y nunca se atrevió a preguntar. Para epilogar faltaba el nombre proveniente del mundo notarial y los apuntes se transforman en Protocolos. Tampoco se trata de un caso aislado; hay una Pléyada de panfletarios inspirados, militantes vocacionales del complot judío y en la novela Eco los evoca. En especial uno llamado Osman Bey –misterioso por orígenes (¿es turco o serbio? ¿acaso..?) sucesivas conversiones religiones, fechas de nacimiento y muerte, tesis sobre la Historia y publicaciones, escribe en alemán y trabaja para la policía política rusa-, es a él a quien la trama atribuye el germen del horror. Lo insinuado dicho expresamente: odio, complot, conciencia hecha palabra de una solución final y la fórmula del exterminio de todos los judíos.

Ello -precariamente- se denomina la polémica antijudía, sus orígenes oscilan entre crítica del capitalismo y antisemitismo místico estando en juego el gobierno oculto del mundo. La máquina infernal fue activada:

“En esta perspectiva, recordaban los rabinos de Praga cómo el Humanismo, la Revolución francesa y la guerra de Independencia norteamericana habían contribuido a minar los principios del cristianismo y el respeto hacia los soberanos, preparando la conquista judaica del mundo. Naturalmente, para realizar este plan, los judíos habían tenido que construirse una fachada respetable, es decir, la francmasonería.”

Más adelante la llegada de los rusos y en las tertulias parisinas el agente Rachkovski tiene las cosas claras.

“Osman Bey es un fanático y, además, es judío también él. Mejor mantenerlo alejado. Yo no quiero destruir a los judíos, osaría decir que los judíos son mis mejores aliados. A mí me interesa la estabilidad moral del pueblo ruso y no deseo (y no lo desean las personas que pretendo complacer) que este pueblo dirija sus insatisfacciones hacia el zar. Así pues, necesita un enemigo. Es inútil ir a buscarle un enemigo, qué sé yo, entre los mongoles y los tártaros, como hicieron los autócratas de antaño. El enemigo para ser reconocido y temible debe estar en casa, o en el umbral de casa. De ahí los judíos. La divina providencia nos lo ha dado, usémoslo, por dios, y oremos para que siempre haya un judío que temer y odiar. Es necesario un enemigo para darle al pueblo una esperanza.”

La novela se concentra en los movimientos finales del protagonista; historias y aire del tiempo que se acaba, soporte documental probando, falsificación transfigurando la verdad molesta, antecedente freudiano y modelo narrativo Dumas. La ficción de alguien que nunca conoció Praga, el mito del poder del mundo, los judíos como seguridad para la política interna rusa, affaire Dreyfus, esquizofrenia malsana circulando por Europa de antisemitas complotistas, atentados y anarquistas, sectas diabólicas, diálogos con espectros, la historiografía templaria de la Revolución francesa y la novela de Eco llegando a las últimas páginas, como si la relojería atrasada de la Historia estuviera mejor aceitada con el mito del eterno retorno de Vico que con la videncia del manifiesto comunista de 1848: “Volvía a tener los documentos que me había trasmitido mi abuelo tal como fueron redactados en las reuniones de los judíos, en ese ghetto en el que había vivido de joven, traduciéndolos de los protocolos que los rabinos anotaron tras su reunión en el cementerio de Praga.”

La ironía manejada por Eco, es que en la conjura de los judíos –sin ser responsables sino designados- asistimos a la descripción del funcionamiento del mundo moderno. El antisemitismo es una proclama necesaria para victimizar, el poder necesita de la prensa para crear y organizar la ilusión de la realidad. Todo proyecto de clase, grupo o secta requiere de la retórica complotista para lograr sus fines. La reunión aludida se realizó en 1880.

“He remontado el trabajo de una vida, que empezó con la lectura del Bálsamo de Dumas, en la buhardilla turinesa. Pienso en el abuelo, en sus ojos abiertos al vacío mientras evoca el fantasma de Mardoqueo. Gracias también a mi obra, los Mardoqueos de todo el mundo están encaminándose hacia una hoguera majestuosa y tremenda. ¿Y yo? Siento una melancolía del deber cumplido, más vasta e impalpable que la que se conoce en los piróscafos.”

¿Qué hicieron los rusos con esos documentos? Eso ya es otra novela terrible de la modernidad. La falsificación fue entregada y con explicación de texto a un tal Golovinski. El convenio de festeja en el restaurante Paillard en el Boulevard de los Italianos, donde entre pollo archiduque y pato a la prensa se invoca por segunda vez la hipótesis de la solución final.

“Quién sabe qué harán con él en Moscú. A lo mejor reúnen mis protocolos en un documento seco y burocrático, sin la ambición originaria. Nadie querrá leerlo, así que yo habría derrochado mi vida para producir un testimonio sin objeto. O quizá sea éste el modo en que las ideas de mis rabinos (pues nunca han dejado de ser mis rabinos) se difundan por el mundo y acompañen la solución final.”

La solución final o la apoteosis de la tragedia; la ficción consuela y puede ser otra manera en perífrasis de entender cómo los mitos explican lo innombrable. A la espera impacientes de otras verdades superiores el siglo XX -la edad de los extremos- estaba lanzado a su perdición: en pocos meses de intervalo se publican los Protocolos en ruso, Franz Kafka escribe “Descripción de una lucha”, Josefov el ghetto de Praga es arrasado en 1905 y la tripulación del acorazado Potemkim se amotina…